En Sudamérica, lo urgente es el control de daños
Por Mónica Hirst
Clarín
La intensidad y calidad de la crisis política en Bolivia suscita una enorme preocupación, tanto por sus consecuencias para el futuro del país como por su impacto para nuestra región. Ya no resulta posible desvincular ambas dimensiones y parecería que estamos viviendo una etapa en que las prioridades están bastante más próximas al control de daños que a la valorización de los atributos transformadores de la historia del país. En este cuadro, el momento requiere una respuesta regional sudamericana que otorgue- de ser posible a través de una voz única- solidaridad y autoridad. La reunión de emergencia del UNASUR convocada por Chile podrá representar un primer paso en esta dirección. Las iniciativas concretas anunciadas demuestran la intención de no echar a perder el impulso del momento.
El apoyo al gobierno de Evo Morales, a cambio de una predisposición sustentable al diálogo y la negociación con las fuerzas opositoras – lo que se traduce en reabrir el paquete constitucional-, marca el primer tiempo de la mediación sudamericana. El riesgo de una fragmentación liderada por el departamento de Santa Cruz exige una reacción de la comunidad sudamericana que rechace esta hipótesis con la misma firmeza con la que se actuó frente al tema nuclear en el pasado, cuando fue negociado el Tratado de Tlatelolco. En el presente, el desmembramiento territorial constituye una amenaza a la seguridad de cualquier sistema regional. Debemos defender el principio de integridad territorial de los Estados sudamericanos de la misma forma en la que logramos la desnuclearización. Si la preservación de la paz es un valor absoluto en América del Sur resulta inadmisible cualquier riesgo a la misma. El hecho de que esta región conserve la misma geografía política que hacia finales del siglo XIX – lo que no ocurre en Europa, en Asia, ni mucho menos en África- constituye un patrimonio valioso y digno de preservación .
Soluciones federativas deberían ser buscadas por medio de negociaciones pacientes y creativas entre La Paz y los departamentos separatistas. Todo tipo de asistencia debería ser ofrecida de forma organizada y coordinada por países -de la región o no- que disponen de sistemas federativos en los cuales se compatibilizan grados diferentes de autonomía fiscal y política. Son conocidas las condiciones vulnerables de las realidades que combinan abundantes recursos energéticos, fragilidad institucional y producción y circulación de drogas. La realidad cotidiana en Asia central enseña sobre la erosión, aparentemente irreversible, de soberanías en países dominados por este tipo de escenario. Pero el entorno no-democrático, en el cual se destacan potencias como China y Rusia, también debe ser indicado como un factor explicativo de estos contextos. Este no es el caso de América del Sur. No obstante, solo será posible evitar la “securitización” de sus crisis políticas reforzando el consenso por soluciones que apuesten al diálogo y al pluralismo. De la misma forma que el resultado de la reunión de Santiago representa una prueba de fuego para el afianzamiento del UNASUR, la salida democrática para la crisis boliviana también constituye una condición esencial para el futuro de la comunidad sudamericana.
Un fracaso en este sentido aproximará de forma inexorable a Bolivia a una intervención internacional . Si bien esta podría contar con una fuerte presencia sudamericana, la herida a la soberanía de la nación boliviana seria semejante a la que soportan los veinte países que actualmente se encuentran bajo intervención externa. La actual coyuntura pide consensos pero también reclama liderazgo político . El hecho de que los ojos de la región estén puestos en Brasil no significa que estén plenamente dadas las condiciones para que este país asuma este papel. Tanto las resistencias internas como las garantías externas- esencialmente de los Estados Unidos – podrían generar dificultades para el gobierno de Lula. Sin embargo, as condiciones nunca fueron tan propicias en ambos frentes. En el ámbito político interno se observa un amplio reconocimiento del momento económico de la proyección internacional brasileña. La crisis de liderazgo de Washington en la región, la falta de interés y energía política para lidiar con sus “periferias turbulentas”, contribuyen para que Brasil asuma su condición de poder regional. El margen de maniobra ante la negligencia y el desprestigio es naturalmente más amplio que aquel en un contexto de recuperación del comando esperado en 2009, ya sea bajo un proyecto que alude a la adopción del método del garrote ( big stick ) inspirado en Theodore Roosevelt, o con un idealismo pontificado previsible si gana el candidato demócrata. Pero sea quien sea que ocupe hoy y mañana la Casa Blanca, no cambia la determinación de Brasilia de evitar que se asocie su protagonismo con una política de confrontación con EE.UU . Además, de mantenerse en los carriles de su propio diálogo estratégico iniciado con el gobierno Bush, Lula no desea poner en riesgo el apoyo de países claves en la región, como Colombia y Chile.
Sin embargo, en el ámbito sudamericano, la diplomacia brasileña tendrá que encontrar una fórmula astuta y prudente para lidiar con las ambiciones políticas, ideológicas militares del gobernante venezolano.
Una intervención directa de Venezuela en Bolivia podría ser fatal para este país; las divisiones internas se transformarían en enfrentamientos alimentados por apoyos externos que recordarían a los tiempos de guerra en América Central. Al mismo tiempo, como se puede observar, los vínculos entre Caracas y Buenos Aires parecen inamovibles. Tal vez este sea el principal triunfo del actual gobierno argentino, lo que no llega a ser una carta de mucho valor a mediano y largo plazo. Pero en una situación de emergencia – en la cual prevalece el corto plazo – podrá ser útil en el intercambio político que estará en juego en América del Sur. Además, todas las posibilidades de fortalecer el vínculo bilateral con Brasil parecen jugar a favor de Argentina tanto en el corto, como en el mediano o el largo plazo.
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