El “Funcionario Público”
Es que parece increíble, pero es cierto, que se piense que el Estado –o el presidente- es el “elegido” para terminar y aliviar todos los males de cada ciudadano; que se piense que el Estado está conformado por seres superiores con características divinas, incapaces de robar, cohercionar o abusar hasta de un ciudadano que por mala suerte se atraviese en el camino de algún “funcionario elegido” y termine siendo encarcelado o incluso impedido de usar alguna banda del espectro electromagnético si el funcionario “santificado y sabio” considera que así debe ser.
Pero la realidad del caso es que la gente ha olvidado por completo que los funcionarios públicos, desde el Presidente, están para servir –entiéndase bien, servir- a sus ciudadanos, a los que les eligieron, a los que pagan sus sueldos. La gente ha olvidado por completo que nosotros somos quienes tenemos que pedirles rendición de cuentas a ellos, y que no son ellos los encargados de cohercionarnos, quitarnos libertades y/o derechos que por naturaleza y condición de seres humanos los tenemos.
Los funcionarios del Estado fueron designados para cumplir obligaciones especiales y específicas que permitan simplemente un marco de seguridad física como jurídica para que los emprendimientos de las personas se puedan llevar a cabo con tranquilidad. Esa es la función legítima de un Estado, ni más, ni menos –es decir un estado limitado-. Los buscadores de rentas, mediante la propaganda, han convencido a la población de lo contrario.
¿Y quién les limita a ellos la inmoralidad de generar publicidad para sus coidearios, o aún para presentar sus slogans de grupo o campaña como slogans o metas de Estado, con dineros que pertenecen a los contribuyentes?
Para ellos tener asegurada su supervivencia, ganar fama y obtener poder –cosas que ni en su vida podrían imaginarse- han hecho de nuestros estados algo totalmente ilimitado, estados que para poder cubrir sus gastos excesivos han tenido que crear cada vez más áreas de ingerencia en la vida de los ciudadanos, e incluso llegar al colmo de ingeniarse la forma de meter la mano al bolsillo de las personas -de una manera “legal”-, como es el caso de la “moneda propia”. Sin la “moneda propia” los “gobernantes” no se podrían dar el lujo de emitir mas billetes para cubrir sus excesivos gastos, con los cuales pueden demostrar que han hecho algo – suponiendo que no vaya a parar a sus grupos monopólicos y cuotas electorales – a cambio del empobrecimiento (inflación) de toda la población a la que dicen representar.
Los funcionarios públicos no están para cerrar medios de comunicación, no están para abusar de las leyes bajo cualquier pretexto (pues éstos nunca faltarán), no están para gastarse nuestro dinero como les venga en gana, no están para obligar a los ciudadanos a producir obligatoriamente (fijando precios o evitando que los productos se vendan en otros países), no están para inflamar los ánimos entre regiones o distintos sectores de la población, no están para insultar o ridiculizar a quienes no estén de acuerdo con ellos.
Los ciudadanos deben exigir sus derechos, buena atención, rendición de cuentas claras, además de mantener su frente en alto cada vez que son mal atendidos por los funcionarios públicos y recordarles que nosotros pagamos sus sueldos, y que ellos simplemente deben cumplir con su trabajo.
- 10 de febrero, 2026
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