En la isla cárcel-cubana: Atletas son propiedad del estado
Por Guillermo I. Martínez
Diario Las Americas
Hace cuarenta y siete años, un 13 de Agosto, la República Democrática Alemana empezó la construcción del muro de Berlín. Documentos recientemente revelados de la policía secreta de Alemania del Este confirman lo que el mundo había sabido durante décadas: los guardias tenían órdenes de tirar a matar a todo aquel que tratara de cruzar hacia occidente.
Durante 48 años, Cuba ha tenido una política algo parecida, si acaso, un poco más “humana” con respecto a aquellos artistas, atletas o intelectuales que se atreven a escapar del control monopólico que el Estado ejerce sobre aquellos que tienen suficiente talento para triunfar en escenarios internacionales.
Todos los cubanos, pero particularmente aquellos que pueden generar orgullo al régimen comunista, pertenecen al gobierno; son propiedad del estado. No pueden viajar sin permiso oficial. Nunca tienen sus documentos consigo. Los familiares de los que viajan se quedan atrás como rehenes, en caso de que a alguien se le ocurra comportarse indebidamente.
A los que se atreven a desafiar al régimen, en Cuba, los llaman “desaparecidos”. Cuando surge la noticia de que han desertado en Puerto Rico, América Latina, Europa o Estados Unidos, los medios de comunicación cubanos se encargan de destruirlos con epítetos. Son calificados de mercenarios, traidores que abandonaron la Patria.
Acto seguido, los beneficios que se les otorga a sus familias por ser famosos, empiezan a esfumarse. Tienen que pagar por lo que el padre, hermano, esposo o hijo han hecho. Y no se vuelve a oír más de esos atletas o artistas. Sus discos, sus logros obtenidos en la Isla o en competencias internacionales no vuelven a ser mencionados.
Cuatro miembros de la delegación cubana a los Juegos Panamericanos celebrados este año en Río de Janeiro trataron de desertar. Un jugador de balón mano Rafael Capote y Lázaro Lamelas, un entrenador de gimnasia, pudieron hacerlo.
Los boxeadores Guillermo Rogondeaux y Erislandy Lara fracasaron. Aunque, lo que pasó en el caso de ellos es bastante confuso. Ninguno de los boxeadores compareció a la ceremonia de pesaje previa a sus últimos combates. Simplemente, desaparecieron. Ambos eran favoritos para ganar las medallas de Oro Panamericanas en sus respectivas categorías. Hasta ahí, es todo lo que sabemos.
Después surgieron dos versiones. Según promotores alemanes en contacto con los boxeadores, los dos hombres recibieron noticia de que sus familias en Cuba habían sido expulsadas de sus hogares y se quedaron sin tener dónde ir. Ellos dicen que los boxeadores firmaron contratos profesionales y que se les había adelantado dinero.
Los boxeadores anduvieron fugitivos en Río de Janeiro por 11 días hasta que, finalmente, se entregaron a las autoridades brasileñas que, en 48 horas, los pusieron en manos de funcionarios cubanos para un rápido vuelo de regreso a casa.
En ese corto lapso entre el escape de los boxeadores y su entrega a la policía brasileña, la delegación cubana completa que asistía a los Juegos Panamericanos, tuvo que cumplir órdenes de retornar precipitadamente a La Habana- 24 horas antes de que los Juegos concluyeran. Algunos atletas no estuvieron presentes en las ceremonias de clausura para recibir las medallas que habían ganado.
Nadie sabe quién dio la orden. Algunos dicen que la impartió Raúl Castro. Otros afirman que provino del mismísimo Fidel.
Ya de regreso en Cuba, los boxeadores expresaron remordimiento y dijeron que ellos nunca intentaron desertar; explicaron que se fueron de juerga; que engordaron mucho y que, por vergüenza, no asistieron al pesaje. Punto; ahí terminó la historia.
Cuba, sin embargo, tuvo mucho más que decir. Los boxeadores fueron expulsados del equipo y prohibidos de participar en cualquier competencia en la Isla o representar al país en ningún torneo internacional Aún más, el Gobierno adelantó que no habrá atletas cubanos en el próximo evento internacional boxístico que se realizará en Estados Unidos.
Hace cuarenta y siete años, los metros subterráneos de Berlín del Este se detuvieron y dejaron de cruzar a Occidente. Alemania se convirtió en dos países hasta que el Muro de Berlín fue derribado en Noviembre de 1989.
Durante 48 años, Cuba ha controlado quién puede y quién no puede abandonar la Isla. Hacerlo sin permiso es un delito que conlleva como castigo años de cárcel. Sabemos de incidentes en los que guardias cubanos han disparado a matar a gente que quería irse en episodios que hubieran avergonzado al régimen. Hasta donde sabemos, sin embargo, no obstante, no hay órdenes secretas de tirar a matar.
Lo que han hecho, de todos modos, es una forma de castigo más cruel para aquellos que logran irse y más aún para los que se quedan. Simplemente, desaparecen. Se les despoja de las prerrogativas conferidas a los atletas internacionales.
Un día, son estrellas. Al día siguiente, ya no existen.
Guillermo I. Martínez reside en la Florida. Su dirección electrónica es: [email protected]
- 15 de agosto, 2022
- 27 de noviembre, 2019
- 19 de febrero, 2026
Artículo de blog relacionados
- 19 de agosto, 2008
La decisión de Standard & Poors (S&P) de rebajar la calificación crediticia de...
24 de agosto, 2011Economía Para Todos El viernes pasado se produjo una suerte de tsunami de...
27 de enero, 2013El Nuevo Herald Las acusaciones de acoso sexual al candidato republicano Herman Cain...
16 de noviembre, 2011













