Argentina: Mucho gasto y pocos beneficios
Por Roberto Cachanosky
La Nación
Hasta ahora se creía que la caja mágica podía generar adhesiones políticas que permitieran tener sorprendentes resultados electorales. Las últimas elecciones han demostrado que la caja no lo es todo para el electorado. De lo anterior debería deducirse que subordinar toda la política económica a las necesidades electorales ha demostrado no ser un instrumento válido, siendo los costos económicos muy altos y los beneficios políticos muy pobres.
Desde el punto de vista económico, la subordinación de la política económica a los objetivos electoralistas de corto plazo han significado una aceleración del proceso inflacionario, una crisis energética que ya no puede disimularse y compromete seriamente el crecimiento de largo plazo, un fuerte aumento del endeudamiento público para esterilizar parte de la emisión monetaria y una distorsión de precios relativos que cada vez produce más pánico para quien tenga que corregirla en el futuro.
En infinidad de oportunidades he mostrado que sin los derechos de exportación se evapora la famosa caja o superávit fiscal, si se prefiere. En los primeros cinco meses de este año los derechos de exportación representaron el 9,7% del total de los ingresos tributarios. En números significaron un ingreso de $ 7000 millones.
Ahora bien, antes de continuar el análisis de este punto conviene aclarar una cuestión que no es menor. Así como el Gobierno intervino el Indec para lograr datos inflacionarios de dudosa seriedad, los economistas hemos descubierto que también el Ministerio de Economía ha hecho algunas picardías metodológicas con las cuentas fiscales.
La primera picardía y más burda consistió en incluir dentro de los ingresos corrientes del mes de mayo del sector público, más de $ 1500 millones correspondientes al traspaso de carteras de las AFJP al sistema de reparto por los aportantes que se pasaron a dicho sistema jubilatorio.
Dicho de otra manera, hubo gente que durante años estuvo aportando al sistema de capitalización, y al mudarse al sistema estatal las AFJP le transfirieron al Estado los ahorros acumulados hasta ese momento correspondiente al total de gente que se pasó de sistema. Las AFJP le pasaron un activo al Estado y contra ese activo hay un pasivo, que son las futuras jubilaciones a pagar. Pero en mayo el Gobierno contabilizó esos activos que recibió como ingresos corrientes y por se informó de un superávit récord. Esto es como si alguien vendiera la casa y computara el ingreso de la casa como un ingreso corriente, es decir, como un ingreso que va a tener todos los meses.
Cuando uno corrige las cuentas y quita ese ingreso que se computa como corriente, el resultado es que no existe tal superávit récord y que, por el contrario, disminuye un 4% con relación a mayo del año pasado.
La segunda picardía consistió en cambiar la metodología de las cuentas de lo que se llama Sector Público Nacional. Hasta diciembre del año pasado, entre los ingresos corrientes se incluían los ingresos tributarios que luego se coparticipan con las provincias y, al mismo tiempo, entre los gastos corrientes se computaban las transferencias a las provincias por coparticipación federal y otras transferencias automáticas. En enero de este año, sin aviso previo y sin empalmar las series, se cambiaron las planillas, con lo cual cada uno de los economistas hemos estado utilizando diferentes metodologías para comparar el resultado fiscal de este año con el del año pasado ante la falta de información que al respecto debería dar el Ministerio de Economía.
Formulada esta aclaración, mis números dan que, de acuerdo a la nueva metodología de Economía, si eliminamos los derechos de exportación (que no son coparticipables), en los primeros cinco meses de este año hubiese habido un déficit fiscal total (luego del pago de impuestos) de $ 1800 millones (si el las autoridades no están de acuerdo con este número se ruega que presenten los datos adecuadamente).
Ahora bien, para poder mantener el tipo de cambio alto el Banco Central generó una expansión monetaria que ronda el 24% anual de aumento luego de haber incrementado fenomenalmente la deuda de corto plazo.
Con esto quiero decir que el supuesto beneficio político de tener una buena caja basada en los derechos de exportación parece no haberse traducido en votos y, por el contrario, tuvo como costo una creciente tasa de inflación por más que el Indec se esmere por mostrarnos que en la Argentina reina una absoluta estabilidad en los precios.
Mi impresión es que el Gobierno políticamente pagó caro el costo de sostener alto el tipo de cambio mediante emisión y la consiguiente inflación y no tuvo el correspondiente correlato en el uso de la caja.
Por el contrario, la creciente presión inflacionaria parece estar jugado en contra en las urnas.
Lo mismo pasó con el tema energético. De tanto postergar el tema de las tarifas de los servicios públicos, la oferta de energía no pudo crecer al ritmo de la demanda y, por lo tanto, la crisis energética dejó de ser una advertencia para transformarse en una realidad. Era obvio que si el precio era artificialmente bajo la demanda iba a aumentar y la oferta se iba a estancar.
Energía barata
Hasta ahora la estrategia ha consistido en no cortarle la luz a las casas de familia y darles energía barata para no tener costo político y transferirle el problema al sistema productivo.
Pero resulta que la gente podrá estar feliz de tener una cuenta de gas y luz baja a fin de mes, el problema es que esa misma gente que tiene luz y gas baratos en sus casas se encuentra con suspensiones en las fábricas ante la falta de energía, por lo tanto lo que no paga en la cuenta de gas y luz lo pierde en el ingreso mensual por suspensiones. El malhumor llega a las casas de familia por efecto indirecto. A lo anterior podríamos agregarle el caso de los taxistas haciendo colas interminables para cargar GNC.
Mi visión es que el Gobierno debería replantearse seriamente el modelo económico que heredó de Duhalde porque es una estrategia de muy corto plazo que puede tener sus beneficios políticos en lo inmediato pero con inevitables costos en el largo. Costos económicos que terminan influyendo sobre el humor de la gente y que hoy ya se están pagando.
Y agregaría, a medida que vaya pasando el tiempo los costos van a ser cada vez mayores, porque la crisis energética se agravará llevando a una notable reducción en la actividad económica, que es el último bastión en el campo de la economía que el gobierno todavía puede mostrar como medianamente positivo, al tiempo que la inflación continuará haciendo estragos y el tipo de cambio real seguirá deteriorándose.
En síntesis, de ahora en más los costos políticos de este modelo económico lucen mucho más altos que los supuestos beneficios que pretenden cosecharse con él.
El autor es economista.
- 23 de junio, 2013
- 14 de febrero, 2025
- 15 de agosto, 2022
- 17 de febrero, 2026
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