Toffler y el socialismo
Por Diego Márquez Castro
Correo del Caroní
“El socialismo colisionó con el futuro“. Alvin Toffler
En los días de la pasada Semana Santa nos encontrábamos en el Paseo Colón de Puerto La Cruz, cuando observamos en tal sitio una carpa en la cual se promocionaban libros y publicaciones de una editorial del Estado Venezolano. Nos acercamos y entre folletos que hablaban de las bondades del “proceso”, pudimos rescatar algunas obras, a precios de ganga, de autores publicados por dicha casa en tiempos pasados y de los cuales al parecer querían deshacerse para dar paso a una “nueva” literatura cónsona a las pautas culturales del llamado socialismo del siglo XXI.
Pero la cosa no quedó allí, así como una parte de la carpa estaba dispuesta para la venta de publicaciones, en la otra se desarrollaba una reunión en la cual los asistentes, todos ataviados del infaltable rojo, de pies a cabeza, oían el discurso de un charlista que los “instruía” en materia política. Al escuchar parte del contenido de la exposición del líder, no pudimos menos que sentir que por algún artilugio del tiempo habíamos retrocedido, al menos, a cuatro, cinco o seis décadas atrás; en efecto, estábamos ante un discurso retro, a través del cual el orador ponderaba con eloquentia a la gloriosa revolución soviética, se solazaba, en medio del sol y el calor tropical, al son de las olas caribeñas, de nuestra hermana revolución cubana, etc., etc.
Asimismo, el expositor, en un raptus pasional, atacó con fiereza al capitalismo opresor, expoliador y malvado, llamando a sus camaradas a luchar con denuedo y constancia revolucionaria para así vencer y destruir a tan fiero dragón y abrir las puertas del paraíso de los trabajadores, o sea, el socialismo, a la sociedad venezolana…
Contrastando con el discurso mencionado abordamos el libro El cambio del poder, de Alvin Toffler, quien desarrolla una temática que desemboca en un tema central: lo que les sucede a las personas cuando la sociedad en la cual viven inmersas se transforma en algo nuevo e inesperado. En uno de los ensayos que forman parte de esta interesante obra el autor hace la siguiente referencia: “Casi en el punto medio del siglo XX, George Orwell publicó 1984, su mordaz acusación contra el totalitarismo. La obra exponía el caso de un gobierno que controlaba por completo todos los medios de comunicación. Los acertados neologismos de Orwell como “neolengua” y “doblepensar” entraron a formar parte del léxico actual. El libro fue una poderosa arma de asalto en la lucha contra la censura y contra la manipulación del pensamiento, razón por la cual estuvo prohibido durante décadas en la Unión Soviética”, y no solamente se le vetó allí, sino en todos los países que cayeron bajo la órbita de la “cuna del socialismo”.
Uno de los puntos del cuestionamiento orwelliano al totalitarismo de cualquier signo fue prevenir sobre las tendencias que buscaban instaurar un pensamiento único; de esta forma, dice Toffler que “ayudó a agrupar las fuerzas que se oponían a la dictadura de la mente. Orwell previó, de manera acertada, tecnologías tales como pantallas de televisión bidireccionales que podrían ser utilizadas para comunicar la propaganda estatal al tiempo que para espiarlos”; igualmente, en la novela, este autor desarrolla un conjunto de premoniciones que hablan con una dura claridad de las intromisiones potenciales del poder absoluto en la intimidad de las personas, así como del típico lavado de cerebros, la manipulación inmoral de las emociones y pasiones en el hombre; la apelación al terror y el miedo para doblegar y domesticar a una sociedad.
Dentro de este orden de ideas, el libro de Toffler incluye un ensayo que bien merece la pena ser leído por lo que plantea y por su proyección a nuestra realidad actual, cuyo título es El choque del socialismo con el futuro. Parte el escritor de una interesante premisa: “La dramática muerte del socialismo de Estado en Europa Oriental y su sangrienta angustia desde Bucarest hasta Bakú y Beijing, no sucedieron de forma accidental. El socialismo colisionó con el futuro…”. Y para los nostálgicos del desaparecido física e históricamente muro de Berlín y del que se presumía inconmovible bloque soviético, Toffler expresa: “Los regímenes socialistas no se desploman debido a complots de la CIA, a cercos capitalistas o a una estrangulación económica desde el exterior.
Los gobiernos comunistas de Europa Oriental se derrumbaron como fichas de dominó tan pronto como Moscú envió su mensaje de que ya no seguiría usando tropas para protegerlos de sus propios ciudadanos. Pero la crisis del socialismo como sistema, tenía una base más profunda”. Explica seguidamente el autor consultado que igual que el invento de la imprenta a mediados del siglo XV contribuyó a la difusión de los conocimientos y tuvo mucho que ver con la fractura del cristianismo que se suponía monolítico, en Europa Occidental, la aparición de la computadora y los nuevos medios de comunicación social a mediados del siglo XX rompieron el control de Moscú sobre las mentes de los países que dominaban y ocupaban militarmente.
Toffler igualmente hace referencia al tema del partido único: “El sistema político monopartido está destinado a controlar la comunicación política. Puesto que no existe ningún otro partido, restringe la diversidad de la información política. El control descendente en los países socialistas estaba basado cada vez más en mentiras y mala información, ya que dar malas noticias a los de arriba solía ser bastante arriesgado. La decisión de implantar un sistema monopartido es una decisión relativa, sobre todo, al conocimiento”.
En su análisis sobre el fracaso del socialismo de Estado, Toffler señala en su libro que “en una época tan reciente como 1956 el líder soviético Nikita Kruschev podía soñar con enterrar a Occidente. Hoy en día, incluso con todas sus aparentes contradicciones sin resolver, las naciones capitalistas con altas tecnologías han avanzado tan por delante del resto del mundo en términos económicos como para hacer de la balandronada de Kruschev un gesto patético.
Fue el capitalismo basado en las computadoras, que no el socialismo basado en las chimeneas, el que motivó lo que los marxistas llaman un “salto cualitativo” hacia adelante. Con una auténtica revolución extendiéndose por las naciones que cuentan con alta tecnología, las naciones socialistas pasaron a ser, efectivamente, un bloque profundamente reaccionario, liderado por hombres ancianos imbuidos de una línea de pensamiento decimonónica. Mijail Gorbachov fue el primer líder soviético que reconoció este hecho histórico”.
Concluimos con una reflexión de Toffler: “En realidad, el fracaso central del gran experimento socialista estatal del siglo XX arranca de sus obsoletas ideas respecto al conocimiento”. Que sirva esto de experiencia…
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