El apetito extranjero por la deuda de EE.UU.
Por Mark Whitehouse
The Wall Street Journal
Pese a todas las turbulencias, los mercados financieros han mostrado poca preocupación por uno de los puntos más vulnerables de la economía de Estados Unidos: su apetito por el dinero extranjero para financiar la enorme brecha entre lo que el país gasta y lo que gana.
Esa brecha, conocida como déficit en cuenta corriente, exige que las acciones, los bonos y otras inversiones en EE.UU. reciban más de US$2.000 millones al día para mantener las cosas en equilibrio. Si un pánico financiero lleva a que el flujo de dinero se detenga, el resultado sería una caída estrepitosa en el valor del dólar, una fuerte alza en las tasas de interés y una profunda recesión.
Pero nada de ello ha ocurrido hasta ahora. De hecho, el dólar se ha valorizado respecto a su gran rival el euro y los rendimientos que el gobierno de EE.UU. paga sobre su deuda han descendido. Según economistas, esto representa implícitamente un voto de confianza a la capacidad de los mercados e instituciones estadounidenses (como la Fed) para capear las tormentas.
“El dólar está recuperando su sitial como una divisa de refugio”, dice Pierre-Olivier Gourinchas, un economista de la Universidad de California en Berkeley. “Los flujos entran en EE.UU. Esto hará que sea más fácil financiar el déficit de cuenta corriente en los próximos años”.
No todo el mundo está tan optimista. Algunos pronostican un escenario negro, en el que los extranjeros se niegan a prestarle a EE.UU. “El país que está más expuesto a que los inversionistas no le presten es el mayor acreedor, es decir, EE.UU.”, afirma Jan Loeys, una estratega de mercados globales de J.P. Morgan.
Una crisis que comenzó con las deudas hipotecarias y los fondos de cobertura en EE.UU. se ha convertido en un problema para el sistema financiero en Europa y otras partes. Esto ha llevado a que los inversionistas globales hagan lo que siempre han hecho en épocas de crisis: refugiarse en el dólar y la deuda del Tesoro estadounidense. Por eso, el dólar ha recuperado su valor frente al euro y la libra esterlina, mientras que el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años ha bajado de 5,2% a comienzos de julio a alrededor de 4,7%. El dólar ha perdido valor frente al yen, pero ello no se debe a que los inversionistas estén huyendo a activos japoneses, sino más bien a que están deshaciendo sus carry-trades (pidieron prestado en yenes dadas las bajas tasas de interés en ese país, para invertir esos fondos en otras divisas).
Nadie dice que la economía de EE.UU. no vaya a sufrir con los problemas en los mercados. La mayoría de los expertos pronostica que el dólar perderá valor en el largo plazo. Pero la reciente conducta de los mercados arroja luz sobre algunas de las preguntas económicas más importantes de esta década: ¿Por qué se ha vuelto tan grande el déficit de cuenta corriente de EE.UU.? ¿Por cuánto tiempo se puede sostener? ¿Cuáles son los riesgos asociados a ello?
Los orígenes del debate sobre el déficit de cuenta corriente se remontan a la última gran crisis financiera a fines de los años 90. En esa época, las economías emergentes de Asia y Europa del Este pagaron un enorme precio por tener grandes déficits, ya sea en sus cuentas corrientes o sus presupuestos fiscales. Los inversionistas extranjeros huyeron en masa cuando perdieron la fe en la capacidad de esos países para gestionar su deuda, lo que forzó fuertes devaluaciones en sus monedas. Esa experiencia llevó a que muchas economías emergentes revisaran sus políticas financieras. Se concentraron en gestionar sus monedas y en fomentar el crecimiento impulsado por las exportaciones, lo que generó superávit comercial y sólidas reservas en divisas. China tiene hoy reservas en divisas que superan los US$1,3 billones (millón de millones), frente a unos US$125.000 millones en 1997.
En la misma época, el déficit de cuenta corriente de EE.UU. comenzó a crecer con rapidez. En 1997, equivalía a 1,7% del Producto Interno Bruto (PIB). En 2006, había alcanzado 6,5% del PIB.
Los economistas ofrecen al menos dos explicaciones para esta tendencia. Algunos enfatizan la conducta derrochadora de los consumidores y el gobierno de EE.UU., responsabilizando al apetito estadounidense por televisores y guerras en el extranjero por el enorme endeudamiento. Otros dicen que EE.UU. provee un servicio para el resto del mundo, al ser el único país que puede ofrecer mercados financieros suficientemente grandes y resistentes para absorber de forma segura los ahorros provenientes de países como Rusia y China.
“No creo que sea bueno que todos nos presten dinero”, dice Catherine Mann, profesora de la Universidad Brandeis. “Pero hasta que no exista una alternativa de inversiones, y me refiero a otro país, EE.UU. retendrá a los inversionistas extranjeros, incluso teniendo este déficit enorme”.
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