Maquiavelo Siglo XXI
Por Diego Márquez Castro
Correo del Caroní
“En política todo está permitido, siempre que se halaguen los prejuicios públicos y se conserve el respeto por las apariencias“.
Nicolás Maquiavelo
En estos días vacacionales aun cuando pudiésemos antojarnos de no hacer, oír, ver o leer nada y armarnos con la idea de que hay que dejar para después los problemas que se han convertido en temas de nuestras clases universitarias y artículos de prensa, obviamente no es posible. La razón estriba en que los acontecimientos nacionales no dan tregua y por ello, con todo y el período de asueto se hace necesario leer, revisar, reflexionar. Pasar el interruptor y desconectarse es una mera ilusión porque la realidad está allí, aquí, frente a nosotros y no podemos ignorarla. En ese orden de ideas hacemos el comentario de un interesante ensayo de Fernando Savater incluido en su libro Ética como amor propio.
El ensayo en cuestión lleva por título Del exterminio democrático de la democracia, texto que en principio fue escrito como prólogo a la edición española del libro de Maurice Joly Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu. En la mencionada obra se dibujan los perfiles de ambos personajes, Montesquieu apuesta por la profundización de la democracia efectiva; Maquiavelo, recela de la democracia y en tal sentido se propone desarrollar un discurso que tienda a convencer a su oyente de que la democracia como sistema político es frágil y vulnerable. En tal sentido da a entender que existe la posibilidad de que un determinado líder, hábil y astuto, con una retórica envolvente, pueda explotar la cobardía natural en el pueblo y bajo la promesa de su protección hacerle olvidar la libertad política.
¿Constituye esto una obra de titanes? Para nada, dice Maquiavelo y de acuerdo con Savater al líder y quienes le respaldan no les es preciso ir abierta y explícitamente contra los principios de la autodeterminación popular sino que basta vaciarlos hábilmente de contenido para luego utilizarlos en sentido opuesto al que fueron concebidos. Así veremos cómo toman un sentido contrario al original conceptos como democracia, justicia, paz, solidaridad, política, sociedad, república, derechos, etc. Dice el escritor: “Lo que hace falta es convencer a la gente de que, puesto que la democracia está ya establecida y consagrada, puede inhibirse tranquilamente de la gestión pública salvo para sancionar cada cinco o siete años, la actuación de sus representantes.
Como los ideales subversivos ya han sido aceptados e instituidos, toda pervivencia de la insumisión, todo afán de intervención pública no mediatizada, toda sospecha respecto a lo óptimo de la delegación permanente del poder, han de ser desprestigiadas y proscritas”. O sea, todo dentro del sistema, nada fuera de él, o todo dentro del socialismo nada fuera de él porque esta segunda opción constituye disidencia y la disidencia debe ser aplastada, castigada y exterminada.
Maquiavelo, en su discurso desde los ambientes infernales, remata con lo que sigue: “En nuestro tiempo se trata no tanto de violentar a los hombres como de desarmarlos, menos de combatir sus pasiones políticas que de borrarlas, menos de combatir sus instintos que de burlarlos, no simplemente de proscribir sus ideas sino de trastocarlas, apoderándose de ellas”. Pero qué causalidad ¿no? Si surge un movimiento estudiantil universitario, desligado de las organizaciones partidistas, con un discurso auténticamente renovador, sembrado en las realidades del presente y con proyección al futuro, como por arte de magia, aparecen “dirigentes estudiantiles progresistas” (?), se crea una estructura burocrática con todo el apoyo político y económico del Estado que se concreta nada más y nada menos que en… una “sala situacional estudiantil” entre cuyos fines está “monitorear” las acciones que emprendan los estudiantes en nuestras universidades… La cosa no se queda allí, Maquiavelo pone en evidencia lo que denomina el secreto principal del gobierno… Leamos: “El secreto principal del gobierno consiste en debilitar el espíritu público, hasta el punto de desinteresarlo por completo de las ideas y los principios con los que hoy se hacen las revoluciones.
En todos los tiempos, los pueblos, al igual que los hombres se han contentado con palabras. Casi invariablemente les basta con las apariencias; no piden nada más. Es posible entonces crear instituciones ficticias que respondan a un lenguaje y a ideas igualmente ficticios; es imprescindible tener el talento necesario para arrebatar a los partidos esa fraseología liberal con que se arman para combatir al gobierno”. ¿Nos resulta familiar esto? Se parece a…
Savater desarrolla un interesante análisis sobre las ideas antes expresadas, el cual hay que seguirlo con atención y minuciosidad porque puede decirnos (a los venezolanos de este momento) unas cuantas cosas para que terminemos de despertar: “Quien cree que la libertad es una idea, en lugar de reclamarla como una posibilidad de acción social, conque a la libertad se le reconozca en el plano ideal, ya tiene bastante para sentirse satisfecho; a quien no le interesa de la democracia más que su forma de legitimar sin escándalo lo vigente, sin considerarla como el instrumento subversivo de la revocación de lo dado, conque se le conceda formalmente la democracia, queda contento y no pide más. La propuesta de Maquiavelo es absolutizar la superficie democrática para mejor pervertir su fondo; sustraer el contenido de las instituciones y fórmulas antidespóticas para sustituirlo por la médula misma del despotismo, esto es: temor, avaricia y sumisión impúdica ante la fuerza…”.
A la propuesta de Maquiavelo no escapa el manejo de la información y la opinión; así, sobre una estructura donde moral y política prácticamente se excluyen y ante las críticas de los oponentes riposta: “Nada de sutilezas. Si me atacáis, lo sentiré y vosotros también lo sentiréis; en este caso me haré justicia por mis propias manos, no enseguida, pues es mi intención actuar con tacto; os advertiré una vez, dos veces; a la tercera os haré desaparecer”. Cualquier parecido con la realidad de un país latinoamericano es mera casualidad. Y más casual es su expresión ante las críticas por sus ataques a la libertad de expresión: “Que vayan a agruparse a otra parte, con estas cosas no se comercia”.
Savater comenta al respecto: “Descubre aquí el déspota que yendo más contra las empresas que contra las personas apenas harán falta censores de oficio, pues en cada medio de comunicación social todo el mundo se autocensurará y vigilará a su compañero para evitar la desaparición de su medio de vida”. Y obviamente estos son rasgos dramáticos de una democracia que se reduce ante los caprichos del gobernante que en palabras de Maquiavelo manifiesta: “¿Sabéis qué hará mi gobierno?, dice exultante. Se hará periodista, será la encarnación del periodista”. ¿Estaría hablando de eso que ahora llaman hegemonía mediática? Quien sabe…
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