La economía política de la escasez, la inflación y las colas
Por Alexander Guerrero
CEDICE
La escasez, las colas y la inflación también afectan a voceros oficiales, pero de otra manera. Un ministro, ante esa la evidencia de escasez, inflación y colas sugiere que ello es producto del incremento en el consumo, es decir, para el, el vaso esta medio lleno, para el resto de los mortales, el vaso esta medio vacío.
Pero, en lo que la economía no se equivoca, es que la oferta no alcanza para satisfacer la demanda, y ello es obvio ocurre porque sobre la oferta –producción nacional o importada- operan mecanismos restrictivos, desde el debilitamiento de los derechos de propiedad, hasta la caída de la inversión privada, descapitalización del aparato productivo, cierre de empresas, controles de precios y cambio, discurso político invasivo y atemorizante, configurando estrechos cuellos de botella que hace imposible, por ejemplo, que se pueda adquirir carne a las 3 de la tarde, a esa hora ha desaparecido literalmente; al menos que Ud desee comerse un beef-steak de chocozuela o una hamburguesa de patas de cochino molida.
El “volcán” del yogurt de los Balcanes Hace unos anos atrás, y de visita en esos países, cuando el “socialismo” estaba en su “apogeo” como alternativa al capitalismo proteccionista y paternalista del estado de bienestar keynesiano y preliberal, recuerdo las carreras de madrugada, cinco de la mañana, para entrar en la cola que permitía el acceso a un “volcán”, una bebida de yogurt que se expendía en vasos en las calles de Bucarest; lo mismo conocí en Moscú y Praga, Budapest, con la carne, leche y pan caliente, después de la siete de la mañana, no era posible encontrarlo después de estar en la incertidumbre de las colas.
Los mecanismos de racionamiento; a saber, escasez y colas, muy similares a las que podemos ver hoy con cierta frecuencia en bodegas, mercados, abastos y supermercados en Venezuela en estos días; solo hacían posible el acceso a esos bienes pero en el mercado negro a precios que multiplicaban los inexistentes bienes administrados por el gobierno popular y del pueblo.
En Cuba, por ejemplo, el racionamiento se implemento, y esta aun vigente hoy, con una libreta que acota cuanto arroz, carne, leche, caraotas, cada cubano tiene derecho a comprar en un momento dado. En eso llevan ya cuarenta anos, en Europa y en Asia, el comunismo-socialismo impuso esa particular forma de vivir durante casi de medio siglo. En Venezuela, a juzgar por el discurso, leyes y cruzada contra la propiedad privada, pareciera que nos aproximamos a esas historias, el socialismo barroco-tropical nos podría llevar por esos caminos en caso de triunfar.
De los huevos a la carne, pasando por la leche y hasta la consulta con el medico. Además de huevos, carnes, cereales, azucares, aceites, bienes estos procedentes de la agroindustria, la mayoría de producción nacional con insumos nacionales e importados, la escasez alcanza a innumerables bienes perecederos de procedencia agropecuaria de producción nacional e importada.
Para el gobierno, no hay escasez, sino una conspiración mediáticas, y eventualmente según voceros oficiales consecuencia de alguna ficción golpista. Pero no es así, el gobierno lo sabe, que de la escasez y la inflación el es el único responsable. Las razones están en la propia esencia del socialísimo del siglo XXI, ejecutada en leyes punitivas contra la producción y políticas publicas cargadas de mecanismos represivos a la producción y distribución de bienes y servicios, control de precios.
A través de ello han logrado cruzar dos fenómenos económicos que afectan de modo perverso el cuerpo económico: escasez e inflación y las colas; construyéndose entre ellas una letal causalidad originada por un fenómeno que englobamos en un solo concepto: “mal gobierno”.
El síndrome de la escasez y la inflación: las colas
Este síndrome de escasez con inflación y largas colas para acceder a bienes y servicios esenciales, es característico de los todos los socialismos, y no se centra solo en bienes para la cesta alimentaría, sino alcanza la provisión de insumos -y servicios- a vastos sectores de la economía, en la producción y en la distribución.
En ese orden agregamos decretos –controles de precios y de cambio- malas leyes dirigidas a “confiscar” el producto económico de la gente; de ellas la del acaparamiento, por ejemplo –que el TSJ impugno por inconstitucional, pero donde seguramente privo algo de sentido común porque esa ley es un catalizar causante directo de escasez crónica- y una red de mecanismos punitivos tributarios y de protección al consumidor resumidos constituida en amenazas a los sectores productivos, relacionados entre otros con los precios de los servicios médicos y otros servicios públicos, conociendo que los precios en esos servicios son consecuencia directa de los “cuellos de botella” que afectan las importaciones e inversión en esos sectores.
El discurso político y el marco legal e institucional de la escasez
Sumamos, en ese orden, la retórica perversa en el discurso político contra-productivo hasta del propio Jefe del Estado y otros altos voceros oficiales; cambios en las reglas cambiarias en CADIVI donde la discrecionalidad en cuanto a la regulación de quien puede -y cuanto- optar al “dólar preferencial” y que empuja la demanda de dólares hacia el mercado no controlado por CADIVI, donde la devaluación del tipo de cambio alcanza el 85%; todo esto incorporado a los riesgos institucionales por los cambios legislativos que coloca en manos de la cabeza del poder ejecutivo la legislación de asuntos de naturaleza privada, derechos económicos, garantías y libertades económicas, configurando un espeso manto de riesgo sobre la propiedad privada, y otros cambios institucionales que tejen una red de políticas públicas, decretos y leyes que configuran un poder autoritario en materia de libertades y garantías económicas.
El desideratum de todo esto, inflación y escasez, ya no como consecuencia de mal diseño e in-oportunismo de políticas públicas, sino que ello es parte de la agenda política dirigida a la construcción del socialismo del siglo XXI, que se sabe se “construye” sobre los restos del “capitalismo” y la empresa privada, derechos y garantías económicas de los individuos y sus empresas.
Escasez, inflación y colas: mal de todo socialismo
A todo evento, este “socialismo del siglo XXI” se comporta idénticamente a los socialismos de los siglos XIX y XX, auque sus métodos podrían diferenciarse de estos últimos, hasta en lo legal, aunque ilegítimos y contra histórico, porque aquellos socialismos, parientes de este del siglo XXI, se constituyeron sobre esquemas de violencia consecuencia de guerras civiles o mundiales, pero en los efectos netos, sabemos por evidencia empírica, se montan sobre los cadáveres de los derechos y garantías de los ciudadanos.
La cruzada contra la propiedad privada del propio Jefe de Estado, que emana su propia arenga política, ahora se cose en una legislación “habilitante” que se ha constituido en el grotesco marco institucional de leyes y decretos leyes dirigidos a afectar la economía de la propiedad privada.
En el socialismo o comunismo, para los efectos de las libertades y derechos económicos, la misma cosa, la escasez de bienes y servicios es crónica, es inherente y “endógena” al sistema. Lo que estaría ocurriendo en Venezuela en términos de la escasez de bienes y servicios, sobre todos los perecederos, alimentos, tanto de origen vegetal y animal, así como aquellos que produce la agroindustria, parecería parte de las conocidas taras socioeconómicas del socialismo.
En ese particular, los socialismos y comunismos, en todas sus variantes, producen los mismos males, el origen de esos males subyace en el núcleo de las estructuras del socialismo; a saber, debilitamiento de los derechos de propiedad, enormes riesgos jurídicos por legislaciones y políticas publicas lesivas de la propiedad privada y sus economias.
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