La ética totalitaria
Por Manuel Terán
El Comercio, Guayaquil
Rápidamente el desenlace de los sucesos nos muestra la intención, cada vez más pronunciada, de algunos personeros del Régimen por tratar de imponer desde las esferas del poder su ideología muy cercana a la de los totalitarismos que, por la fuerza, dominaron media centuria del siglo anterior en los países de la Europa del este.
Y no es sorpresa que gran parte de esos ‘ideólogos’ sean viejos cuadros de los partidos estalinistas, que siempre han entendido por democracia la del partido y pensamiento único. Así, modelada por setentones nostálgicos y sus pupilos que aún no se convencen que el mundo cambió desde la caída del muro de Berlín, la patria nueva intenta construirse a vista y paciencia de cientos de miles de ecuatorianos que no se percatan que, a través del eslogan dominante, lo único que pretenden es maniatar a la sociedad a pretexto de crear una nueva organización social. Para ello sus alfiles han invadido todo hasta controlar casi todas las esferas del poder: el organismo llamado a velar por la constitucionalidad, el Congreso, el ente vigilante de los procesos electorales, varios órganos de control y el antiguo instituto emisor.
De manera contraria a lo que buscan las corrientes modernas, que pretenden institucionalizar la democracia a través de organismos que no sufran los embates de los cambios de Gobierno, aquí lo que se ha hecho, de la forma más inconstitucional y grotesca, es precisamente arrasar con todo, para en la forma más arcaica copar esas instituciones con personas adictas al Régimen, con lo que se elimina toda clase de independencia y equilibrio en las decisiones.
Y se lo trata de justificar con una supuesta ética. Claro, aquella que se difundía a través de los catecismos marxistas que entienden que todo es legítimo y válido si se trata de captar el poder supuestamente por el ‘pueblo’. De ahí en adelante todo será prístino y transparente. Como lo han sido, supuestamente, las filmaciones ilegales o los actos de proselitismo político del Régimen que coloca en clara desventaja al resto de candidatos que, luego de haber apoyado un estatuto tramposo, ahora se quejan por la falta de garantías electorales.
Pero lo inaudito es que quienes aparecían como democráticos y defensores de derechos de las personas terminen de ‘escribidores’ de un Régimen que está haciendo tabla rasa con los más elementales derechos constitucionales.
Al menos, algunos ya han tenido la decencia de hacerse a un lado, por la serie de atropellos que en contra de tantos ciudadanos se ha cometido en estos cortos meses de gobierno. Pero otros, instalados en los poltrones de la burocracia, fungen de soportes intelectuales de un proceso que no puede esconder sus ribetes totalitarios.
Por ello no es de extrañar los ataques a la prensa libre, que no se somete ni calla cuando se producen tantos desatinos. Ya se lo venía venir como tanto se anticipó. Lo primordial es constatar cuánto profesional decente, que jamás se ha obnubilado ante una lisonja, ahora combate día a día los arrebatos totalitarios que quieren sumirnos en la hora más oscura de la historia, en la que, por un estado de locura colectiva, un amplio número de ciudadanos se apresta a demoler el régimen de libertad.
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