El Nerón criollo
Por Miguel Palacios
El Telégrafo
En el imperio de bananolandia había un tirano prepotente. Era un emperador cuyo pensamiento se aceleraba incontrolablemente como materia final propia del peristaltismo intestinal de su ciego.
Incontinente con sus ideas, despotricaba contra todos. Por alguna razón logró comprender que sus súbitos le aguantarían lo que hiciera, mientras les diera pan y circo; pero sobre todo si los controlaba mediante la táctica del miedo aplicado como sello personal de su gobierno contra los que osaran oponerse a sus ideas. Por eso crucificó en el circo a todo cristiano que se le opusiera.
Como era Maquiavélicamente astuto, cada cosa mala que hacía decía que la hacía en nombre del pueblo. De naturaleza conflictiva y agresiva, puso en la arena del coliseo a todo aquél que quería eliminar, mientras tenía en las tribunas a sus sicarios comprados con prebendas, quienes inmediatamente que lo solicitaba, bajaban el pulgar y contagiaban al resto de la gente para pedir lo mismo.
En este juego preparado de antemano, el dictador socarronamente riéndose y como pedido del soberano, bajaba también su pulgar para matar a sus enemigos, justificando todo a nombre del mandato popular. En una ocasión se peleó contra los escribanos, quienes mediante la difusión de sus pergaminos, decían lo que pensaban. Como era un autócrata intolerante, adujo que lo escrito lo había ofendido en la majestuosidad de su cargo y demandó en las cortes y le solicitó prisión en las mazmorras, al escribano principal de un papiro que salía diario a cada Hora. Frente a este atropello que pretendía callar mediante el abuso del poder y reduciendo a prisión a los escribanos, el resto de librepensadores protestaron y como represalia los llamó mafiosos, corruptos y corresponsables de la tragedia de su imperio.
Fue tal la reacción que propició en la libertad de pensamiento en todo el mundo, que algunas gárgolas depredadoras de su propio círculo, le pidieron que retirara la demanda para evitar que pasara a la historia como un tirano irascible que solo permitía que se escriba su propio pensar.
Como era un despótico sobrevalorado, no aceptaba otros puntos de vista que no sean los propios, por lo que se mantuvo terco en su colerina verbal. Se creía dios y tenía delirios de grandeza, se veía a si mismo como un ente superior que esperaba de sus vasallos el sometimiento inmediato a su voluntad, diciéndoles incompetentes a los propios delegados de su administración que el mismo había escogido.
Como era un arbitrario vanidoso, de la aparente euforia, sonrisa y simpatía externa, cambiaba fácilmente a la agresión verbal y física sin límites. Tenía como brazo ejecutor de sus atropellos a un grupo de sicarios que medraban subyugados bajo su poder. Este conjunto de lambiscones y adulones, estaba constituido por mariposones pega mujeres, que eran los mismos que utilizaba para ocupar por la fuerza los estamentos del estado donde hubieren ciudadanos que no pensaran como el.
Así sometió a los honorables de su foro a los que les regaló manteles blancos para comprar su dignidad. Igual lo hizo con el tribunal supremo de los comicios y también con los encargados de vigilar el cumplimiento de la ley vigente, que rompía cada ve que le daba la gana, con el pretexto de hacer otra que solo contuviera sus propias reglamentaciones para proclamarse emperador vitalicio.
Parte de su agresividad incontenible era explicada por el resentimiento social consecuente de una serie de complejos y traumas de su infancia, que al parecer fue muy difícil y llena de sufrimiento, postergaciones y carestías. La otra explicación de su incontrolable furia estaba dada por su causa genética y era propio de su temperamento el ser belicoso e iracundo.
Sin embargo con el pasar del tiempo todo aquello que había prometido no se pudo cumplir, así como también se acabó el oro de las arcas del imperio que cada día se gastaban pero no se reponían. Un buen día de tanto regalar oro en pan y circo, este se acabó.
En ese momento el emperador perdió credibilidad y ya nadie le temía puesto que los que antiguamente lo adulaban, se volvieron sus enemigos después de traicionarlo y abandonarlo.
Así el pueblo decepcionado se volcó a las calles y luego de un cruento enfrentamiento con los soldados del imperio derrocaron al emperador que una vez huido acabó convencido de haber sido el Mesías salvador del imperio.
- 23 de junio, 2013
- 29 de mayo, 2023
- 19 de enero, 2023
- 21 de abril, 2021
Artículo de blog relacionados
BBC Mundo La viuda más adinerada de Silicon Valley, heredera de la fortuna...
29 de enero, 2013El Deber, Santa Cruz Los linchamientos suceden con cada vez mayor frecuencia en...
24 de agosto, 2012- 4 de marzo, 2010
El 31 de agostoes el 243 día del año del calendario gregoriano. Quedan 122 días para...
31 de agosto, 2011













