En otro aniversario del asalto al cuartel Moncada
Por Armando Pérez Roura
Diario Las Americas
A propósito del mes de julio, se impone ir haciendo recuentos desde aquel día 26 del año 1953, cuando el gángster irrumpió en la escena política de nuestro país y lo marcó para siempre.
El aspiraba a todo. El poder era su objetivo y si para lograrlo tenía que derramar sangre de cubanos lo hizo el día de Santa Ana. Destruyó a los que estaban en su contra y los que estaban a su favor, cuando se convirtieron en una sombra, en un estorbo o ya no le eran útiles, los fue eliminando.
Quería el mando total. Convertir a Cuba en una propiedad, y para eso estaba dispuesto a hacerlo todo. Fusiló a cientos de compatriotas, envió a morir a miles a otras tierras en sus abominables campañas de penetración. Fueron miles los que murieron defendiendo a sus países en contra del castrismo, sin contar los miles de desaparecidos en el Estrecho de la Florida huyendo de la represión, además hay que incluir las víctimas de los atentados terroristas y finalmente los que se suicidaron por la frustración que les provocó la denominada “revolución cubana”.
Sin tener un orden cronológico podemos recordar entre ellos, en marzo de 1959 el presidente del Tribunal Militar, comandante del ejército rebelde Félix Lugerio Pena que absolvió a oficiales de la aviación, y el sátrapa ordenó un segundo juicio para condenarlos y él ante la impotencia, se suicidó.
Raúl Chirino, se dice que mantenía relaciones personales con Fidel Castro, y el comandante Hedí Suñol, se quitaron la vida y nunca se conocieron las razones de la decisión. Nilsa Espin, cuñada del asesino sustituto, se suicidó en el despacho de éste y ese mismo día en Pinar del Río lo hizo su esposo.
En 1971, el funcionario Javier Varona, por redactar un documento valorando los daños económicos que causó la fallida zafra de los diez millones, fue detenido y cuando salió de la cárcel, puso fin a su vida.
En esa misma década, Alberto Mora, hijo de Menelao Mora, y por mucho tiempo Ministro de Comercio Exterior, supuestamente por defender públicamente a su amigo, el poeta Heberto Padilla, fue internado en una granja de castigo donde posteriormente apareció muerto.
Algo simbólico, un 26 de julio de 1980, la Presidenta de la Casa de las Américas y ex-guerrillera de la Sierra Maestra, Haydee Santamaría se quitó la vida y en junio de 1983, se dice que por enfrentamientos con Ramiro Valdés, ex-presidente del castrismo y luego Ministro de Justicia, Osvaldo Dorticós hizo lo mismo.
Un denominado hombre de confianza del Comité Central, Jesús Manuel Suárez salió de su trabajo y se fue a las afueras de la ciudad y se ahorcó. Parece que como consecuencia de la Causa #1, a mediados de 1989, dos coroneles del ministerio del Interior, Rafael Alvarez Cueto y Enrique Sicard, se quitaron la vida.
Miguel Angel Quevedo, ex-director de la revista Bohemia se suicidó en Venezuela. Beatriz y Laura, hija y hermana del ex-presidente de Chile, Salvador Allende, pusieron fin a sus vidas, la primera de un disparo y la segunda se suicidó lanzándose al vacío del piso 16 en un edificio de La Habana.
No existe una estadística que pueda reflejar cuántas vidas ha costado la permanencia del sátrapa en el imperio del terror. Ha violado todos los principios y derechos humanos, aunque es cuestión de tiempo, porque ya está en alto sobre su cabeza la “guadaña” en conteo regresivo y tendrá que rendir cuentas ante la Justicia Divina.
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