De Hearst al ciudadano Murdoch
Por Mario Diament
La Nación
MIAMI.- Rupert Murdoch puede reclamar con todo derecho su pertenencia a la casta de los dos proverbiales barones de la prensa norteamericana: Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst.
Hoy, el nombre Pulitzer es sinónimo de excelencia periodística por los premios que llevan su nombre, pero en su tiempo nadie le hubiera otorgado tal crédito. Su prominencia devino mayormente de haber inventado el “periodismo amarillo”.
El otro inventor fue Hearst. Su trayectoria resulta, tal vez, más familiar porque sirvió de base a una de las películas más notables de la historia del cine, El ciudadano , que Orson Welles filmó en 1941. Aunque el libreto mezcla ficción con realidad, se ha instalado en la percepción de la gente como la biografía no autorizada de Hearst.
Pulitzer y Hearst compartían una misma visión de la prensa, considerándola más un instrumento de poder y dinero que un componente imprescindible de la democracia. Para vender, no tuvieron empacho en practicar el escándalo, la tergiversación, la injuria, la mentira o el agravio.
Murdoch es un palo del mismo tronco, sólo que en escala universal. De hecho, sus posesiones son mucho más vastas que lo que fueron las de Pulitzer y Hearst combinadas. Incluyen la productora cinematográfica Twentieth Century Fox, la red internacional de televisión Fox; canales de cable, satélite y noticieros continuados en Europa, Asia y América latina; el sitio de Internet My Space; editoriales de libros; 35 revistas y 175 diarios en Australia, Inglaterra y los Estados Unidos, incluyendo el prestigioso Times, de Londres, el Sunday Times , los tabloides Sun y News of the World y el New York Post , con una circulación combinada de 40 millones de ejemplares por semana.
Ha construido un imperio que emplea más de 44.000 personas, tiene propiedades por 70.000 millones de dólares y recibe ingresos superiores a los 25.000 millones de dólares.
Su fórmula, como antes la de Pulitzer y Hearst, consiste en nunca dejar que la verdad eche a perder un buen título. La circulación de sus diarios más populares siempre se apoyó en grandes fotografías de chicas escasas de ropa.
Voracidad
Con 72 años, tres matrimonios y seis hijos, Murdoch no da signos de contener su voracidad. La semana pasada tomó al mundo por sorpresa cuando ofertó 50.000 millones de dólares para controlar el paquete accionario de la empresa Dow Jones & Company, editora de The Wall Street Journal .
El Journal no sólo es el segundo diario en circulación en los Estados Unidos: es también el medio financiero más importante del mundo y Murdoch lo ha venido persiguiendo desde hace un tiempo.
Pero lo que convirtió su interés en urgencia es que en el próximo invierno boreal, su empresa, la News Corporation, se dispone a iniciar las transmisiones de su nuevo canal de negocios y, naturalmente, la asociación con The Wall Street Journal conferiría a la operación un prestigio incomparable.
La perspectiva de que un diario de la influencia del Journal se añada a la esfera de un hombre con tan pocos escrúpulos resulta altamente inquietante. Con la prensa concentrada en pocas manos, la independencia de la información se torna cada vez más dudosa y la verdad, cada vez más improbable.
Por el momento, la oferta de Murdoch ha sido rechazada por la familia Bancroft, cuyos miembros controlan el 52% de Dow Jones, y por varios miembros de la redacción, y Murdoch ha indicado que no piensa elevar la oferta.
Pero en el mundo de las altas finanzas, como en el amor, el “no” puede muchas veces significar lo contrario y toda intransigencia se disuelve ante la seducción de la próxima oferta.
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