Argentina: el pequeño mundo de “los Kirchner”
Por Ricardo Lafferriere
El Diario Exterior
Luego de cuatro años de ausencia argentina en los escenarios internacionales de alguna trascendencia, pareciera que la pareja reinante está buscando una reconstrucción de sus vínculos con el mundo serio. Así se lo ha expresado la Senadora Kirchner a Joaquín Morales Solá con su original descubrimiento intelectual: “La Argentina debe volver al mundo”.
Los viajes preelectorales de la Sra. de Kirchner a España y luego a México acompañando al presidente insinúan que los ambientes diplomáticos, tan alejados de la idiosincrasia –y la educación- de su marido le resultan atractivos, al menos en la etapa de construcción de su pretendida futura gestión.
El cambio no deja de ser interesante, si recordamos que la campaña de Néstor Kirchner en el 2003 no sólo no incluyó viajes al exterior –salvo acompañando a Duhalde al Brasil, donde el ex presidente le presentó su sucesor a Lula- sino que, como él mismo lo dijo, hasta ese momento no conocía ninguno de los grandes “destinos” del escenario mundial.
Su mundo era más pequeño, mucho más pequeño. Néstor Kirchner, al asumir la presidencia, sólo había visitado Miami por gestión de sus ahorros financieros personales, pero no conocía Europa, Asia ni –por supuesto- tampoco el África y mucho menos Oceanía. Su esposa, por el contrario, no se ha privado de punto cardinal alguno en estos cuatro años de viajes oficiales y giras proselitistas con financiamiento público.
Sin embargo, la diferencia pareciera terminarse ahí, a estar a las exposiciones de la Sra. Kirchner en España y las expresiones de su marido en el Senado mexicano.
En España, para sorpresa de sus oyentes, insinuó que cualquier acuerdo con las empresas españolas que trabajan en el país sería atendido, con una condición: “la reserva sobre lo que se habla”. Esta frase, que no mereció comentarios periodísticos en la Argentina, cuya opinión pública tiene callosidades frente a los reiterados comportamientos antirrepublicanos de la pareja reinante, encierra en sí la concepción del poder que anima al kirchnerismo, que concibe al Estado como una propiedad privada personal –o ganancial- y se considera al margen de cualquier pedido de rendición de cuentas o encuadre legal.
¿Por qué “reserva”? ¿Las tarifas, cuya justa actualización reclaman las empresas, serán acaso abonadas por Cristina con sus fondos personales? ¿Las obligaciones que asuman los directivos empresarios serán ocultados a sus Juntas Directivas y a sus accionistas?
Bueno sería que los empresarios que acepten reunirse bajo la condición de reserva adviertan que lo que en esas reuniones se “acuerde” sólo podría tener valor con su interlocutor secreto, sin fuerza legal alguna, sin proyección más allá de los concurrentes, o sea, sin posibilidades de presentarse ante una Asamblea de Accionistas, ante otros eventuales gobernantes argentinos o ante una Corte de Justicia.
¿Cómo caería en España que Rodríguez Zapatero expresara públicamente, ante el reclamo de una empresa, que recibiría a sus directivos “bajo condición de reserva” de lo que se habla? ¿O que Bush hiciera lo propio en USA, Sarkozy en Francia, Brown en Gran Bretaña o Merkel en Alemania? ¿Tolerarían los medios de comunicación en esos países una conducta como la de la aspirante a Jefa de Estado, excluyendo en forma terminante responder preguntas a los periodistas de sus países o humillándolos al punto de no dejarlos ingresar a las reuniones de prensa o ignorar las preguntas que le pudiera formular alguno que logra sortear las vallas?
Podríamos invertir la pregunta: ¿en qué otro lugar del mundo podría actuarse de esta forma impunemente? Las respuestas están claras: En Venezuela, en Cuba, en Bolivia, en algunos países africanos, en Corea del Norte, o en algunos sultanatos del oriente medio. En ninguna democracia que se precie de serlo sería tolerada una actitud tan groseramente violatoria de la responsabilidad oficial de transparencia y rendición de cuentas, de ausencia de “accountability”, como gustan de expresar los organismos internacionales y politólogos del mundo desarrollado.
Pero no termina acá el despropósito. La desmatizada y pública defensa que CK hizo de Chávez, así como la identificación del caribeño con Putín “en lo que significan para América y para Europa” –Cristina “dixit”- roza la indecencia, además de la ignorancia.
Si lo que pretendía era sugerir a los interlocutores la idea de que América Latina necesita de Chávez y Morales tanto como Europa necesita de los hidrocarburos rusos, y que en consecuencia es imprescindible tolerarle presiones, ignorar su violación de derechos humanos y disimular su mala educación, la comparación es una falacia. Porque Rusia no es Venezuela, Putin no es Chávez, y América Latina no es Europa.
Es cierto que en algunas cosas se parecen. Chávez prácticamente ha intervenido Bolivia al punto de redactar –junto a Fidel Castro- hasta las leyes propuestas por Evo Morales a su Congreso y las modificaciones sugeridas a la Asamblea Constituyente. Chávez no vende su petróleo a precios de oportunidad o compra títulos de deuda a insolventes sólo por solidaridad. Chávez, al igual que Kirchner en lo interno, se ha convertido en especialista en destrozar todo lo que toca, como lo hizo con la democracia venezolana y lo está haciendo con la propia producción de hidrocarburos en su país, golpeada por la obsolescencia, el desmantelamiento de las estructuras técnicas de PDVSA y la exacción de sus recursos para sus aventuras militaristas y políticas en el continente y el mundo. Chávez cierra canales de televisión, asesina periodistas, manipula la justicia y hasta ha declarado que “expulsará de Venezuela a cualquier extranjero” que hable más de él… antes de auto-condecorarse, al más puro estilo de Idi Amín Dadá.
Eso no es todo: Chávez está armando sus fuerzas militares relanzando la carrera armamentista en América Latina, con lo que significa en una región con los antecedentes de la nuestra. Pero la afirmación de CK expresa la ignorancia en lo que respecta a la dependencia continental del caribeño. Brasil –el mayor país de la región- ha resuelto su abastecimiento energético sin depender de Chávez y ha asumido además el liderazgo mundial en el desarrollo de los biocombustibles, haciendo de su debilidad una fortaleza. México, el otro grande del Continente, no tiene necesidad alguna de Chávez. La Argentina, desgraciadamente bajo la férula del reinado K, ha desistido de utilizar sus reservas de gas y petróleo porque adquirirlos en Bolivia y Venezuela abre mejores posibilidades de corrupción, como lo están demostrando los negociados que se descubren día tras día. Pero sin los Kirchner en el gobierno, el caribeño sería intrascendente también para la Argentina. Ni Uruguay ni Paraguay dependen de Venezuela, y tampoco Colombia ni Perú. Ni Ecuador, autoabastecido en el plano energético. Afirmar que Chávez es Putin –con su connotación, que Venezuela es Rusia y América latina es Europa- es, entonces, ignorancia o falsedad. Mentira, ignorancia o falsedad que sólo puede sostenerse sin periodistas, sin reuniones de prensa, sin parlamento, sin debates electorales,… sin democracia.
Lo que no dijo la señora es que la trascendencia de Chávez en la región se potencia por la incapacidad del gobierno argentino –único país de la región de dimensiones considerables- para desarrollar una política con sentido nacional, como lo están haciendo Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Paraguay, Colombia, México y la mayoría de los centroamericanos, y que la alineación de su gobierno con el venezolano tiene consecuencias desastrosas para la recuperación de la credibilidad, la seducción a inversiones y la reconstrucción del edificio institucional argentino desmantelado por la pareja reinante. No menos curiosa fue la solidaridad expresada por K ante legisladores de México condenando el muro que está siendo edificado por USA en los límites entre ambos países. Aún coincidiendo con la visión utópica de un mundo sin fronteras, es innegable que los problemas de migración existen y constituyen un importante y difícil tópico en la agenda de los países más desarrollados que cada uno trata de resolver de acuerdo a sus circunstancias, su opinión publica, sus posibilidades y sus obligaciones éticas. Pero es, por lo menos, insólito que un presidente argentino elija para pelearse con USA un foro de esas características, sin advertencia diplomática previa y sin haber dicho ni una palabra sobre el tema en las repetidas veces que –él o ella- visitaron Estados Unidos, el país constructor de la obra. Tampoco le dijo nada Kirchner o la Senadora Kirchner al Rey Juan Carlos sobre los muros de Ceuta y Melilla, cuando le rogaba –con descaro- que posara con ella en una foto para usar en su campaña electoral.
Tomar distancia de Estados Unidos de manera destemplada, por una cuestión que afecta tan poco a la región, mientras que los países directamente interesados mantienen las más cordiales relaciones estratégicas, debe haber sorprendido a más de un dirigente mexicano. Por televisión se notó esa sorpresa y los escasos aplausos de cortesía que recibió por parte de su auditorio. Nuevamente, la oportunista sobreactuación de K, esta vez fuera de las fronteras, lastima torpemente la ubicación exterior de la Argentina. Curioso, si no fuera porque en ese mismo instante Chávez estaba haciendo otro “favor” al adquirir un nuevo cupo de bonos externos argentinos por Mil millones de dólares necesarios para cumplir obligaciones financieras de vencimiento en estos días. El “bolivariano” se ha convertido en el único adquirente internacional de compromisos financieros firmados por K, que valen lo que vale la palabra presidencial en la Argentina de estos tiempos.
Bonos a cambio de agresiones verbales a USA. Los dos, girando bienes que no son propios, ni los recursos petroleros venezolanos que Chávez dilapida, ni lo que queda del prestigio internacional argentino que los Kirchner bastardean. Está muy bien que la Argentina vuelva a jerarquizar sus relaciones con España y con México, por encima de los berrinches adolescentes de los últimos años. Lástima que será difícil profundizarlas o ir mucho más lejos si “los K” siguen teniendo en sus ideas un mundo tan chiquito.
Ricardo Lafferriere es ex Embajador argentino en España y ex legislador nacional.
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