Ética, libertad, trabajo y empresa
Por Gloria Cuenca
Correo del Caroní
Los cuatro conceptos que sirven de título a este artículo, están implicados de manera indisoluble unos en otros. Sin ética, no es posible que exista libertad, y sin libertad, no hay ética. El trabajo, por su parte, requiere de ética y libertad para desarrollarse, y la empresa es el espacio en donde el trabajo puede y debe realizarse con libertad y ética, para beneficio del individuo, de la comunidad, la sociedad, la cultura y la comunicación. La ética, dicho de manera sencilla, es “el conjunto de principios que hemos decidido orienten y guíen nuestras acciones como humanos”1 y dentro de ese conjunto de principios hay que establecer un marco de libertades, individuales y sociales que permitan el desarrollo humano en el trabajo dentro de las empresas ya construidas o por construir.
El siglo XX fue pródigo en investigaciones, hallazgos, descubrimientos, nuevos paradigmas, entre otros aspectos que contribuyen a “ayudar a ser”. Formar personas con criterios claros, sentido de la ética, libertad individual, conciencia de los límites, respeto por sí mismo y los demás, comprensión de la trascendencia del trabajo y crecimiento emocional a la par del crecimiento cronológico, es tarea que fomenta el desarrollo empresarial y la prosperidad con un sentido amplio, lo que va más allá de la simple posesión de riquezas materiales.
Entender que la libertad individual requiere de los seres humanos una convicción profunda en torno a lo que esencialmente define a hombres y mujeres, a partir del ser, más allá del hacer y del tener, refiere a un largo proceso que se puso en evidencia después de la década de los años 60. Época rica en movimientos sociales y en nuevas aproximaciones a los conceptos de bienestar, calidad de vida, armonía y regreso a la espiritualidad, entre otros aspectos. Desde el campo institucional esto culminó con la elaboración del informe, Coordinado por Edgar Fauré, “Aprender a Ser” de la Unesco para intentar comprender el cúmulo de nuevas ideas y teorías llevadas a la práctica por la “contestación juvenil” de manera planetaria y para apoyar los procesos de enseñanza y aprendizaje.
En los años sesenta y setenta estuve convencida de que se podía cambiar el mundo con pasión revolucionaria. Era un sueño y una ilusión. Suficiente y bastante como sueño, del cual despertamos, por fortuna muy a tiempo, y descubrimos lo efímera y falso de la ilusión, para entender que las libertades individuales son fundamentales para el desarrollo armónico e integral del ser humano. Que el mundo lo cambia cada uno en su propio espacio. Que la pasión revolucionaria conduce a la violencia y a la utopía cerrada. Que la Libertad es un bien preciado y nada lo puede sustituir.
La comprensión y la importancia de la ética son imprescindibles para la vida en la sociedad, la convivencia entre unos y otros es posible gracias al necesario respeto y a los valores asumidos. El trabajo es el método efectivo y sanador para crecer en la sociedad con auto valoración positiva a partir de los logros alcanzados. La empresa es, y debe ser así, el espacio para transformaciones laborales y el logro de la productividad que conduzca al bienestar y a mejorar la calidad de vida. He allí porque hay que considerar la implicación de los cuatro conceptos.
Los cambios hay que hacerlos en la persona, en el micro mundo, para entonces enfrentar con mayor eficiencia y efectividad el macro mundo, y trazarnos el objetivo de con nuestra contribución hacerlo un mundo mejor.
- 23 de junio, 2013
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