La lengua como instrumento ideológico
Por Rafael Solis
El Nuevo Herald
Es la lengua sólo un medio de comunicación o nos sirve como punto de encuentro sintetizador de pluralidades que, finalmente, termina convirtiéndose en instrumento de poder… y de avasallamiento ideológico?
Para quienes han crecido en sociedades democráticas, donde un simple ”no, no me interesa” basta para hacer retroceder a los evangelistas de productos e ideas, el lenguaje del párrafo anterior podría evocar reminiscencias del Código Da Vinci. Por el contrario, para quienes han tenido el dudoso privilegio de crecer en sociedades de pensamiento único, donde los epítetos endilgados a una persona son en sí mismos un código que puede definir su futuro, dicho lenguaje resulta perfectamente comprensible.
Repasemos un poco lo vivido. Las palabras ”compañero” y ”ciudadano”, por sí solas, dicen poco más de lo que está en el diccionario. Crecí utilizándolas para hablar de mis ”compañeros de clase” y de aquellos que eran ”ciudadanos españoles y/o cubanos”. ¡Lejos estaba en mi niñez, cuando jugaba con mis condiscípulos en el patio del colegio Wesley de Santiago de Compostela de las Vegas, de imaginar que un día ambas palabras se transformarían en instrumentos ideológicos para distinguir entre ”buenos” (los fidelistas) y ”malos” (sus opositores). En la otrora Perla de las Antillas, basta la utilización de una u otra de dichas palabras para referirse a una persona y de inmediato el interlocutor sabe cuál es el signo ideológico de la persona en cuestión y puede, en consecuencia, tratarla bien o mal según su propio signo ideológico.
Ejemplos de este tipo abundan en el vocabulario de los últimos cuarenta y ocho años de la isla, pero ninguno tan representativo de cómo el lenguaje puede ser vehículo discriminatorio y vejaminoso utilizado contra un grupo humano como aquel vocablo tomado del campo de la zoología y que no es otro que ”gusano”. La tercera acepción del Diccionario de la Real Academia nos dice que ”gusano” es una ”persona vil y despreciable”. Y claro, cuando un Estado aplica de manera sistemática semejante epíteto a una parte de su población, acompañado de expresiones tales como ”hay que aplastar a la gusanera”, la otra parte puede dar rienda suelta a sus instintos inhumanos de castigo y aniquilamiento ya que después de todo se trata de pequeños bichitos que ni tan siquiera ocupan un alto lugar en la escala zoológica. ¡He ahí una de las razones primordiales del etiquetado lingüístico-ideológico: facilitar el aniquilamiento del adversario mediante la disminución de su dignidad zoológica!
Están también las frases hechas que esconden, detrás de hermosos postulados asociativos, lo contrario de lo que postulan. Particularmente en los decenios de 1960 y 1970 se puso de moda hablar de ”guerras de liberación”. Y como el vocablo ”liberarse” siempre se asocia a matices positivos que indican la abolición de un pasado oneroso tales como ”liberarse del yugo de la esclavitud”, ”liberarse de la tiranía”, ”liberarse de las garras del imperialismo”, pues por definición cada vez que se escuchaba la mencionada frase, la inclinación natural era creer que efectivamente las ”guerras de liberación” aludidas se hacían para lograr la tan ansiada libertad de algunos pueblos. ¡Ay, lenguaje tramposo! ¡Cuál no sería la sorpresa de ciudadanos y compañeros de algunos países al comprobar, generalmente demasiado tarde, que las llamadas ”guerras de liberación” nos liberaban de una tiranía para, acto seguido, inaugurar otra, en muchos casos peor que la antecesora!
El autor es lingüista cubano radicado en Canadá
- 19 de febrero, 2026
- 14 de febrero, 2025
- 23 de junio, 2013
- 19 de febrero, 2026
Artículo de blog relacionados
- 18 de diciembre, 2006
Mucha gente piensa que el partido Republicano y el partido Demócrata son la...
16 de julio, 2008Como es sabido, en Estados Unidos tuvo lugar el experimento más extraordinario en...
19 de julio, 2016- 5 de agosto, 2007











