¿Conflictos de intereses?
Por Armando de la Torre
Siglo XXI
Nuestra prensa ha dado pasos enormes para mejor, en los últimos veinte años.
Persisten, empero, carencias que arrastramos de décadas y que urge reducir.
Quiero aludir hoy a los frecuentes, y muy delicados conflictos de intereses, entre prensa y política. Estamos en un año electoral, y una llamada de atención podría constituir mi modesto aporte a ese bien común que llamamos sistema “democrático”.
Nuestra prensa ha dado pasos enormes para mejor, en los últimos veinte años. Su información abarca más que antes, en particular sobre el entorno internacional, la habitual Cenicienta entre las preocupaciones de nuestros magnates de los medios masivos de comunicación.
Sus páginas editoriales calzan las firmas de jóvenes y talentosos columnistas. El debate público se ha vuelto más franco, intenso y variado.
La competencia por la calidad en informar domina la radio, la televisión y, últimamente, en los múltiples y novedosos accesos a la internet
Persisten, empero, carencias que arrastramos de décadas y que urge reducir o tal vez utópico, eliminar.
Una de ellas es de pura forma: la redacción reporteril, con muy contadas excepciones, es pobre. O dicho de otra manera: su vocabulario es insuficiente y confuso. Hasta su manejo de la gramática resulta demasiado tosco para el creciente nivel de educación y cultura de sus destinatarios, los lectores.
También las técnicas estrictamente informativas, del periodismo investigativo, por ejemplo, adolecen de fallos que se podrían con más cuidado evitar. Ni siquiera los encabezados encajan a veces con el contenido del texto que les sigue; peor aún, el evento del que se quiere informar a menudo se pierde ya desde el inicio entre divagaciones insulsas de los mismos reporteros, y el abuso de términos ambiguos, o vagos, salpica con demasiada frecuencia todo el reportaje.
Sus fuentes de información parecen demasiado endebles, y sus conclusiones precipitadas. También es obvia la tendencia de algunos hombres y mujeres de prensa a rehuir la responsabilidad por sus errores.
La necesaria selección de los tópicos sobre qué informar se me antoja a veces deprimente. Violencia, sexo y escándalos se ofrecen en el supuesto de que vende más.
Tendencias de fondo, en cambio, análisis científicos, expresiones literarias chispeantes, avances tecnológicos recientes, informaciones acuciosas para el largo plazo (los temas de familia, salud y mercados), eventos culturales, explicaciones históricas contextuales, todo lo que se logra y construye en paz, queda subordinado al amarillismo en lo dramático.
Desde un punto de vista estrictamente ético, tanto sensacionalismo se ve más nocivo. Porque donde hay engaño no hay mercado libre.
Se prejuzga y se condena en exceso, en perjuicio de inocentes. Se nos deslizan ponderaciones distorsionadas porque se pretende favorecer “causas” ideológicas o figuras públicas mucho más allá de lo que merecen por sus méritos respectivos.
En todo esto, se evidencian colusiones cuestionables de intereses entre actores e informadores, a costa de la verdad que se debe a los lectores, a quienes se les venden subrepticios juicios de valor camuflados de “hechos” de interés humano.
Eso se traduce en parcializaciones interesadas de los diferentes medios masivos de comunicación, que cualquier agudo lector discierne. Mucho mejor sería remitirlas con exclusividad a la páginas editoriales.
El encargado de comunicaciones, valga el caso, de uno de los más importantes partidos es el hijo de un director de un diario escrito y el sobrino de otro, y eso parece traslucirse en el espacio concedido en ambos diarios al candidato presidencial de tal corriente política.
La televisión abierta, por otra parte, se suele sesgar hacia un pariente del monopolista de todos conocido que la controla desde Miami. La radio, en cambio, es un conjunto plural de feudos en feroz competencia pero, eso sí, casi cada uno en connubio con algún poderoso grupo de presión, por si acaso…
Y ¿qué decir de los ataques anónimos y de las “campañas negras” a que se prestan ocasionalmente algunos medios?
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