Ni los cubanos creen en la recuperación de Castro
Un año después de haber visto al octogenario dictador por última vez en público y habituados ya a su prolongada ausencia, casi dan por sentado que faltará al acto de celebración nacional del 26 de julio.
“Olvídalo, no va a salir”, dijo tajante un joven que jugaba dominó en una calle del popular barrio del Cerro. Menos contundente, su pareja de juego coincidió: “Yo ya perdí las esperanzas”.
Los cubanos, que no ven a Castro desde los dos actos del 26 de julio de 2006 en Bayamo y Holguín (750 km de La Habana), creyeron que reaparecería, de nuevo en uniforme verde oliva, en al menos cinco ocasiones, sobre todo el 2 de diciembre en un desfile militar en su honor y el 1 de mayo, Día del Trabajador.
Si no reapareció esos días en la Plaza de la Revolución en La Habana, coinciden muchos, menos lo hará esta vez en la ciudad Camagüey, sede del acto este año, a 540 km de la capital.
“No va a salir. Hay que tomar en cuenta que es un hombre de casi 81 años y enfermo”, declaró a la AFP Esther, una anestesióloga jubilada, que ya pasa los sesenta.
Como ella, todos los cubanos quedaron impactados frente al televisor la noche del 31 de julio de hace un año, cuando escucharon la proclama en la que Castro cedía a su hermano Raúl el poder, tras ser sometido a una operación por una aguda crisis intestinal.
Atónitos, dos semanas después, vieron imágenes del dictador postrado en una cama. Al principio todo fueron rumores. Circulaban por la calle las versiones de muchas cirugías, de un cáncer, de una pérdida del cabello y la barba, y hasta de que había muerto.
“Los cubanos hemos seguido con atención la convalecencia de Fidel, lo único que ahora sabemos es que está mejor y nos preocupamos menos”, comentó en la Universidad de La Habana una joven estudiante de Física, quien no quiso revelar su identidad.
Leyendo el diario Granma en una banca del Parque Central, Ernesto Berroa, un técnico de aviación de 46 años, dice que ha “seguido sus reflexiones” y cree “que está mucho mejor”. “Podría aparecer ese día en Camagüey”, estimó.
“Yo pienso que no, pero creo que mandará un mensaje al pueblo el 26. Se está recuperando, aunque para morirse solo hay que estar vivo”, dijo un ama de casa sesentona, que vive en el barrio Vedado.
Los esposos Plácido Ramos, 72 años, y Valentina Fernández, de 66, que hacían un recorrido cultural de verano por La Habana Vieja, dijeron querer verlo en Camagüey, pero recordaron que “no fue una, sino varias cirugías”.
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