¿Perestroika en Cuba?
Por Hernán Yanes
El cubano promedio parece haber recibido como balde de agua fría las advertencias de Ramiro Valdés y Lázaro Barredo sobre la inminente eliminación de remanentes subsidios y llamadas “gratuidades indebidas” en Cuba. La desaparición de estas es presentada como el “camino correcto” para ganar “racionalidad” en el uso de los recursos del Estado. Pero no se prevén medidas de compensación o estas son ostensiblemente insuficientes para el mazazo que el régimen castrista se apresta a descargar sobre la población.
Por ejemplo, la extinción de los comedores obreros fue iniciada a comienzos de mes en los ministerios de la esfera económica. El estipendio diario de 15 pesos en moneda nacional por trabajador presente puede paradójicamente llegar a superar el salario nominal mensual. Pero no garantiza siquiera un almuerzo medianamente decente ante los altos precios de las cafeterías del Estado o las ofertas de los expendedores privados.
Asfixiada por la falta de flujo de caja y crecientes deudas internacionales la cúpula gubernamental ha optado por quitarse de encima la carga económica que constituyen los comedores obreros, pero estaría complicado aun más el grave problema de alimentación de la mayoría de la población.
Lo que técnicamente pudiera calificar como terapia castrista de choque, amenaza además arrasar cual tsunami social, con la libreta de abastecimientos. Por consiguiente, se acabaría el perentorio respiro que la cuota representa para los sectores más vulnerables. Para quienes dependen de los bajos salarios promedio y de pensiones en una moneda nacional desvalorizada. Los jubilados, las personas de la tercera edad, las madres con hijos menores. Aquellos para quienes el maltrecho suministro de granos, arroz y azúcar constituye garantía mínima de sobrevivir el primer tercio de cada mes, en tanto se adivina como luchar el resto.
Y los que no forman parte del generalato raulista, del aparato partidista y gubernamental; la generalidad de los cubanos de a pie, gran parte de los académicos y de la intelectualidad reformista, no parece creerse el cuento de que tales medidas vayan a resolver nada; ni a traerles ninguna mejora, ni a trocar en más coherente un sistema que como regla consideran fatalmente corrupto e ineficiente.
Sin embargo, en el exterior ha bastado la vaga jerga de la jerarquía cubana sobre un modelo de “racionalidad socialista” para destapar una olla de grillos. Analistas y observadores se debaten en disquisiciones sobre si la jefatura raulista estuviera o no en los umbrales de emprender reformas y hasta una versión de perestroika. Para los optimistas, la entrega de tierras ociosas por engorrosa y demorada que fuere constituiría el signo clave de que una apertura económica estaría en ciernes en la Isla.
Lamentablemente quienes así opinan estarían dando una lectura epidérmica a la política interna en Cuba. Para ilustrar con unos pocos ejemplos, días atrás el general Ulises Rosales del Toro, ministro de Agricultura, inauguraba la primera “Cooperativa de Producción Agropecuaria Fortalecida” en provincia Habana. Explicaba que a la misma habían sido subordinados los usufructuarios de tierras ociosas de la zona. Enfáticamente proclamaba a la CPAF como el paradigma a seguir en la agricultura cubana. Nada en sus palabras apuntaba a estimular la descentralización y autonomía real de los productores en el sector agrícola.
Cabria añadir en apretado inventario, la decisión gubernamental de agrupar fincas de frutales como otra “novedad” de la agricultura estatal cubana, idénticamente marcando una tendencia a formulas centralizadoras.
Otro ejemplo seria el reemplazo de ACOPIO por unidades comercializadoras y del Ministerio de Comercio Interior en el nivel de municipios. Sistema que ha propiciado mayor caos en la distribución de productos agrícolas y el aumento de las ofertas de viandas y vegetales en mal estado en los mercados agropecuarios. Paralelamente la policía política ha reforzado la persecución de intermediarios y vendedores furtivos.
Se habla de ciertos cambios en el subsistema de estimulación y gestión económica. Incluirían el pago por resultados y la extensión de los denominados precios preferenciales a producciones agropecuarias seleccionadas por su interés para el turismo y la venta en divisas, como el café. Últimamente, funcionarios cubanos han hecho referencia a la posibilidad de añadir impuestos como parte del “nuevo modelo”.
Pero no significa que el propósito sea remunerar a los cubanos con salarios que verdaderamente compensen su trabajo. Ni que se les vaya a permitir que paguen impuestos para que adquieran plenos derechos a reclamar por el más adecuado uso de los recursos y la calidad de los servicios. Suplementarias penalidades a quienes adquieran materiales de construcción o acometan reparaciones de viviendas por la izquierda, confirman que el régimen del general Castro va en dirección opuesta a la racionalidad que pretende predicar. Porque en el mismo continua predominando el mecanismo de freno mediante el cual un grupo de ancianos dogmáticos e inmovilistas, sigue aferrándose al poder bajo la aun poderosa sombra del dictador Fidel Castro.
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