Hans Sennholz: Memorable cátedra
Por Carroll Ríos
Siglo XXI
Con su fuerte acento alemán,Sennholz nos empezó a fustigar con pasión.
Hans Sennholz murió hace unos días, el 23 de junio, a la edad de 85, tras influir en más de 10 mil jóvenes que pasaron por su afamada cátedra en la Universidad de Grove City y en otros sitios. Fue una de esas personas que dejan huella, aún cuando pasan por nuestras vidas como chiflón.
Yo lo conocí brevemente en abril de 1986, aunque ya había estado leyendo sus artículos por años. La totalidad del Club Libertario de Dartmouth College (¡éramos cuatro!) viajamos a la sede de la Foundation for Economic Education (FEE) en Irvington-on-Hudson, para asistir a un seminario sobre la libertad. Teníamos muchísima ilusión de conocer a los autores que acostumbrábamos leer, como a Hans Sennholz, Edmund Opitz y a Bettina Greaves.
“¿No han conocido a Hans Sennholz?”, nos preguntaban los demás conferenciantes con una sonrisa misteriosa. Nuestra curiosidad y admiración crecía conforme nos aportaban datos sobre el economista alemán: había sufrido durante la II Guerra Mundial, perdiendo a ambos padres y a su hermano trágicamente. Fue piloto aviador con la Luftwaffe; su avión fue derribado sobre el África del Norte y paró en un campo de prisioneros en Austin, Texas, donde tuvo oportunidad de estudiar.
Al finalizar la guerra, retornó a Alemania para completar sus estudios de economía en Marburg. Obtuvo un doctorado en ciencias políticas de la Universidad de Colonia. Allí leyó por primera vez a Ludwig von Mises, quien para ese entonces ya estaba en la Universidad de Nueva York. Por ello, retornó a Estados Unidos y, en 1955, se convirtió en uno de cuatro estudiantes que completaron sus doctorados bajo la dirección de Mises.
Hasta que habló no comprendimos por qué este hombre sin pretensiones, de corbata ancha y saco arrugado, era visto como el conferenciante estrella. Con su fuerte acento alemán, Sennholz nos empezó a fustigar con pasión. Señalándonos con un dedo acusador, nos dijo que la Gran Depresión no fue causada por mercados no regulados, la competencia despiadada ni un avaro afán de ganancia, como otros nos habían malinformado. Realmente habían sido cuatro depresiones, una tras otra, siguiendo el ciclo comercial.
Enérgicamente, Sennholz trazaba grandes círculos en el pizarrón. Una serie de políticas públicas, como la inflación, la expansión del crédito, los aranceles proteccionistas, las leyes laborales, las leyes agrarias e impuestos altos, medidas pregonadas desde los años veinte, produjeron la debacle de los treinta. Con precisión, aportaba datos y cifras. Aclaró las dudas con lógica irrefutable. Su enseñanza quedó grabada en nuestras memorias para siempre.
Esa autoridad y el amor por su profesión brotaban no sólo del rigor intelectual sino de una fuerza moral que se ejemplifica bien en su exitoso matrimonio de 52 años con Mary. Sennholz, y otros de su generación, poseían cualidades como la integridad, la tenacidad y la responsabilidad personal, que les permitieron hacer aportes positivos a la humanidad. Que este retrato del profesor Sennholz nos sirva a todos para seguir sus pasos.
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