Populismo vs República
El populismo se ha caracterizado a lo largo de la historia por centrar su atención en la coyuntura evitando el planeamiento de políticas públicas de largo plazo que contemplen cambios estructurales.
Utiliza una serie de instrumentos que tienen las siguientes características:
En el plano politico:
- Liderazgos mesiánicos de estilo autoritario y caudillesco, con poder concentrado y sin controles.
- Partición de la sociedad en buenos y malos.
- Apropiación del colectivo “pueblo” como universo mayoritario.
- Identificación de la voluntad de la mayoría como voluntad “general”.
- Repudio del “antipueblo” que representa lo malo.
- Retórica exculpatoria, siempre la culpa de todo es de los otros.
- Uso discrecional de la herramienta plebiscitaria, de la propaganda y del manejo de la agenda.
- Apropiación del Estado por parte del Gobierno, con el consecuente deterioro de la calidad institucional.
En el plano económico:
- Apropiación de la Renta y aplicación al aparato distribucionista clientelar, mediante el uso discrecional de los recursos públicos.
- Prioridad del consumo por sobre la inversión, si baja el consumo privado se compensa aumentando el gasto público corriente.
- Intervencionismo discrecional.
- Abuso del financiamiento inflacionario vía emisión monetaria descontrolada.
- Control de precios y persecución a supuestos “especuladores”.
- Atraso cambiario para generar un boom de consumo.
- Cambio permanente de las reglas de juego.
- Perpetuación de la pobreza mediante el asistencialismo y manejo del empleo público, para garantizar los votos y perpetuarse así en el poder.
Cuando se aplican éstos instrumentos es cuando la democracia degenera en una demagogia populista, que no es ni más ni menos el atajo para jugar con los sueños, ilusiones y necesidades de la gente, anulando su dignidad, ya que no pueden gobernar su vida y necesitan de un líder que tome decisiones por ellos.
Como dice la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez: “El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica”, busca la multiplicación de la miseria para conseguir votos a cambio de algo material.
El populismo plantea la lógica: tu estás mal porque otro está bien, en lugar de pensar que todos podemos estar bien.
Por ello es que debemos cambiar la cultura del subsidios por la cultura del trabajo, el clientelismo por la dignidad.
La salida pasará entonces por el cambio hacia una democracia republicana, de la alternancia y de los consensos, que garantice la institucionalidad del Estado y el estado de Derecho, derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad; de la educación y el conocimiento; de la razón y la lógica; de los argumentos y el intercambio de ideas y del desarrollo inclusivo.
Este cambio solo vendrá cuando superemos el populismo demagógico de corto plazo y tengamos la capacidad de lograr los consensos necesarios para generar las Políticas Públicas de Estado a futuro dirigidas a solucionar los problemas estructurales de la gente.
El autor es ingeniero e integrante Fundación Progreso y Libertad.
Este artículo publicado en el diario río negro el 29-12-2014.
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