Yemen, en el puesto 149
Por Darío Valcárcel
ABC
En el anuario de las Naciones Unidas, Yemen figura por su índice de desarrollo en el puesto 149 (Noruega en el primero, España en el veinte). País pobre, difícil, de mal clima y régimen duramente autoritario. El gobierno yemení controla un 25 por ciento del territorio; las otras tres cuartas partes van a su aire.
El oeste formaba parte de la Arabia fértil, que acabó hace 3.000 años (otro cambio climático). Yemen devino teóricamente independiente en 1918, al liquidarse el imperio otomano. Un protectorado británico se formó en torno a Aden. Los británicos se retiraron en 1967. La sangrienta guerra civil de 1970 dividió al país, con grandes movimientos de refugiados. La unificación llegó 20 años después. Yemen con una extensión parecida a España y 22 millones de habitantes, está cubierto por el desierto en su 85 por ciento. Su renta per capita roza los 1.000 dólares (España, 27.500). Hasta aquí, la ficha.
Desde los años 1970, Yemen ha tenido relaciones conflictivas con sus vecinos, Arabia Saudí, también con Omán, un estado abierto y culto, casi del tamaño de Reino Unido, poco poblado, apenas 3,5 millones de habitantes. Omán, vecino de Yemen, demuestra la posibilidad de articular una pre-democracia bastante libre y transparente en tierras arábigas. La imposición fiscal yemení apenas llega al 15 por ciento (todo estado moderno necesita recaudar un mínimo del 30 por cien). Los recursos policiales son pocos, en parte basados en el arbitrio y el miedo. El sufrimiento y el silencio de la población civil son altos. Las víctimas inocentes son muchas, con frecuencia mortales. El actual presidente, Alí Abdalá Salih, en el poder desde 1990, prefiere focalizar, controlar el territorio posible.
La situación de Yemen era casi insostenible hasta que se encontró algún petróleo, hace 15 años, hoy 390.000 barriles/día, menos de la mitad de Omán. Pero Omán es gran productor de gas, del que Yemen carece. Al este del desierto de Hadramut, los omaníes habían sufrido en los años 1970 los ataques de guerrillas yemeníes de corte trotskista. Sabiamente, Omán optó por ayudar a Yemen 10 años después, en la extracción y comercialización del petróleo. De Yemen procede Bin Laden. Su padre, un constructor de fortuna, prosperó sorprendentemente en Riad, entre contratos opacos y ventajas recibidas de la familia saudí. Es frecuente depender en esas latitudes del favor del poder, pero es raro que un vástago de la familia organice un movimiento terrorista de magnitud internacional. Al Qaeda, recordemos, significa La Red.
En el cuerno de África hay algunos estados fallidos, Somalia, Djibuti, en parte Yemen, Eritrea, Etiopía. Durante cientos de años, sus poblaciones han vivido del pastoreo y el comercio. De golpe han aparecido los satélites de observación, la óptica electrónica, los sistemas de decriptaje, los vehículos ultrarrápidos… Todo esto ha provocado un gigantesco desconcierto y multiplicado el peligro. Hay regiones del mundo que parecen condenadas, y no es enteramente así. Antes los hombres no conocían las tragedias lejanas. Hoy las saben al instante.
Las instituciones han sido ideadas, probadas, para resistir grandes choques y absorber sus efectos. Yemen es un estado débil, sin apenas instituciones. Las viejas democracias occidentales han conseguido integrar un nivel creciente de libertad con un grado alto de fiscalidad, digamos en este excesivo resumen. Existe hoy un fuerte tráfico de personas, armas y drogas, a través del océano, entre Aden y Bosasso, en la costa de Somalia: millares de refugiados transitan de norte a sur o de sur a norte, según los enfrentamientos, junto a toneladas de armas y kilos de droga. En diciembre del 2005 un alto funcionario del ministerio alemán de Asuntos Exteriores era secuestrado con su familia y liberado diez días después. Hay secuestros frecuentes. Las tribus pactan rescates de sus presos.
Ahora el riesgo se multiplica por la intervención de Al Qaeda, presente en el mundo islámico, desde Indonesia a Marruecos. También en Reino Unido, España o Francia. Los viajeros españoles se aventuraron en una zona más que dudosa: corrieron un riesgo excesivo, en el desierto, a 200 kilómetros al este de Sanáa, en territorio dominado por bandas y tribus infiltradas por Al Qaeda. Aunque los servicios de inteligencia crean que no se atacaba al convoy por ser español.
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