Venezuela: La locura agotada
Por Jaime de Althaus Guarderas
El Comercio, Lima
Que Hugo Chávez haya sorprendentemente exhortado hace unos días a las FARC a deponer las armas y liberar a todos los rehenes sin condiciones porque la guerrilla “es historia”, luego de haber pedido que sean reconocidas como fuerza beligerante, solo puede explicarse como una manera de reparar la afrenta internacional que significaba el apoyo financiero y material que les estaba dando revelado por los documentos de la computadora del dirigente ‘Raúl Reyes’. Descubierto en su juego inaceptable, no le quedaba más que anularlo como lo ha hecho: dando un giro de 180 grados para convertirse ahora en el líder de la desmovilización del movimiento terrorista.
Esta es, aunque sea por eso, una buena noticia, y sobre todo porque entraña una clara victoria de Álvaro Uribe y Colombia en su lucha contra el terrorismo y su aliado venezolano, y porque podría serlo de Latinoamérica en conjunto si implica un repliegue más general de Chávez respecto de su política de expansión e injerencia externa. Algo que al presidente bolivariano le convendría también por razones de consumo político interno. Pues sin duda a los venezolanos les caerá bien que su gobierno deje de apoyar a las FARC y de destinar ingentes recursos a influir en otros países, cuando la situación interna se deteriora aceleradamente al mismo tiempo que se acercan las elecciones regionales y municipales de noviembre, donde Chávez no quisiera experimentar una segunda derrota consecutiva de consecuencias imprevisibles.
En efecto, la inflación fue de 3,2% en mayo, con el agravante de que los precios de los alimentos, los que más impactan en la economía popular, subieron el doble: 6,1%. Será difícil que la inflación baje de 30% este año, y la de alimentos de 50%. Es cierto que esa mayor inflación en el rubro de alimentos se debe, en parte, a que el gobierno ha autorizado un alza en el precio del pollo y de la harina de maíz, a fin de que esos productos reaparezcan en los supermercados. Quizá Chávez quiere llegar a noviembre sin colas para adquirir productos de primera necesidad, pero entonces debe aceptar las alzas correspondientes. Y para que estas no contagien demasiado al resto de precios, el Banco Central sube las tasas de interés, siempre controladas sin embargo.
Pero será inútil, porque el populismo es la esencia del régimen, alimentado por los siderales precios del petróleo, que están produciendo asombrosos superávits comerciales. En el primer trimestre Venezuela exportó 22 mil millones de dólares e importó 11 mil, la mitad. Sin embargo, las reservas siguieron alrededor de los 30 mil millones de dólares, menos que en el Perú. ¿Qué hizo, entonces, Chávez, con la diferencia? La tomó, descontando pagos de deuda y otros, para obras, subsidios, expropiaciones y otros gastos populistas, algunos fuera de su país. La gente consume –cada vez menos, por la inflación– pero no trabaja. Pues como hay controles y estatizaciones, no hay inversión. Esta cayó en -1,8% en el primer trimestre. Por eso, y por ciertos ajustes, la tasa de crecimiento se ha reducido a solo 4,8% durante el primer trimestre del año. La locura, pese a la montaña de petrodólares, se va agotando.
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