Un día histórico en el Ulster
Editorial – ABC
Ayer tuvo lugar un hecho en Irlanda del Norte para el que el tan manido calificativo de histórico resulta totalmente adecuado. Los dirigentes que se habían jurado odio eterno y lo demostraban con las armas en la mano, han aceptado compartir el poder de una forma civilizada, democrática e institucional y están dispuestos a trabajar por el bienestar común de todos los ciudadanos. La única opción posible era que el reverendo unionista Ian Paisley y el dirigente del Sinn Fein Martin McGuinness formaran un Gobierno respaldado por las urnas, aunque ésta hubiera sido no hace tanto una posibilidad inimaginable para ambos.
Ha prevalecido el sentido común y es de desear que las buenas intenciones expresadas por todos en las ceremonias, se mantengan en el tiempo a pesar de los problemas que inevitablemente tendrán que sortear.
Este hecho representa sin duda uno de los mayores logros del primer ministro británico Tony Blair, que deja el cargo probablemente esta misma semana, y le sirve para endulzar un balance en el que algunos intentan hacer que pesen más las sombras que las luces.
El bienestar de la población es probablemente el elemento más importante que explica los acontecimientos que han desembocado en la ceremonia de ayer. Desde que se empezó el proceso en el ya lejano 1990 cuando se produjeron las primeras negociaciones entre Gran Bretaña e Irlanda, o desde 1998, cuando se firmó el acuerdo de “Viernes Santo”, lo que verdaderamente ha cambiado en el Ulster ha sido la situación económica de esta región.
De ser una zona deprimida rodeada de un territorio pobre en la República de Irlanda, gracias a las multimillonarias inversiones europeas que ha canalizado el Gobierno británico se ha convertido en un territorio próspero y pujante. Las clases medias católicas han comprendido con la experiencia directa las inmensas ventajas de vivir en paz. Irlanda, por su parte, tiene ya una renta per capita superior a la del Reino Unido, lo que a su vez tranquiliza a los protestantes unionistas, que jamás habrían aceptado ni siquiera pensar que pudiera convenirles tener una relación institucional de cualquier tipo con tradicionalmente depauperado resto de la isla.
No se han resuelto las tormentosas cuestiones de la soberanía definitiva del territorio, pero incluso este asunto ha sido dejado de lado de forma un tanto “amistosa” que sin duda no puede ocultar el hecho de que en el fondo cada parte se reserva el derecho a plantearlo cuando le sea más conveniente a sus intereses. Pero aún así, prevalece el buen criterio de que el principio de abandono de la violencia se ha consolidado definitivamente.
De este proceso de paz es necesario sacar conclusiones, la más importante de las cuales es que no puede haber ningún paralelismo con lo que está sucediendo en el País Vasco. No existen estos factores económicos que tanto han influido en Irlanda del Norte ni sería ese el problema en caso de que una mayor inversión pública pudiera haber influido en su evolución. La autonomía que se ha restablecido ya en este territorio que pertenece al Reino Unido no es ni sombra de la autonomía de la que gozan en España todas las comunidades; y en el caso extraordinario del “cupo” y la autonomía financiera que representa para el Gobierno de Vitoria, la diferencia entre el País Vasco y cualquier otra entidad administrativa dentro de la Unión Europea es sencillamente abismal.
Sin embargo, el Gobierno ha hecho una lectura interesada de este hecho, considerando que se trata de “un ejemplo que ofrece esperanzas a otras sociedades en el mundo que sufren la violencia y la división”. Todo el comunicado enviado por el Ejecutivo a Londres y Dublin está plagado de referencias a un proceso que no se quiere nombrar, pero que se adivina claramente y cuando se menciona que “se ha puesto fin a uno de los últimos conflictos territoriales violentos de Europa”, no se puede dejar de lamentar que implícitamente se esté retratando de una forma tan desacertada el cobarde chantaje de los terroristas contra los demócratas en el País Vasco.
- 18 de mayo, 2012
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