Reyes.doc
Editorial –
El Tiempo, Bogotá
Por lo menos hasta el 2007, la guerrilla colombiana y el gobierno de Venezuela mantuvieron una estrecha y sistemática colaboración. Esta es una de las explosivas conclusiones de la publicación de El dossier de las Farc, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).
El reconocido centro londinense de estudios de seguridad analizó durante dos años, con el permiso del gobierno colombiano, los equipos de computación recuperados tras el bombardeo al campamento de 'Raúl Reyes' en marzo del 2008. Unos 8.382 archivos de texto contenidos en tres portátiles, dos discos duros y tres memorias USB describen unas complejas e intrincadas conexiones entre la cúpula guerrillera y altos funcionarios del vecino país.
Los documentos registran peticiones de los venezolanos a las Farc para el entrenamiento de sus milicias y la ejecución de actos de terrorismo. Los subversivos colombianos, por su parte, no solo se habrían entrevistado en dos ocasiones con el presidente Hugo Chávez, sino que este les habría prometido dineros para compra de armas. Por los lados de Ecuador, la guerrilla habría brindado apoyo financiero a la campaña presidencial de Rafael Correa.
Para los investigadores británicos, las Farc intentaron, con "diferentes grados de éxito", desarrollar relaciones con los dos gobiernos vecinos. Mientras que con los bolivarianos el esfuerzo desembocó en una alianza con altibajos, pero "duradera, resistente y estratégica", en el caso de la administración de Rafael Correa los intentos guerrilleros nunca se consolidaron.
La información extraída de los computadores de 'Raúl Reyes', cuya autenticidad no es puesta en duda por el IISS, confirmaría las continuas acusaciones de la administración Uribe sobre la búsqueda guerrillera de un 'santuario' en las dos fronteras. Con base en este informe, sería justo reconocer que los temores de un pacto entre funcionarios venezolanos y las Farc en materia de apoyo territorial e inteligencia, que alimentaron el discurso exterior del gobierno anterior, habrían tenido fundamento.
Dicho lo anterior, sería un error pronosticar, como lo hace el reporte, una corta vida al nuevo ambiente de cooperación binacional entre Colombia y Venezuela. Los últimos meses han demostrado la magnitud del compromiso de Santos y Chávez en el restablecimiento de los puentes entre las dos naciones.
Sin desconocer la gravedad del escenario hasta el 2007 que estos correos electrónicos pintan, los dos mandatarios han decidido, con una alta dosis de pragmatismo, doblar la página y no mirar atrás. Postura que ha causado molestias en los sectores más radicales de ambos lados de la frontera. Tanto Bogotá como Caracas han dejado en claro que le apuestan a mantener los actuales niveles de confianza binacional. La reciente extradición del líder guerrillero Joaquín Pérez a Colombia reflejaría un positivo cambio de actitud del Palacio de Miraflores. De hecho, el bajo perfil que las cancillerías le han dado hasta ahora al destape de estos archivos corrobora la mutua intención de minimizar el impacto diplomático de las revelaciones.
Sin embargo, limitar los daños de una información no significa ignorarla por completo. Al gobierno colombiano le corresponde seguir vigilante en las fronteras para identificar territorios y corredores en los que la guerrilla interactúe con funcionarios del gobierno venezolano. La diferencia con el 2007 es que ahora hay fluidez en los canales de comunicación entre las dos capitales.
Más que deteriorar las relaciones actuales, el reto que debe desatar el Dossier de las Farc está en las acciones de ambos gobiernos para impedir que esos nexos revivan.
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