Al pan, pan y al subsidio ¿cómo lo llamamos?
Por Juan Paredes Castro
El Comercio
La turbulencia social de las últimas semanas ha cogido al gobierno sereno y firme, pero no necesariamente bien preparado para enfrentarla.
Como no ha tenido una “estrategia gerencial social” (anótense bien estas palabras) para movilizar y distribuir inversiones y recursos humanos calificados desde un comienzo, ni ha trazado una raya muy sólida de competencias, transferencias y responsabilidades con las regiones, ha despertado de pronto a agitaciones reales y artificiales, pero agitaciones al fin, con la única arma que tiene por ahora: la de la respuesta contingente, que por supuesto asegura solo beneficios temporales.
El primer deslinde que hay que hacer es que buena parte de esa turbulencia estuvo acicateada por el Sutep, cuya agenda no pasa esta vez por ningún reclamo salarial, sino por su terca oposición a la aprobada ley de la carrera pública magisterial que incide en un compromiso de calidad del docente que la organización sindical no está en condiciones de aceptar y que, por el contrario, busca combatir.
Al margen pues de la solidaridad que le expresan en las calles las fuerzas radicales magisteriales de Robert Huaynalaya, la CGTP y Patria Roja, el Sutep no tiene otra salida que la de pasar por el aro de la nueva ley, le guste o no. Dependerá también del ministro de Educación, José Antonio Chang, no dejarlo irse por las ramas. Deberá reducir el marco de lucha del sindicato magisterial al punto central en conflicto, y nada más. Y la mejor alianza del lado de la calidad de la enseñanza que se quiere defender son las dirigencias de las Apafa. En suma: el Sutep solo debe tener para escoger dos cosas: la nueva ley y su mandato expreso o la vida política vegetal en las filas de Patria Roja.
El manejo de los conflictos en Arequipa, Apurímac, Ayacucho, Huancavelica, Puno y Ucayali en base a aranceles cero para la harina, subsidios a los combustibles de mayor consumo y extensión de ciertas exoneraciones tributarias podría darle al gobierno el oxígeno necesario para poner al Sutep en la línea recta de la ley magisterial, pero estas medidas no dejan de constituirse en serio riesgo fiscal y estarían desplazando a las reales y efectivas que deberían aplicarse.
En un país como el nuestro acostumbrado a que lo provisional se vuelva permanente y lo permanente provisional, ¿cómo encajan entre sí todas las piezas tan dispares del rompecabezas social?
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