Las dos américas
Por Javier Santiso
Infolatam
Paris – El ensayista francés Alexis de Tocqueville le dedicó muy escasas líneas a América Latina. Tan solo algunas en su De la Démocratie en Amérique para ratificar rotundamente que la democracia al sur del Río Grande no tendría cabida. Sabemos que esto no fue así. Hoy en día, con sus imperfecciones, éxitos o fracasos, la democracia está arraigada en la mayoría de los países el sur del Río Grande.
Las visiones de los europeos y estadounidenses sobre América latina estuvieron y están así llenas de espejismos y estereotipos que se fueron acumulando a lo largo de la historia. Al Buen Salvaje le sucedió el Buen Revolucionario y más tarde el Buen Liberal. Leemos la política de la región a través de dicotomías engañosas, izquierda y derecha. Los anatemas de populismo salpican reiteradamente las páginas de los periódicos occidentales. La región presenta sin embargo rostros muy variopintos que no encajan con categorías a menudo abusivas y reduccionistas.
Intentemos sin embargo un abuso, es decir una simplificación, para subrayar que en la región se presentan hoy e día dos grandes corrientes. Po un lado están países que están viviendo fases de alta ideologización y polarización, en los cuales las retóricas nacionalistas, populistas, anti-mercado y revolucionarias dominan. Venezuela, sin duda, lidera esta corriente, en auge, que impregna gran parte ahora de la zona andina, desde Ecuador a Bolivia. Por otro lado, están países que siguen apostando por políticas económicas pragmáticas, apostando por el mercado, cierta ortodoxia fiscal y monetaria al mismo tiempo que una fuerte dosis de preocupación y acción social. En esta corriente, encontramos gobiernos que abusivamente podríamos catalogar de izquierda como en Chile (dónde domina en realidad una coalición), en Brasil, Perú o Uruguay, o de derecha, como en México y Colombia.
La suerte de estas dos Américas está por decidirse. Lo que llama la atención es sin embargo la escasa discriminación de las trayectorias latinoamericanas por parte de los operadores internacionales. Para ser más justo habría que matizar y restringir esta afirmación a los operadores financieros, los inversores directas por ejemplo mostrando mayor discriminación a la hora de hacer sus apuestas. Durante el ciclo alcista financiero, prácticamente todos los países de la región gozaron de impresionantes contracciones de sus primas de riesgos, los tipos de cambios se apreciaron al unisón, y desde Caracas a Sao Paolo, pasando por México, Buenos Aires y Bogotá, las bolsas de valores recorrieron un impresionante ciclo alcista.
En agosto del 2007, la crisis de los subprime en los mercados desarrollados, golpeó a la región también a ciegas, muchos inversores tomando sus ganancias en las bolsas latino-americanas para cubrir pérdidas en otros mercados. Así en un sola sesión de mediados de agosto del 2007, el Bovespa se desplomó de un 9%, registrando así su peo caída diaria desde el 11 de septiembre del 2001. La bolsa mexicana caía un 6%, mientras el gobierno de caracas se veía obligado a cancela una emisión de 1.5 mil millones de dólares. En toda la región, las bolsas registraron castigos similares, Perú, Argentina, Colombia y Chile cayendo todas más de 4%.
Los inversores directos parecen haber sido más selectivos en el momento de hacer sus apuestas, en gran parte porque las inversiones físicas no corren el mismo tipo de riesgos que las financieras, re-ubicar una planta industrial tiene costos temporales muy superiores al de una cartera de inversiones, cuyos movimientos se pueden ejecutar en una par de segundo. Mientras los inversores financieros apresuraban el paso para buscar la puerta de salida de la región, los inversores industriales seguían sus apuestas selectas. Así, en pleno torbellino estival en Europa, Telefónica conseguía hacerse de varios activos en Brasil, mediante su filial local participada a medias con Portugal Telecom, por un importe de casi 500 millones de dólares. Casi al mismo tiempo, la multinacional sevillana, Abengoa, cerraba su mayor adquisición en el extranjero, invirtiendo – también en Brasil – casi 700 millones de dólares para comprar uno de los líderes brasileños de bioetanol y de la industria azucarera. Por su parte la holandesa ING compraba al Santander su negocio de fondos de pensiones en la región por un monto cercano a 1000 millones de euros.
Una corriente eléctrica está sin embargo recorriendo todo el continente, al mismo tiempo que la mayoría de los países emergentes y desarrollados. Si bien las turbulencias financieras acapararon muchos titulares, otra tendencia se está intensificando perfilando un riesgo de proteccionismo creciente. Mientras EEUU vetaba juguetes chinos y China sopas estadounidenses, multinacionales rusas o de medio oriente se encuentran con operaciones vetadas en países de la OCDE. En América latina, el nacionalismo petrolero venezolano no se limitó a nacionalizar las operaciones del sector sino también a emprender una marcha hacia otros activos, desde empresas eléctricas a operadores industriales.
Dos – como mínimo – Américas conviven hoy en el continente. Es de esperar que las apuestas por el mercado y la democracia sigan fortaleciéndose. Para ello sin duda ayudará algo más de discriminación por parte de los inversores financieros. También puede que ayude que abramos más y mejor nuestras puertas a los productos, sean agrícolas o industriales, a los países de la región. Proclamar contra vientos y mareas la superioridad del mercado y de la democracia, no puede ser sólo un ejercicio retórico sino que también invita a acciones concretas, sobre todo cuando algunos nubarrones, esperemos puntuales, se acumulan en el horizonte.
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