Por la crisis financiera: Menor riqueza
Editorial – El País, Montevideo
Alan Greenspan había indicado la posibilidad -aunque dijo no muy alta- de que la "burbuja" inmobiliaria pudiese estallar antes de fin de año. Sus palabras contrastaban con lo dicho en mayo por el actual presidente de la Fed, Ben Bernanke: "si bien el sector inmobiliario presenta sobreoferta, no hemos visto efectos importantes de ese sector en otras áreas de la economía".
En las pasadas semanas -en particular en las dos últimas- el vaticinio de Greenspan se ha venido cumpliendo: el boom del sector inmobiliario se ha apagado y sus efectos se derramaron por el mundo. Su expansión en Estados Unidos fue inducida por los préstamos hipotecarios concedidos por los bancos durante un lapso de bajísima tasa de interés y en momentos de crecimiento del ingreso de su población. Para generar fondos y prestar aún más, esos bancos vendieron parte de esos préstamos a bancos de inversión y a fondos que, contra ellos, emitieron títulos garantizados. Esos títulos y participaciones en fondos con garantía de los créditos hipotecarios, se colocaron entre inversores de todo el mundo.
Con menor intensidad, algo similar ocurrió en naciones europeas, asiáticas y en algunas latinoamericanas. Pero desde inicios de 2007 el sector inmobiliario norteamericano -sus ventas y la construcción- ha visto caer sus precios y las garantías se han vuelto insuficientes, en muchos casos, para cubrir los montos de los créditos de baja calidad. Aparecieron entonces dificultades financieras de algunas administradoras de fondos para mantener el valor de esos activos bajo su manejo y cumplir con quienes invirtieron en esos fondos, cuando comenzaron a retirarse de ellos.
Han surgido problemas de liquidez para algunos e incluso llevaron a otros, tanto en Estados Unidos como en Europa, a declarar su imposibilidad de honrar los retiros. Las noticias alertaron al mercado y se han sucedido otras de igual tono que provocaron corrientes vendedoras, lo que acentuó la falta de liquidez de esas instituciones. La respuesta de los bancos centrales de Estados Unidos, Europa y Japón ha sido conceder préstamos a sus sistemas bancarios, para evitar subas de tasa de interés y evitar corridas generalizadas que provocasen una crisis sistémica.
Tales problemas han derivado en fuertes caídas de las bolsas mundiales ante la reacción de los inversores, frente al riesgo de la situación, los cuales han privilegiado posiciones de liquidez. El riesgo, sacrificado transitoriamente durante el lapso de bajas tasas de interés, ha vuelto al escenario mundial; en dos semanas, las bolsas han perdido gran parte de las ganancias de los primeros siete meses y pueden, si no se frena esta fiebre bajista, sufrir todavía más. El índice Dow Jones está al nivel de fin de año, al igual que el de la FTSE y que el de otras bolsas europeas. En los países emergentes predomina ahora también un espíritu bajista, como en Brasil, Argentina, México y en el sudeste de Asia, con sus bolsas cayendo entre 15 y 20% en dos semanas y el riesgo país hacia arriba.
Es difícil pronosticar el fin de la crisis, pero no es improbable que con las medidas que ha estado tomando y que ha reforzado ayer la Reserva Federal -redujo el costo de sus préstamos a bancos y deja más baja la tasa de interés interbancaria- los mercados reviertan su tendencia bajista. Con la búsqueda de inversiones de calidad -bonos de Estados Unidos y dólar frente al resto de las monedas "fuertes"- en dos meses el riesgo país en Uruguay se ha duplicado y su competitividad frente al resto del mundo y en la región se ha reducido.
Al disiparse esta convulsión financiera, seguramente se verá una fuerte caída de la riqueza real y financiera de muchos, lo que se reflejará en menor consumo e inversión que, a su vez, debería tener efectos depresivos sobre la producción y el comercio internacional; sobre la demanda de nuestros productos y sobre el precio de los commodities en general y del agro en particular. Junto a las nuevas estrategias de los fondos de inversión, que tendrán más cautela y pueden retirarse de los mercados de commodities, es posible que nos enfrentemos a una situación internacional mucho menos favorable que la de los últimos cuatro años.
La esperanza es que la Fed logre revertir las expectativas bajistas de inversores y consumidores con su nuevo juego de tasas de interés. Nuestro gobierno tendrá que tener cuidado con las políticas expansionistas, en un entorno mundial diferente, menos rico al de los últimos tiempos.
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