La generación de la UE que duda
Por Dominique Moisi
PARÍS – El contraste entre la Declaración Schuman de 9 de mayo de 1950, que lanzó el proyecto de unificación europea mediante la Comunidad del Carbón y del Acero, y el tremendo intento de salvar a Grecia y rescatar el euro del 9 de mayo de 2010 no podía ser más absoluto.
Naturalmente, en 1950 la Guerra Fría arreciaba y Europa estaba mentalmente centrada en la recuperación tras la segunda guerra mundial. Era urgente dar muestras de imaginación… y los puestos decisivos estaban ocupados por las personas idóneas. Jean Monnet, que inspiró el proyecto, era pragmático y audaz. Robert Schuman, que presentó la idea de la unificación a los dirigentes de Europa, estaba animado por una profunda fe cristiana que ayudaba a hacer milagros.
A épocas diferentes corresponden personas y espíritus diferentes. La sede del Colegio de Europa en Natolin, cerca de Varsovia, es un barómetro casi perfecto para poner a prueba la moral de Europa. Si las jóvenes minorías selectas que reciben formación en él con miras a ocupar cargos en las instituciones de la Unión Europea han dejado de creer en el futuro de la UE, algo en verdad muy grave está ocurriendo. Es que, si ellas no creen en Europa, ¿quién lo hará?
En el campus de Natolin, estudiantes de posgrado que representan a más de treinta nacionalidades viven en una “jaula de oro”, como ellos mismos dicen. Se relacionan (o deberían hacerlo) para llegar a ser lo que muchos pueden haber sido ya antes de su llegada: “europeos”. Al menos así era y debería ser.
Pero, incluso en ese medio excepcionalmente protegido, la de Europa ya no es la causa que en tiempos fue. Los estudiantes suelen agruparse por nacionalidades más que en el pasado, como si quisieran seguridades familiares contra las incertidumbres del presente y del futuro.
Cuando empecé a enseñar Relaciones Internacionales en Natolin en 2002, todos los estudiantes del Colegio abrigaban las esperanzas infundidas por la ampliación de la UE a la Europa oriental. Se preparaban para la inclusión de ocho países ex comunistas (además de Chipre y Malta) con un fervor casi religioso. Se veía a los estudiantes de la “Vieja Europa” animados por el idealismo y la confianza que emanaban de sus compatriotas polacos, checos, estonios y de otras procedencias. Todas parecían embargados de optimismo sobre su futuro económico y político.
También estaba presente el deseo de transcender el devastador trauma en los Balcanes. Los “estudiantes europeos”, al observar a compañeros de Servia, Croacia y Bosnia comparar sus recuerdos de las guerras balcánicas, tenían por primera vez la experiencia de lo que significaba una verdadera “reconciliación” y cuáles eran las reglas del juego del mayor éxito que la UE ha conocido: transcender la Guerra Fría y las animosidades nacionalistas.
El 1 de mayo de 2004, celebré la ampliación de la UE con mis estudiantes. Nos abrazamos bajo la bandera azul con sus doce estrellas amarillas. Naturalmente, fuera del campus del Colegio de Europa, en particular en la “Vieja Europa”, que con frecuencia parecía cumplir con su “deber histórico” con considerable renuencia, no todos compartían aquel entusiasmo. De hecho, en la actualidad, mientras se despliega la crisis ante nuestros ojos, resulta irónico comparar la relativa fuerza de la Europa central, detrás de una Polonia fuerte, con la extraordinaria vulnerabilidad de la Europa meridional, detrás de Grecia.
En la actualidad, en el Colegio de Europa, la “cultura de la duda” entre los estudiantes de la Vieja Europa parece prevalecer sobre lo que en tiempos era la confianza pragmática de los estudiantes de la Nueva Europa. Ya no es el “viento desfavorable” del este el que predomina, sino el “viento contrario” del sur de la UE y de algunas zonas de su oeste.
Muchos estudiantes, si no la mayoría, ya no están en el campus porque “crean” en Europa, sino porque están embargados de dudas sobre su capacidad para encontrar un puesto de trabajo en sus países respectivos. Desean conseguir otro título universitario, pese a tener ya una preparación excepcional. Esperan que mejore el clima económico o conseguir una ventaja comparativa en la feroz competencia por los primeros puestos de trabajo. Por encima de todo, están ganando tiempo.
var gaJsHost = (("https:" == document.location.protocol) ? "https://ssl." : "https://www.");
document.write(unescape("%3Cscript src='" + gaJsHost + "google-analytics.com/ga.js' type='text/javascript'%3E%3C/script%3E"));
var pageTracker = _gat._getTracker("UA-2202298-2");
pageTracker._trackPageview();
- 14 de enero, 2026
- 19 de diciembre, 2025
- 9 de enero, 2026
Artículo de blog relacionados
Voice of AmericaLa policía en la ciudad estadounidense de Scottsdale, en Arizona, comenzó...
24 de diciembre, 2007Por José Azel República, Guatemala Estados Unidos se fundó bajo la premisa de...
4 de noviembre, 2020Ambito.com El gobierno de Venezuela continuará nacionalizando medios de producción, pero al mismo...
3 de abril, 2011- 15 de enero, 2014














