Argentina: Un modelo agotado
Por Manuel A. Solanet
El Cronista
El nuevo ministro de Economía, Miguel Peirano, fue presentado por el Jefe de Gabinete como “industrialista y productivista”. Son dos denominaciones que sólo en la Argentina intentan referirse a una escuela económica. En esa presentación se las mencionó como una forma de reafirmar la continuidad de la política económica, que en ámbitos oficiales se la suele designar como “modelo productivo”.
La producción es en definitiva una acción virtuosa a la que nadie podría oponerse. Esto parece darle una suerte de indemnidad frente a eventuales críticas, a quienes defienden este modelo. Sin embargo si se lo describiera meramente como una política de tipo de cambio alto, con incentivos al consumo, con controles de precios, con sacrificio de jubilados y con fuerte crecimiento del gasto público, estaríamos más en la realidad y menos en el deseo. Pero más que el juicio sobre la bondad o no de este modelo, lo que nos interesa es si podrá continuar sosteniéndose en el futuro. Nuestra inquietud va más allá de las turbulencias de estos días en las que el Banco Central debió vender reservas para evitar desbordes en la cotización del dólar y el riesgo país alcanzó mayores alturas.
Este modelo ya dio lo suyo en cuanto a reactivación y creación de empleo a partir de un pozo recesivo y aprovechando la gran capacidad ociosa inicial en la industria y la infraestructura. La economía creció en los primeros dos años luego de la devaluación, principalmente por la sustitución de importaciones. Luego lo hizo por el aliento al consumo interno, la expansión monetaria y por los muy buenos precios internacionales de nuestros productos exportables. Hoy la capacidad productiva en la industria está en general intensamente utilizada y hay claros estrangulamientos en energía y transporte. En los últimos cinco años la inversión en maquinaria y equipos, así como en infraestructura, fue claramente insuficiente. El clima de inversión fue perjudicado desde el gobierno por su intervención en el sistema de precios, además de las fuertes debilidades institucionales y los equivocados alineamientos ideológicos.
Los subsidios y la estatización de las inversiones en energía y caminos, no han resuelto la cuestión. La primera evidencia contundente del freno al crecimiento por la crisis energética, vino con los datos de junio. Según la medición de FIEL, la producción industrial de ese mes fue un 1,3% inferior a la del mes anterior y prácticamente igual que la del mes de junio de 2006. En julio la caída industrial será más notoria. La falta de combustible y gas también está afectando al agro por las dificultades en las labores y la escasez de fertilizantes.
La limitación al crecimiento viene junto con las mayores presiones inflacionarias y el deterioro del superávit fiscal. También se prevé un debilitamiento de la balanza comercial. El llamado modelo productivo no tiene respuesta para estos problemas. A la inflación ha respondido con controles de precios y ante su insuficiencia, con la adulteración de los índices oficiales. A la falta de inversión en infraestructura, con los fondos fiduciarios, que han promovido corrupción e inmensos sobreprecios. Ha aparecido la desconfianza.
Los desafíos inmediatos son: a) superar la crisis energética, b) reactivar la inversión en general, c) normalizar la estructura de precios fuertemente distorsionada y hacerlo corrigiendo a su vez las presiones inflacionarias, d) lograr solvencia fiscal genuina y sostenible. El camino y las reglas no pueden ser diferentes de los aplicados en el mundo desarrollado, como se lo quiera llamar: neoliberalismo u ortodoxia económica. Tal vez haya otros nombres más digeribles para el folklore oficial, pero resulta claro que se deberá transitar rápidamente por las reglas de buena gestión, por el respeto por los contratos y al estado de derecho, por la honestidad pública, por la austeridad, y por la normalización de las relaciones políticas y financieras con el resto del mundo. Esto requerirá sin duda un esfuerzo de maduración y reconciliación entre los argentinos para un objetivo de grandeza.
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