Guerra por el calentamiento global
Por Porfirio Cristaldo Ayala
ABC Digital
El calentamiento global se ha convertido en un campo de batalla en la que grupos de intereses se disputan empleos, fondos para investigación y la potestad de imponer prohibiciones a la gente en todo el mundo. Los climatólogos están divididos sobre el nivel de calentamiento, o si este fue originado por la industrialización o por causas naturales, o si es posible reducir el calentamiento a un costo razonable o si es más conveniente adaptarse a sus efectos. Y mientras algunos estudios pronostican grandes catástrofes en las próximas décadas otros sostienen que el calentamiento del planeta podría ser beneficioso para la humanidad.
Los científicos solo están de acuerdo en que la temperatura media de la tierra se ha elevado en 0,8 grados Celsius en los últimos cien años. ¿Qué significa este aumento? Nadie lo sabe con certeza. El mundo no se percató de sus efectos. No obstante, los políticos en todas partes prometen en sus campañas electorales atacar el problema con el máximo rigor. Las legislaturas están aprobando duras leyes para reducir la emisión del dióxido de carbono, CO2, el principal causante del calentamiento global. El problema se ha politizado. Los climatólogos que obtienen más fondos para investigación son los que han logrado atemorizar más a la gente con sus modelos y pronósticos apocalípticos.
Los más extremistas exigen reducir drásticamente la emisión de CO2 en hasta un 90% por debajo del nivel del año 1990, para el 2050. Aseguran que para el 2100 el océano subirá de nivel casi siete metros cuando se derritan las grandes masas de hielo de Groenlandia, inundando ciudades costeras y arruinando a millones de personas. Los que ponen en duda estas predicciones son amenazados por los fanáticos con realizar campañas para destruir su carrera y reputación profesional en la comunidad científica. Los escépticos son considerados traidores. La lucha es sin cuartel, como si la verdad pudiera imponerse por la fuerza o coerción.
Los escépticos aseguran que no existen pruebas de que todo el calentamiento global sea causado por el aumento del CO2. Otras fuentes son las actividades solares, lo que explica el calentamiento verificado en la Edad Media (1100). Si las causas del calentamiento fueran en gran parte naturales, nada puede hacerse para reducirlo. Por otra parte, desde hace diez años el calentamiento global se ha detenido. Y muchos economistas aseguran que el calentamiento producirá más beneficios que daños.
El problema se complica. Ahora EE.UU. ya no es el mayor emisor de CO2, sino China continental. Los países en desarrollo, sin embargo, están exentos de los acuerdos de Kyoto y es difícil imaginar que Beijing acepte reducir su crecimiento restringiendo la emisión de CO2. China cuenta con enormes reservas de carbón mineral y construye ¡una central térmica a carbón cada 30 días o menos! India pronto pasará a ser uno de los principales emisores de CO2 y tampoco aceptará reducir su crecimiento cediendo a las exigencias de los ecologistas de países ricos. Lo mismo ocurrirá en todos los países pobres. El costo de reducir la emisión de CO2 es el estancamiento.
Estudios recientes indican que las “nubes oscuras” del Asia ocasionan mayor calentamiento que la emisión de CO2 de las plantas de energía eléctrica y vehículos de los países ricos. Estas nubes oscuras formadas por cenizas, polvo y humo de más de tres kilómetros de espesor y de una extensión mayor a los EE.UU., proviene de la combustión de madera, leña y bosta de vaca en los países pobres. ¿Cómo obligarán a los billones de pobres de todo el mundo que solo cuentan con leña y bosta para cocinar a usar combustibles más limpios y caros?
Más preocupante es la intención de la burocracia internacional estatista de restringir la emisión de CO2 a un costo excesivo para intentar reducir el calentamiento global, acciones que no solo podrían fracasar, sino que frenarán el crecimiento económico y condenarán a los países pobres al estancamiento. Mucho mejor sería promover el desarrollo, dado que un mundo más rico y próspero tendrá mejores posibilidades de lidiar con el calentamiento global futuro que un mundo sumido en el atraso y pobreza.
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