El perverso estado benefactor
Por Ramón Parellada
Siglo XXI
Europa se está quedando sin gente. Su crecimiento poblacional es cada vez menor, y en algunos países la idea de tener hijos es rechazada porque puede afectar la forma de vida que el Estado benefactor ha promovido.
El ser humano siempre busca mejorar. Por ello actúa. Quiere pasar de una situación menos satisfactoria a una de mayor satisfacción. Sin embargo, la persistente búsqueda de la igualdad económica a toda costa ha llevado a la construcción de sistemas económicos que reducen esa posibilidad de mejorar, tanto material como espiritualmente.
Las iglesias están casi vacías y es raro ver a los jóvenes en ellas. La religión está perdiendo terreno. Las familias, base fundamental de cualquier sociedad, ya no son lo que eran antes y el matrimonio está perdiendo terreno frente a una forma de vida sin compromisos serios. El aborto se ha vuelto común, y las justificaciones, en algunos casos, contraponen la vida de una nueva criatura humana a unas vacaciones a las que no se está dispuesto a renunciar.
La seguridad de una vida cómoda, aunque mediocre, ha ganado terreno a la inseguridad de correr el riesgo personal a mayores beneficios por tomar riesgos en libertad, asumiendo la responsabilidad de las pérdidas como parte del mismo juego.
El Dr. Charles Murray, famoso por su polémico libro La Curva Bell, ha sido un crítico del Estado benefactor que elimina la libertad a cambio de una mayor igualdad económica y una mayor injerencia del Gobierno en la vida privada de sus ciudadanos. En su última publicación, En Nuestras manos, hace una propuesta realmente cuestionadora del Gobierno como proveedor de servicios como la seguridad social, la salud, subsidios y todo lo que los políticos llaman gasto social. A cambio, y dado que aparentemente es imposible luchar contra el pensamiento popular de una mayor igualdad económica, sugiere eliminar todo el gasto social del Gobierno de Estados Unidos a cambio de darle $10 mil anuales a cada ciudadano a partir de los 21 años.
El ejercicio mental en el que uno se ve inducido a desarrollar mientras lee el libro es sumamente revelador.
El Gobierno es ineficiente por naturaleza, y la propuesta del autor es mucho más económica. Con los $10 mil mensuales se busca que cada quien recobre su libertad de escoger cómo vivir, proveerse su propia salud y mantener su propia vida al margen de políticos y burócratas estatales. El resultado, dice Murray, será recobrar la individualidad y la libertad que crea responsabilidad en sus propios miembros. Se recobrará el espíritu emprendedor a cambio de renunciar a la mediocridad del sistema actual.
Rafael Termes, en su libro El poder Creador del Riesgo comentaba que, “la renuncia a niveles personales de mayor realización, tanto espiritual como material, por la aversión al riesgo que la búsqueda que estos logros entraña, va produciendo la impresión de que el hombre contemporáneo ha dejado de anhelar el máximo posible, para convertirse en aspirante a la mediocre seguridad”.
Quienes atacan el liberalismo, o sea, el que los seres humanos actúen en libertad y sean responsables de sus propios actos, corran sus propios riesgos y mantengan esa creatividad innata, suelen proponer a cambio el Estado benefactor, o sea, un sistema mediocre y menos eficiente, con el agravante de llevar el incentivo perverso de la destrucción espiritual y material de la sociedad.
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