Explicando a Glenn Beck
Por Cal Thomas
(Puede verse también Cobardía manifiesta por Alberto Benegas Lynch (h))
El comentarista de radio y TV, Glenn Beck, fue mencionado tres veces en diferentes columnas de opinión en un mismo día y en un artículo al día siguiente en The New York Times, en lo que posiblemente sea un récord para alguien que no ocupa un cargo por elección.
Oh, y también está la portada de la revista Time de esta semana. Está en todas partes. Beck también es la última explicación de la Izquierda sobre qué es lo que anda mal en los EE.UU. Muchos de la Izquierda creen que si los conservadores simplemente se quitasen del camino, se callaran y les permitieran a los liberales recrear a los EE.UU. a su imagen, todos estaríamos mejor.
Pero esos gritones anfitriones de programas de televisión por cable y radio mantienen a los estadounidenses con poca instrucción, que veneran a Dios, que ondean la bandera, a los que les gustan las carreras de autos, y la música “country” alborotados e impiden que surja el nuevo mundo que ellos quieren.
Los artículos, ensayos y columnas sobre Beck, y tantos otros de la Derecha, están llenos de la condescendencia que los conservadores ya esperan de parte de las elites liberales que creen que porque fueron a las “buenas” escuelas son mejores que los demás.
Yo no conocía a Glenn Beck, así que la semana pasada lo visité en su oficina en un rascacielos de Manhattan. Sus paredes están decoradas con fotografías en blanco y negro de gente que él claramente admira. Hay artistas como Red Skelton y un joven cineasta llamado Walt Disney.
Uno podía ver a Skelton en la televisión y ver las películas de Disney con su esposa y los niños, sabiendo que nunca escucharía una mala palabra, incluyendo ninguna mala palabra sobre los Estados Unidos.
Beck tiene una vieja TV Admiral blanco y negro que un auxiliar dice que están tratando de que “funcione”. Cuando funcionaba se transmitían programas que valía la pena ver, incluyendo noticieros por verdaderos periodistas como Edward R. Murrow, cuya foto cuelga en una pared cerca de la oficina de Beck.
¿Es Beck el que está atizando el fuego o ha estado el fuego atizado por algún tiempo y es él, y unos pocos más, los que están dándoles una voz a las masas? Quizás sea el vacío de liderazgo que hay en el país lo que ha llevado a Beck y Rush Limbaugh, Sean Hannity, Mark Levin (su último libro ha vendido un millón de ejemplares) y otros al frente. Si los republicanos estuviesen comportándose como republicanos, quizás se percibiría menos necesidad de ellos.
Si la Izquierda se molestase en andar por donde andan los conservadores y por tomar en serio sus preocupaciones sobre un país al cual le pagan impuestos y por el cual muchos de ellos, o sus padres, o sus hijos, han peleado, quizás podrían comprender qué es lo que tiene molestos a tantos estadounidenses.
El encuestador Frank Luntz lo entiende. En una columna reciente para The New York Daily News, Luntz reporta sobre su encuesta entrevistando a 6,500 personas, cuyos resultados aparecen en su nuevo libro “Lo que los americanos realmente quieren…realmente”. Luntz descubrió que la gente esta irritada con el gobierno por la falta de responsabilidad de nuestros líderes y una falta de progreso que hay en Washington para cualquier cosa significativa.
La “ausencia de responsabilidad”, escribe Luntz, “está en primer lugar en los corazones y entrañas del americano promedio. Washington gasta miles de millones para rescatar a grandes negocios y luego no puede explicar dónde se fue el dinero. Washington gasta $800 mil millones en un paquete de estímulo lleno de partidas ya marcadas y proyectos innecesarios.
Y ahora Washington está tratando de crear un experimento en el cuidado de salud que costará un mil billones (un trillón) cuando más del 85 por ciento de los estadounidenses están satisfechos con el cuidado de salud tal como está ahora”.
Como dijera el Profesor Harold Hill: “¿Le hace hervir la sangre? No es para menos”.
Luntz continúa: “Quizás esto pudiera perdonarse si esos funcionarios electos de Washington mostraran aunque fuese una onza de respeto por los votantes que pagan sus sueldos.
Pero la combinación de una clase política que ignora a aquellos con los cuales no están de acuerdo y una clase de negocios que ignora el muy real sufrimiento de la clase obrera (cuando están trabajando) mientras se asignan regalías de millones de dólares, ha convencido al público que nadie se preocupa por ellos”.
Glenn Beck sí parece preocuparse y por eso es que sus tasas de audiencia ahora están retando al padrino del cable, Bill O’Reilly.
Yo le pregunté si tiene miedo de ser transformado en otro “Lonesome Rhodes”, el personaje principal y políticamente corrupto de la película clásica de Budd Schulberg “A Face in the Crowd”. Beck me dice que no soy el primero en advertirle de tal posibilidad. Me dice que no está preocupado de caer en la tentación. Beck cree en Dios y no cree que el gobierno sea El. Y él va a ver el juego de pelota de su hijo al día siguiente.
Esto explica a Glenn Beck. ¿Hay alguna pregunta?
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