Chile: El momento económico actual
Por Hernán Büchi
El Mercurio
Transcurrió ya un año desde el inicio de los problemas financieros gatillados por las hipotecas riesgosas en EE.UU. Como todo fenómeno de envergadura que afecta al sistema financiero, ha tomado tiempo en desarrollarse, y en este caso aún no ha evolucionado completamente; es por ello que por lo menos dentro de los próximos 6 meses seguiremos viendo noticias negativas. Afortunadamente, ya ha quedado claro que las autoridades monetarias tienen la capacidad y decisión para hacer su parte y evitar que el problema derive en una crisis masiva. No es cierto que esta acción rescate a inversionistas imprudentes. En la práctica, las pérdidas de los dueños de acciones financieras han sido gigantescas; lo que se ha evitado es un colapso del sistema, y con ello una recesión profunda que afectaría al mundo entero.
En el intertanto, la realidad económica mundial ha cambiado y hoy muestra indicios de que está iniciando ajustes en la dirección que requería. Las exportaciones de EE.UU. están creciendo con fuerza, y su déficit externo se ha moderado. El crecimiento mundial está disminuyendo luego de un período largo de cifras espectaculares; sin embargo, las presiones inflacionarias generadas muestran que no podía sostenerse en esos niveles. Si la disminución del ritmo de progreso no es excesiva, ella será beneficiosa pues ayudará a bajar la presión sobre los precios de la energía y materias primas, lo que ya se observa, y con ello moderará la inflación que ha aflorado en todo el mundo. La tasa de inflación a doce meses llegó en julio a 5,6% en EE.UU., a 4,0% en Europa, 6,3% en Hong Kong, 9,6% en El Salvador y Panamá, países estos últimos dolarizados. Chile durante este último año ha seguido gozando de condiciones externas ventajosas reflejadas en el precio del cobre, y una disminución moderada del valor de éste en los meses que vienen nos seguiría dejando en buen pie.
La inflación, sin embargo, nos ha golpeado con fuerza: llegó a 9,5% a 12 meses en julio, y desgraciadamente el riesgo que ella se transforme en un problema persistente es mayor que en otros de los países mencionados debido a nuestras particulares condiciones políticas e institucionales. Como lo dijimos en una oportunidad anterior, el Banco Central no puede seguir confiando en que éste será un fenómeno pasajero y que la moderación de las alzas en el mundo lo dejará atrás. El salario mínimo tuvo un aumento porcentual de dos dígitos; decisiones impulsadas por la autoridad del Trabajo en temas como sueldo base y semana corrida están empujando los costos laborales aún más, lo que unido a la indexación en base a inflación pasada hace que muchas empresas enfrenten alzas porcentuales de costos de dos dígitos. Dado que la demanda agregada sigue fuerte, creciendo muy por encima del producto, el panorama en nuestro país es mucho más complejo que en otras geografías, y ello se nota en los componentes del IPC no directamente relacionados con los cambios empujados desde afuera.
El instituto emisor ya ha actuado con más decisión ante esta realidad, y tal como sus autoridades lo han expresado, deberá seguir haciéndolo. La tasa de interés de política monetaria continuará subiendo y ya se notan algunos efectos, como la disminución del ritmo de crecimiento de los agregados monetarios. Dado lo descrito anteriormente, presión de costos y demanda alta, la tarea no es simple, y se pondrá a prueba la convicción de las autoridades monetarias y la comprensión de las demás autoridades. El ministro de Hacienda ha indicado su voluntad de ayudar en este proceso; la decisión relativa a los impuestos a los combustibles es bienvenida y su compromiso de contener en algo el gasto público también lo es, aunque sigue siendo discutible que postule aumentos bastante por arriba del crecimiento de la economía.
Desgraciadamente, para tener éxito en contener la inflación la estrategia del Banco Central deberá afectar la demanda, y dada nuestra realidad institucional también el crecimiento. Cuando ello suceda será el verdadero momento de prueba de la voluntad de acción de su Consejo y de la compresión del problema de los actores políticos. Lo último será particularmente cierto en un año electoral como el que viene y en un contexto en que, por razones de desincentivo a la oferta latentes en la ideología de la coalición gobernante, es cada vez más magro nuestro crecimiento. Basta recordar que hoy la autoridad se enorgullece de que este año bordearemos el 4% cuando la visión oficial hace menos de un año confiaba en que superaría el 5% y se acercaría al 6%, y que aún están frescos en la memoria los años en que nos acercábamos al 8%. Ojalá que cuando esos momentos difíciles lleguen no se opte por salidas aparentemente fáciles, como tolerar inflaciones más altas o dejar que se aprecie exageradamente nuestra moneda. En ese instante, la reacción adecuada sería que los líderes políticos respalden al Banco Central y aúnen esfuerzos para restaurar los incentivos para emplear e invertir. Si así sucediera, Chile saldría fortalecido.
- 23 de junio, 2013
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