La caída sincronizada de los mercados pone en duda la diversificación
Por Justin Lahart, Alistair MacDonald y Joanna Slater
The Wall Street Journal
La diversificación, es decir no poner todos los huevos en una misma canasta, ha sido durante mucho tiempo el principal pilar para invertir con seguridad. Pero eso funciona siempre y cuando no se caigan todas las canastas al mismo tiempo.
En las últimas semanas, activos en todo el mundo han caído uno por uno. Las acciones, los bonos de empresas, la deuda de mercados emergentes y una serie de derivados respaldados por hipotecas y otros tipos de préstamos han sido vapuleados. Hasta los commodities, como el oro y otros metales, a los que los inversionistas recurren específicamente porque sus precios no suelen moverse en sincronía con otros activos, se han visto arrastrados.
El resultado es que los inversionistas que repartieron su dinero en diferentes activos se encontraron menos protegidos de lo que esperaban.
“Se está volviendo más difícil encontrar activos que no estén estrechamente correlacionados. En pequeños lapsos de tiempo, los bienes raíces, las materias primas, la renta variable y la renta fija se están moviendo en bloque en direcciones similares”, dice Andrew Milligan, director de estrategia global de Standard Life Investments, firma escocesa de inversión que gestiona unos US$285.000 millones en fondos.
Los temores respecto a los bonos de alto riesgo causaron estragos en las bolsas el viernes. El Promedio Industrial Dow Jones cayó 2,1% a 13.181,91 puntos. Aunque aún acumula un alza de 5,8% en lo que va del año, está casi un 6% por debajo del récord de 14.000,41 puntos marcado el 19 de julio. El índice de 500 acciones de Standard & Poor’s está 7,7% por debajo de su récord, que también data del 19 de julio. Esto causa alarma porque se acerca al umbral de 10%, considerado una corrección. El S&P apenas ha avanzado un 1% en lo que va del año.
Gran parte del auge que mantuvo a flote a los mercados financieros durante los pasados años estuvo impulsado por una creencia entre los gerentes de portafolio de que al dispersar su efectivo en una multitud de inversiones podrían asumir un riesgo mucho mayor. Las firmas de Wall Street contribuyeron a satisfacer la demanda creando vehículos de inversión que agrupaban activos no correlacionados.
Debido a que creían que estarían más seguros con activos que no se mueven en sincronía, los fondos de cobertura y otros inversionistas prefirieron invertir con dinero prestado, lo que aumentó el flujo de efectivo hacia los nuevos vehículos de inversión. A medida que entraba el efectivo y empujaba los precios al alza, las acciones en todo el mundo, los bonos corporativos, la deuda en mercados emergentes, los valores respaldados con créditos hipotecarios y las materias primas comenzaron a transarse de manera muy similar. Cuando cayeron, y los fondos que habían usado dinero prestado para invertir tuvieron que vender activos para cubrir sus deudas, la correlación se volvió más fuerte.
La tendencia hacia los activos sin correlación cobró popularidad poco después del estallido de la burbuja tecnológica en 2000. Los inversionistas que se habían concentrado en las acciones tecnológicas sufrieron más que aquellos que habían repartido su riesgo entre varias clases de activos.
Diversos estudios muestran que los commodities se han comportado históricamente de forma diferente que las acciones y los bonos. Esto se debe, en parte, a que la inflación suele golpear las ganancias de las empresas, mientras que las materias primas son un componente de la inflación. Aun así, en los últimos años, los commodities se han comportado de forma similar que otros mercados. El precio del cobre y el aluminio sufrieron caídas de casi 5% en la semana que terminó el 27 de julio.
Debido a que muchos países en desarrollo siguen mostrando un crecimiento robusto, muchos inversionistas creen que las acciones y bonos emergentes pueden capear la tormenta. Pero a la vez que el Dow caía 4,2% en la última semana de julio, el índice de mercados emergentes MSCI perdió 3,8% en términos de dólar y el índice de deuda soberana y corporativa de mercados emergentes de Merrill Lynch cayó 1,5%.
Ante la creciente correlación de los mercados globales, los reguladores ya han comenzado a tomar nota. La autoridad de servicios financieros británica, que regula los mercados de Londres, la citó como un posible riesgo para 2007 en su informe sobre riesgos financieros.
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