¿Mojito cubano o combinado nacional?
Por Paula Schmidt M.
La Segunda
“No deja a nadie indiferente”: cliché más que remachado para describir a aquellas figuras que trascienden en el tiempo por su estampa y que descollan fortaleza, seguridad y poder. Fidel Castro Ruz es una de esas personalidades, logrando cautivar atención mundial desde que proclamó su revolución en Cuba, hace 48 años atrás.
Desde académicos a políticos; artistas y empresarios. Todos, independiente a su color político, desearían compartir un momento con este capítulo vivo de la historia encarnada quien, a pesar de haber traspasado el poder a su poco carismático hermano Raúl, un año atrás, mantiene a la isla en un limbo político, debido a que el mito aún no ha muerto.
Nuestra Presidenta es una más de aquellos entusiastas (idealistas) ansiosos por retratarse con un verdadero personaje antes de que ese vozarrón, que tanto la ha impresionado (La Tercera. 8 de Julio, 2007), no sea más que una reproducción de la realidad, a través de los medios. Ha manifestado públicamente sus deseos de sostener un encuentro personal con Fidel y sabe que el tiempo es limitado, ya que Cuba nunca será lo mismo una vez que el Comandante deje de controlar las mentes y movimientos de sus habitantes.
A pesar de que el régimen castrista enarbola una utopía para el Siglo XXI: el camino socialista de clásico corte totalitario, Bachelet prefiere mirar para un lado, concentrándose en genio y figura, aunque sea para la foto, apartándose así de lo que su propio mandato desea instaurar como su sello hacia el 2010: los ciudadanos. Pero, al parecer, la política moderna es así. Se dice, pero no siempre se hace acorde…
No puedo negar que, ante la oportunidad, yo también acudiría a sondear la persona de Fidel, pero hay una pequeña-gran diferencia entre Bachelet y yo. Ella es la Primera Autoridad de la República de Chile yo, en cambio, una ciudadana más. La Presidenta representa a toda una nación, mientras que yo, sólo mis intereses personales.
Mientras la respuesta del gobierno de Castro para recibir a nuestra Mandataria se hace esperar, ésta da lugar a reflexiones de tipo prácticas, ya que Bachelet ha señalado (en privado) que, a pesar de que el régimen cubano ha violado sistemáticamente los derechos humanos en lo que se refiere a libertades democráticas (derecho a elecciones, expresión, participación, emprendimiento, disidencia, libertad religiosa y educacional) prefiere poner el acento en el respeto de otros derechos, como el acceso garantizado a la educación, salud y vivienda.
Sin duda que los médicos cubanos han sido un excelente pasaporte diplomático para la isla, pero no es suficiente, ya que las secuelas ciudadanas de un régimen encerrado en sí mismo acarrean un profundo resquebrajamiento social, corrupción, falta de seguridad judicial, una economía politizada incapaz de solucionar la brecha de desigualdad de oportunidades (en manos de unos pocos privilegiados) y disminuir la pobreza, la creación de capital social y estrategias de desarrollo y un dogmatismo insaciable a la hora de dejar espacio para un periodismo libre que emita información sensible a la naturaleza humana, colaborando, así, a crear una recta opinión pública.
¿Qué es lo que mueve a Bachelet, entonces, para emprender esta iniciativa independiente a las gestiones de Cancillería?…
Un protagonismo efímero es lo que motivará el encuentro presidencial, agendado para octubre de este año, reflejándose, así, una de las razones por las cuales América Latina, en su conjunto, ha perdido relevancia dentro de la agenda internacional: la región debe aprender a pensar en términos estratégicos y actuar resueltamente en asuntos continentales y del mundo y no seguir otorgando señales de ilusiones por apoyar (¿resucitar?) ideologías comprobadamente débiles por sus magros resultados de asistencia y desarrollo social.
Si logra concretarse la cita entre Bachelet y Fidel el avance de una agenda chilena que se distinga por su complejidad dentro del escenario internacional no será posible, ya que, para el caso de Chile, no basta con ser un actor global únicamente en el comercio. Se requiere, además, una manera de entender el mundo que sea coherente y que incluya el respeto por la democracia, los derechos humanos y el imperio de la ley, ya que la autonomía dentro de la comunidad internacional empieza por casa y trasciende lo que para el 81% de los chilenos, según la última encuesta CEP, configura el qué hacer político: los propios intereses electorales.
Paula Schmidt M. es Periodista e Historiadora
- 15 de agosto, 2022
- 10 de febrero, 2026
- 25 de noviembre, 2020
Artículo de blog relacionados
Por Hernán Yanes Diario Las Americas El cubano promedio parece haber recibido como...
22 de octubre, 2009- 26 de septiembre, 2013
- 19 de noviembre, 2018
El Universo El presidente dijo esta semana: “En estos tiempos difíciles veremos lo...
19 de diciembre, 2014













