Cristina Kirchner: ¿cambio sin cambio?
Por Gustavo A. Küpfer
Fundación Futuro Argentino
“La novedad del cambio será seguir en la misma dirección”. Si bien no sorprendió a nadie, la candidata oficialista dejó muy claro hacia donde pretende ir en caso de ser elegida. En esa sola frase, decidió dejar de lado el slogan de su primera campaña gráfica. Entonces, el cambio no comenzará en 2007 si Cristina Fernández de Kirchner resulta electa presidente. Esta definición no es menor. Permitirá no atenernos exclusivamente a lo que digan los eventuales portavoces de la candidata sino a lo realizado por su marido en los últimos cuatro años y lo que haga o diga el actual presidente y su entorno directo. La continuación de las políticas actuales es una premisa a considerar en cualquier análisis.
Las “tres construcciones basales”
Del discurso de lanzamiento de la candidatura es necesario rescatar algunas ideas que si bien distan de ser conceptualmente destacables, sirven para interpretar a la candidata. El discurso careció de datos duros y abundó en generalidades en un estilo presuntuoso. Sus afirmaciones fueron en general excluyentes, previniendo que es poco lo que podrá ser discutido con la eventual presidenta. También un rasgo de continuidad.
Tres fueron los puntos que a criterio de la oradora son los ejes de su eventual próxima administración y en concordancia con aquel estilo, deben ser considerados “casi fundacionales” y “sobre los que vamos a construir la Argentina que viene, la Argentina del bicentenario”. Una visión megalómana de la refundación constante.
“La reconstrucción del estado constitucional” es el primero de esos ejes. “Había una clara intuición popular que por presión de sectores, de grupos económicos, de grupos de presión, o tal vez por decisión, quien ocupaba ese sillón no era realmente quien tomaba las decisiones”.
Si entendemos al estado constitucional, según lo marca nuestra constitución, veremos que en realidad nunca un presidente avasalló de forma tan determinante y sin ningún prurito a los otros poderes, como se lo hizo durante los últimos cuatro años. Incluyó la idea del deterioro institucional de “ese Poder Legislativo que también por defección, por presión o por corrupción podíamos ver que en lugar de votar las leyes que merecían y necesitábamos los argentinos se votaba porque lo pedía el Fondo o porque un ministro tenía la Banelco”.
Desde hace cuatro años quien manejó la caja como instrumento de cooptación y de poder fue el propio Presidente. Desde el ahogo de la situación fiscal de la mayoría de las provincias y utilizando la masa de ingresos no coparticipables en manos del ejecutivo nacional, logró no solo la votación de una ley, sino la imposición de la agenda completa para el Congreso de la Nación. La ausencia de división de poderes alcanza también a la Justicia, desde la remoción y designación de los jueces de la Corte, hasta la implantación de mayorías controlantes en el Consejo de la Magistratura. Pocas veces la institucionalidad argentina ha sufrido tanto como con esta administración. De ahí que preocupa la continuidad de su planteo institucional.
El modelo económico y social
Entender que la economía es una actividad inherente y básica del ser humano, quizás fue el único acierto del discurso de la candidata cuando comenzó a explicar el segundo eje: el modelo económico y social. Planteó la dicotomía entre los modelos de acumulación (su elegido) y el modelo de transferencia de riqueza que a su entender “operó durante el modelo neoliberal de los años 90”.
Tal como empíricamente se verifica en el resto del mundo, la alternancia en el poder entre los partidos de orientación liberal y los de orientación socialista, determina que sean los primeros quienes acumulan riqueza, a través de la baja de impuestos y otros incentivos (no subsidios) a la actividad privada. Los segundos tienden a la redistribución de la riqueza nacional previamente acumulada. El sentido es justamente el inverso al mencionado por la Sra. De Kirchner.
Claro que ambas corrientes ideológicas, considerando la segunda en una versión modernizada y democrática, deberían hacer de la seguridad jurídica una piedra basal de sus respectivas administraciones. En nuestra tradición constitucional debería darse por sentado además, el respeto por la libertad y la propiedad privada. Sin embargo en la práctica del actual gobierno cuya continuidad se postula, estos valores han sido considerados elementos de importancia relativa. Partiendo de que estos conceptos deberían ser inmutables y deben respetarse si se pretende tener un país como el que queremos, su discusión y puesta en duda convierten a las próximas elecciones presidenciales en una ruletas rusa.
Revisionismo histórico
Preocupa que sólo podamos aprender de nuestra propia historia de un siglo atrás y no sepamos entender porque el mundo hoy está donde está. Sin descartar las experiencias de lo que sucedió entre 1880 y 1930, no debemos olvidar que hoy el mundo es totalmente distinto de aquel. Y los habitantes de este país, también.
Un mundo globalizado e hiper comunicado, no puede ser entendido en términos de una discusión de modelos agrícola-ganaderos versus industrialista. Ya no sólo no pueden ser considerados modelos antagónicos, sino que quien sólo cuente o favorezca uno sólo de ellos, será estructuralmente pobre. La economía moderna es mucho más complicada que enfrentar vacas con chimeneas.
Una visión excesivamente simple y parcial puede hacer pensar a la candidata y a toda la administración actual, que la razón de los logros económicos de los últimos años, debe buscarse en los aciertos de la gestión de su marido. Esto implica desconocer el impacto favorable de un excepcional contexto internacional, en el cual sólo cinco naciones en el mundo no han logrado crecer en el 2006, así como que el 47% de las naciones creció por encima del 5%. La Sra. de Kirchner habla de una cosecha record, como si el contexto legal-fiscal aplicado hubiera propendido a ese objetivo.
Es en realidad a pesar de la administración actual y gracias al impulso generado en la demanda global de alimentos, a los elevados precios internacionales y al esfuerzo de los productores del sector, que la Argentina logró ese record. El Estado logró vía retenciones a las exportaciones, sucesivos records de recaudación, manteniendo así los superávits gemelos ($26.300 millones de ingresos por retenciones e Impuesto al cheque versus $23.000 millones de superávit fiscal). Queda claro que los logros en la economía de esta administración, en poco o nada se deben a lo que sus responsables han hecho. Más aun, podemos afirmar que se lograron a pesar de ellos.
Nada dijo la Sra. De Kirchner respecto de la crisis energética, del creciente aumento del gasto público por encima del nivel de crecimiento de los ingresos, ni siquiera del déficit de seguridad que asola al país y nos coloca en una situación similar a la previa a la creación del estado moderno.
“Proponer la institucionalización del modelo”
“Yo veía en un acuerdo donde empresarios y trabajadores podamos acordar junto al Estado cuáles van a ser las metas a mediano y largo plazo, no solamente discutir precios o salarios, fijar el modelo en que vamos a trabajar y producir porque es lo que más le conviene al país.” “Este acuerdo institucionalizado es lo que va a garantizar entonces la novedad del cambio, que es precisamente seguir en una misma dirección”. Esta afirmación evidencia tendencias corporativas y esa esperanza se opone al resultado de las experiencias fracasadas de innumerables intentos anteriores de acuerdos empresario-sindicales.
La convocatoria a sectores del trabajo y la producción será a condición que toda discusión sea dentro del marco de asegurar “la novedad del cambio”. No estarán invitados los partidos opositores. Tampoco quienes quieran un cambio real. Ni siquiera aquellos que disientan en este discutible concepto de cambio.
Quizás estos planteos dejen intuir el intento de alguna nueva reforma constitucional. ¿Cual es el cambio? Si tomamos el sentido que a esta palabra le ha dado usualmente la izquierda latinoamericana, deberíamos pensar en alguna forma de afectar la libertad y el derecho de propiedad. Cuando se largan a rodar slogans y se juega con convocatorias de este tipo, no es fácil luego poner freno a quienes se ponen a correr y que sí saben hacia donde quieren ir. Dependerá de todos asegurar que la Argentina no se sume a la locura retrograda del chavismo.
El autor es economista.
- 10 de febrero, 2026
- 16 de agosto, 2008
- 8 de septiembre, 2014
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