17 de abril: Un “Pacto de Caballeros” que no se cumplió
Por Enrique Ros
Diario Las Americas
Mucho se ha hablado y escrito sobre la heroica lucha librada por los valerosos combatientes que un 17 de abril desembarcaron en las costas cubanas, pero, muy poco se ha informado sobre los pasos iniciales de aquel proceso que, lamentablemente, culminó en el fracaso de Girón.
Pospuesta indefinidamente la creación de un régimen constitucional, impuesta la censura y, luego, confiscados periódicos, estaciones de radio y televisión, cerrados colegios y universidades, ilegalizados los partidos políticos, expropiadas las propiedades privadas, intervenidas empresas nacionales y extranjeras, el pueblo comienza a sufrir el poder omnímodo de un régimen totalitario que ya está subvirtiendo al continente.
La ausencia de la libertad de expresión, de reunión, de movimiento la siente la población cubana. De los primeros pasos de la subversión, alentados y promovidos desde la isla del Caribe, se percatará el mandatario norteamericano cuando realiza, en el mes de febrero de 1960, su primer y único viaje por cuatro naciones de Latinoamérica.
EL “GRUPO ESPECIAL”
Ya, desde antes, el “Grupo Especial” de funcionarios del Departamento de Estado, Pentágono, CIA y la Casa Blanca, que en la terminología burocrática se llamaba Comité 5412, se reunía con cierta periodicidad para estudiar la situación en los países de nuestro hemisferio. Era el mismo grupo que en 1954 había tomado cruciales decisiones para impedir la comunización a la que el gobierno de Jacobo Arbenz estaba llevando a Guatemala.
En su gira visitará el Presidente Eisenhower a Brasil, Argentina, Chile y Urugüay. En cada una de las capitales de estos países verá amenazantes muchedumbres enarbolando pancartas con las imágenes de Castro y de Ernesto Guevara y gritando consignas contra los Estados Unidos y “el imperialismo”. Con los gritos se acercan, amenazadoramente, al mandatario norteamericano. Para contenerlos se hace necesario, en Montevideo, lanzar gases lacrimógenos. Dwight Eisenhower ha visto por sus propios ojos –que, además, han sufrido el impacto de aquellos gases- la peligrosa y desestabilizadora actividad de los grupos subversivos que responden a planes trazados en La Habana.
PROGRAMA DE ACCIÓN ENCUBIERTA
Regresa a Washington consciente de que debe ponérsele fin a esa incipiente pero muy peligrosa subversión. Reúne al “Grupo Especial” y aprueba, el 17 de marzo, un plan de acción para enfrentar aquel peligro. Se llamará “Programa de Acción Encubierta Contra el Régimen de Castro” y es un documento esencial para poder comprender la estructura que las agencias de inteligencia norteamericanas le dieron –y luego modificaron a su antojo- a la lucha contra Castro.
Aquel Programa descansaba en la Resolución NSC 5412 descrita por Allen Dulles, Director de la CIA, como “uno de los documentos más secretos de los Estados Unidos”, constaba de cuatro partes o componentes y constituiría –sin que en esos momentos lo conocieran con claridad los dirigentes cubanos- la cartilla por la que se regirían “los amigos” u oficiales de la CIA.
Los cuatro elementos eran:
a) La creación de una oposición a Castro unidad y responsable, localizadafuera de Cuba.
b) El despliegue de una poderosa propaganda contra el régimen.
c) La creación de una organización activa dentro de Cuba, que respondiera a la oposición en el exilio.
d) El desarrollo de una fuerza paramilitar fuera de Cuba, para una futura acción guerrillera.
Coincide la elaboración de este Programa con la celebración en Maracay, Venezuela, del Segundo Congreso Pro-Libertad y Democracia que reúne a las figuras más relevantes del hemisferio: Rómulo Betancourt, José Figueres, Carlos Llera Restrepo, Eduardo Frei, Galo Plaza, Paz Estensoro, Rafael Caldera, Salvador Allende, entre otros. Participará también una delegación cubana, democrática, (el gobierno castrista no fue invitado), compuesta de Tony Varona, José Ignacio Rasco, Aureliano Sánchez Arango, Justo Carrillo, Mario Llerena y otros.
Reuniones posteriores en Washington, Nueva York y Miami entre los cubanos que habían concurrido al Congreso Pro-Libertad y Democracia, a los que se les incorpora Manolo Artime, y funcionarios norteamericanos culminaron en un acuerdo entre esta organización, genuina representación del espectro democrático cubano, y el gobierno norteamericano representado en ese acuerdo por la Agencia Central de Inteligencia.
“PACTO DE CABALLEROS”
En esas reuniones se fijaron las bases o condiciones sobre las que descansarían las relaciones entre el gobierno norteamericano y las fuerzas opositoras al régimen de Castro. Estas bases pueden resumirse así:
a) El gobierno de Washington delega en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), representada exclusivamente por Frank Bender (Gerry Droller), los poderes necesarios para llevar a efecto la cooperación prometida a los revolucionarios anticastristas.
b) Los cubanos deberán crear un organismo central que tendría participación en la preparación, dirección y realización de la guerra contra el régimen de Castro.
El 5 y el 8 de junio de 1960, Pedro Martínez Fraga envía a Frank Bender dos memorándums; el primero, titulado “Un Acuerdo de Caballeros”, delineando las bases convenidas “inspiradas por el deseo de salvar a Cuba y a las Américas del muy real peligro comunista”, y el segundo, “Algunas Observaciones” amplía los mismos conceptos. Estos fueron respondidos por Bender el 16 del propio mes de junio.
El organismo central creado era el Frente Revolucionario Democrático que dirigiría el Dr. Manuel Antonio de Varona.
Había quedado claramente acordado, “entre caballeros”, que los cubanos participarían en “la preparación, dirección y realización de la guerra contra el régimen de Castro”. No fue así.
Pronto, “los amigos”, los funcionarios norteamericanos, ignorando a los dirigentes cubanos, comenzarían a tomar las decisiones, en los campamentos, en los equipos de infiltración, en las comunicaciones. Situación que se agravaría con el cambio de la Administración cuando el presidente electo, aún antes de tomar posesión, desecha el plan paramilitar que –evaluado y aprobado por el Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas norteamericanas- le es presentado por Allen Dulles el 29 de noviembre.
Ya se notan en los campamentos de Guatemala los cambios que inicia la nueva Administración. Es removido el Capitán Oscar Alfonso Carol de la Jefatura de la Base Trax. La explicación es obvia. Carol ha exigido –como lo hará el Comandante José (Pepe) San Román- lo que otros dirigentes, civiles y militares, demandarán por igual; que los cubanos tuviesen una participación decorosa en la dirección del esfuerzo libertador. No hubo respuesta satisfactoria. O se aceptaban los cambios o no habría ayuda logística.
Los debilitantes cambios que el nuevo Presidente, hace a ese plan con la oposición de los más altos oficiales de las Fuerzas Armadas norteamericanas y sin la participación de los oficiales cubanos que habían de desembarcar en las costas (ataques aéreos días antes de la invasión, limitados ataques aéreos, sustitución de Trinidad por la ciénaga de Zapata y otros) resultarán fatales para la operación y para Cuba. Pero todos ellos fueron consecuencia de los errores incurridos, desde meses atrás, por el incumplimiento de una “Pacto de Caballeros”.
Lo que comenzó Eisenhower con un “Pacto de Caballeros”, lo concluyó otro presidente con una criminal decisión: “Es mejor botarlos en Cuba si es allí donde quieren ir”.
Triste final de la invasión del 17 de abril.
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