El sueño latinoamericano
Por Mauricio De Vengoechea
Siglo XXI
Las autoridades se verán obligadas a buscar, perseguir y deportar a millones de personas.
Con la decisión del Senado, de rechazar la Ley de Inmigración, Estados Unidos perdió la oportunidad histórica, al menos por ahora, de resolver por la vía legal un hecho contundente e irreversible a la vez.
La existencia de más de 12 millones de personas, especialmente latinos que, aunque con estatus ilegal, forman parte de la realidad económica y social de este país. Y es que más allá de las repercusiones políticas de esta decisión, que seguramente jugará en contra del Partido Republicano en las elecciones presidenciales de 2008, en razón de las posiciones radicales de sus senadores más conservadores, las consecuencias en contra de los millones de latinos que viven en territorio americano, seguramente serán aterradoras y desmedidas.
A cuenta de tener que cumplir con la Ley, las autoridades se verán obligadas a buscar, perseguir y deportar a millones de personas, quienes sin importar si pagan sus impuestos, se convierten a partir de ahora en sospechosas de atentar contra la seguridad de Estados Unidos y su territorio.
Estamos hablando de “gentes tan peligrosas”, como las cocineras domésticas o nanas que cuidan a los hijos de los ejecutivos de residentes o ciudadanos en los parques; los cientos de miles de trabajadores del campo, recogedores de tomates en California o naranjas en la Florida. Además, infinidad de meseros, cocineros y ayudantes de cocina de los restaurantes; la fuerza laboral de las grandes fabricas de Illinois; las miles de maestras de las escuelas públicas y privadas que tienen a su cargo la enseñanza del español como la segunda lengua de este país.
También enfermeras y ayudantes de enfermería de cientos de hospitales ubicados en las principales ciudades de los Estados del territorio americano y los cientos de miles de trabajadores de tiendas y almacenes en los centros comerciales a los que acuden diariamente los consumidores del sistema, por solo mencionar a algunos de los mal llamados Illegal Aliens o Seres Ilegales. Como si las personas no perteneciéramos todos a una misma familia: la de los seres humanos, donde no cabe la concepción de seres humanos ilegales.
Desafortunadamente, la realidad hoy es dura y las consecuencias serán peores, ya que, paradójicamente, en un país que se precia de ser aquel que mayor importancia da a la familia, la errónea decisión de la semana pasada y las deportaciones por venir nos harán testigos de la separación de miles de hijos de sus padres, o viceversa, y de miles de mujeres y hombres alejados de sus cónyuges, con las graves consecuencias que trae consigo el desmembramiento familiar de los hispanos de Estados Unidos.
De nada pareció servirle a millones de los nuestros su trabajo y esfuerzo para conseguir el sueño americano que otros inmigrantes consiguieron a lo largo de los años cuando, al igual que los latinos, contribuyeron denodadamente a construir y desarrollar un país como Estados Unidos, que se precia de no discriminar a nadie y de ser libre y democrático.
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