El ‘Yes we can’
Por Marco A. Elizalde Jalil
El Universo
Sí podemos, ese es el lema de la campaña de Barack Obama en las primarias de Estados Unidos. El lema, dirigido principalmente a los jóvenes, hace alusión a la intención del candidato demócrata de cambiar la manera de hacer política durante los últimos años en el Gobierno de Estados Unidos bajo la política de Bush Jr., dándole un sentido más social a la política norteamericana.
Para hacer el lema más comercial han hecho un video en el que algunos artistas, cantantes y deportistas de todas las etnias cantan un discurso de Obama cargado de emotividad. En este discurso, Obama enfatiza su convicción en la esperanza, en creer que se puede cambiar el rumbo del país de una manera democrática, clara y equitativa para los americanos. Lo curioso es que aunque la traducción literal del lema de campaña denota un cambio en la persona, en realidad el lema de Obama es Sí se puede –así incluso aparece traducido por ellos mismos en el video–. Dudo que Obama haya copiado el lema de los ecuatorianos, pero está claro que ellos piensan en el cambio y nosotros también, pero el cambio drástico que ellos propugnan se efectúa dentro del juego democrático y no con fórmulas artificiosas de concentración del poder.
Todos queremos el cambio, desde Obama hasta el presidente Rafael Correa. Todos deseamos darle un giro a nuestras vidas para el bien, actualizando nuestras pretensiones y desafíos. Pero la realidad es que la dimensión del cambio y su profundidad es un tema que en el mundo moderno tiene un campo más reducido de acción respecto de aquellos regímenes, como el ecuatoriano, en donde las reglas básicas de la democracia no están consolidadas. En las verdaderas democracias estos cambios, aunque radicales, giran dentro de un espectro reducido de la política, en donde la izquierda y la derecha varían drásticamente en asuntos sobre la política económica y exterior pero jamás discuten las reglas de la democracia. Me explico, ni el demócrata más radical, ni el republicano más recalcitrante en Estados Unidos cuestionan el principio de separación de poderes, o la independencia del Poder Judicial, eso sí un demócrata querrá seguramente una mayor regulación de la economía mientras el republicano seguro pensará que es mejor una política de laissez faire.
En Ecuador esto no es así. Nuestros patéticos políticos todavía no se ponen de acuerdo sobre la democracia y siguen dudando de sus virtudes. La prueba está en que cada diez años cambiamos el instrumento básico para una democracia: la Constitución. La cambian, aseguran, porque no están de acuerdo con las reglas del juego democrático planteadas en ella, cuestión imposible si generalmente estos acuerdos sociales se han redactado entre gallos y medianoche, en despachos de asesores extranjeros y oscuras reuniones de la Asamblea, como seguramente será el caso de la actual Constitución. Es imposible que una Constitución sea incluyente si vamos a tener tan poco tiempo para debatirla y asimilarla.
El cambio es siempre necesario, pero es imprescindible y absolutamente necesario marcar su campo de acción, cual es la democracia y para garantizar esta una Constitución que garantice el impero de la ley y el Estado de Derecho. Estos pilares fundamentales son un logro del constitucionalismo que nadie por más radical que sea, se atreve a cuestionar.
El autor es Investigador de la Universidad de La Coruña.
- 23 de junio, 2013
- 1 de febrero, 2026
- 31 de enero, 2026
- 15 de agosto, 2022
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