Marx tenía razón
Por Germán Wachnitz
En sus escritos, Carlos Marx, ideólogo máximo del socialismo, se caracterizó por promover su ideología mediante diversos artilugios, dentro del cual merece citarse el así llamado “DETERMINISMO HISTÓRICO”, teoría por la cual la civilización humana se encaminaba irremediablemente a la instauración del socialismo (o mejor su variante mas extrema, el comunismo) en el orbe. Afirmaba que el estudio de la historia de la humanidad demostraba que ese era el rumbo emprendido por la civilización humana.
Personalmente siempre me pareció que esa teoría era indemostrable, pero profundizando el análisis al respecto he llegado a la conclusión que Carlos Marx TIENE RAZÓN!
Realmente existe algo así como el determinismo histórico, solo que Marx se equivoco en cuanto a la dirección que toman los acontecimientos históricos, ya que en realidad hay una línea que conduce desde el mas puro socialismo hacia una sociedad de individuos libres, la sociedad capitalista o liberal, si se quiere.
Veamos:
Las primitivas sociedades tribales, los clanes de la prehistoria evidentemente tenían características idénticas a las pregonadas por el socialismo, a saber:
1) No existía la propiedad privada.
2) las relaciones sociales básicas se caracterizaban por: ”Uno para todos y todos para uno”.
3) Lo que cazaban, pescaban o recolectaban algunos, se repartía entre todos los integrantes de la tribu, lo que equivale al “De todos según su capacidad, para todos según su necesidad).
4) Existencia de un orden jerárquico en la tribu.
Con la aparición de la agricultura y la ganadería, las cosas cambian, ya que de inmediato aparece el problema tan característico del socialismo: Quien presentaba mayor habilidad para cultivar o criar animales y tenía que repartir lo producido entre los demás (Posiblemente nunca faltaron aquellos que se aprovechaban del esfuerzo de los demás, sin aportar casi nada), estaba disconforme con la situación y empezó a considerar lo producido como propio, dando lugar al nacimiento de aquello que caracteriza al sistema capitalista: La propiedad Privada!
De allí a la aparición del intercambio de lo producido por cosas que necesitaba, pero que otro hacía mejor, solo hay un pequeño paso. Nace el comercio, otra característica básica del capitalismo.
Con ello estaban sentadas las bases para la división del trabajo y con ello del progreso material permanente de los humanos.
La línea histórica sigue con altibajos a través de los milenios. Así, se crea el estado como protector de la propiedad y vida de sus integrantes, otorgándose al mismo amplios poderes, el monopolio de la fuerza. La falta de límites a las facultades de los gobiernos bien pronto dieron lugar al abuso de las mismas, provocando incontables recaídas en el primitivismo.
Afortunadamente entre los seres humanos existen y existirán siempre, personas que piensan, analizan, buscando solucionar los problemas existentes, también los provocados por esa falta de límites al accionar del estado y sus detentores, los gobernantes.
Pasado el último período de recaída en el primitivismo, esta vez por unos mil años (Edad Media), ante la alianza de los gobernantes de los cuerpos (el estado) y el de las almas (La iglesia Cristiana), renace la libertad de pensamiento y aparecen las primeras ideas acerca de limitar el poder de los gobernantes. Nace el liberalismo.
Su aplicación desemboca en un período de progreso nunca visto antes por la humanidad, la revolución industrial, o mejor, la revolución capitalista.
Lamentablemente, entre los seres humanos persiste la existencia de quienes sienten envidia de los productivos, capaces, etc., y, como no se sienten capaces de elevarse a su nivel, pretenden bajarlos al suyo: Los propulsores del socialismo. Con una persistencia digna de mejor causa han intentado volver al primitivismo una y otra vez.
Llamándose (para engaño de los giles) “Progresistas”, han conseguido otorgar nuevamente al estado facultades que lo están llevando a ser dueño y señor de nuestras vidas, y todo ello a través de nuestra anuencia “democrática”, ya que nos permiten votarlos.
Afortunadamente, esa vuelta al estado todopoderoso lleva intrínseca la semilla de su propia destrucción: Mayor poder al estado significa necesidad de más recursos, los que solo pueden obtenerse de un lugar, a saber: los gobernados. Por ello, ante la insaciabilidad el gobierno, aumenta la presión fiscal y exacción de los pueblos hasta superar los límites de la prudencia, provocando el colapso del sistema, situación agravada por el enorme endeudamiento que tienen casi todos los estados del orbe. Esto nos toca vivir en estos días.
- 23 de junio, 2013
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