Quedan aún más divididos
Por Claudia Núñez
La Opinión, Los Angeles
La pequeña Priscilla Montoya mira a través de la malla de alambre hacia el otro lado de la frontera desde San Diego. (FOTO: Aurelia Ventura/La Opinión) 1/1 Una carita tibia tras una reja metálica es el primer recuerdo que Laura Montoya tiene de su nieta recién nacida. Un recuerdo que no podrá volver a revivir, tras la construcción de una segunda barda metálica que dividirá su mundo, en California, con el de su única nieta en el lado mexicano.
Sin buscarlo, esta abuela de Mira Loma se sumó a las oraciones y los cánticos de la protesta que se realizó ayer en el Border Field de San Diego, por el cierre del único espacio entre Tijuana y San Diego que permitía a las familias de ambos lados de la frontera sentir el calor de sus seres queridos y en recuerdo de las miles de personas que ahí han perdido la vida.
“Nunca había venido aquí y no sabía que iban a cerrarlo. Y ahora para dónde nos van a mandar”, se preguntaba Laura, aferrada al pedacito de piel que sus manos podían tocar del rostro de su nieta tras la gruesa reja metálica.
En el lado mexicano, las voces de otras 30 personas también repudiaron el proyecto. Sus reclamos se mezclaron con cientos de pequeñas cruces de papel y madera, instaladas en recuerdo de los sueños de las más de 10 mil personas que han muerto en su intento por cruzar la frontera.
Al grito de “¡Presente!”, los nombres de las víctimas resonaron en el lugar, así como sus historias, madres que murieron abrazadas a sus hijos en el desierto, hombres que perecieron ahogados, quemados o deshidratados. Todos buscando un futuro mejor.
“Estamos aquí porque no queremos estos muros de la vergüenza que tantas muertes han causado y que ahora con la construcción de una barda más seguirán aumentando. No podemos permitir que se siga militarizando la frontera y que sigan muriendo nuestros hermanos”, dijo Enrique Morones, director de la organización Ángeles de la Frontera, quien organizó el acto.
Hasta ahí llegó Ramón Chun Ramírez, un emigrante mexicano que ha intentado en 15 ocasiones cruzar la línea fronteriza.
Con sus ojos fijos en las cruces, a Ramón le resultaba difícil no imaginarse que tal vez su nombre estará, un día, en una de esas cruces.
“Los que hemos hecho la lucha por llegar al otro lado sabemos lo que es ver la muerte de cerquita. Se me pone la piel chinita de ver esas cruces, porque eran hombres como yo que lo único que queremos es ganarnos el pan”, dijo Chun, quien cantó con todas sus fuerzas, así como a él le gustaría que lo recordaran.
Los planes del gobierno federal estadounidense por asegurar sus fronteras dejaron a estas familias un espacio menor a los 200 pies; pero aunque pequeña, esta zona fue suficiente para que se mezclaran los reclamos de vivos y los sueños de los que ahí murieron.
Y es que desde que se inició el programa Gate Keeper, más de cuatro mil migrantes han muerto en el estado en busca de mejores oportunidades, una memoria que desde hace siete años se ha honrado en ese lugar, aunque esta será la última vez.
“Antes nos enfrentábamos a la amenaza de que llegara la Patrulla Fronteriza e intimidara a nuestra gente, pero ya no se conformaron con eso, ahora también nos cierran el único lugar que unía a familias y en donde podíamos recordar a nuestros muertos”, dijo José García, presidente del Comité de Braceros que asistió a la protesta.
El proyecto para el Border Field consistirá en la construcción de una segunda malla que limitará el acceso de las personas, un proyecto que requerirá 42 millones de dólares y finalizará en enero de 2009.
Al terminar este tramo, una tercera barda fronteriza cubrirá otros 40 pies de largo de este parque que quedará ubicada en Playas de Tijuana y el este de San Diego.
Ambos planes forman parte de un paquete de 60 millones de dólares que el gobierno federal destinó a California para que asegure un total de 30 millas de su zona fronteriza.
“Esta valla me recuerda el muro de Berlín. Ambos son un atentado contra la humanidad y debemos seguir luchando para humanizar el tema migratorio y que no se olvide el sufrimiento ni el dolor de estas personas que han muerto por un sueño”, dijo Mauricio Farah, visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), quien presidió la manifestación.
Y mientras las voces en ambos países resonaban en favor de unificar fronteras, decenas de agentes fronterizos bordeaban la zona, mientras una patrulla vigilaba a las familias y a los activistas.
A pocos pies del lugar, tres agentes federales esposaron a dos mujeres y tres hombres mientras intentaban cruzar la frontera en medio de la protesta.
Sucios y lastimados, para ellos los cantos llegaban apenas como un susurro y, por lo menos, sus nombres no fueron una cruz más en la frontera.
Una carita tibia tras una reja metálica es el primer recuerdo que Laura Montoya tiene de su nieta recién nacida. Un recuerdo que no podrá volver a revivir, tras la construcción de una segunda barda metálica que dividirá su mundo, en California, con el de su única nieta en el lado mexicano.
Sin buscarlo, esta abuela de Mira Loma se sumó a las oraciones y los cánticos de la protesta que se realizó ayer en el Border Field de San Diego, por el cierre del único espacio entre Tijuana y San Diego que permitía a las familias de ambos lados de la frontera sentir el calor de sus seres queridos y en recuerdo de las miles de personas que ahí han perdido la vida.
“Nunca había venido aquí y no sabía que iban a cerrarlo. Y ahora para dónde nos van a mandar”, se preguntaba Laura, aferrada al pedacito de piel que sus manos podían tocar del rostro de su nieta tras la gruesa reja metálica.
En el lado mexicano, las voces de otras 30 personas también repudiaron el proyecto. Sus reclamos se mezclaron con cientos de pequeñas cruces de papel y madera, instaladas en recuerdo de los sueños de las más de 10 mil personas que han muerto en su intento por cruzar la frontera.
Al grito de “¡Presente!”, los nombres de las víctimas resonaron en el lugar, así como sus historias, madres que murieron abrazadas a sus hijos en el desierto, hombres que perecieron ahogados, quemados o deshidratados. Todos buscando un futuro mejor.
“Estamos aquí porque no queremos estos muros de la vergüenza que tantas muertes han causado y que ahora con la construcción de una barda más seguirán aumentando. No podemos permitir que se siga militarizando la frontera y que sigan muriendo nuestros hermanos”, dijo Enrique Morones, director de la organización Ángeles de la Frontera, quien organizó el acto.
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