Francia entra al siglo XXI
Por Antonio Ward
Venezuela Analítica
El mes de mayo es un período del año especialmente rico en días feriados en Francia.
Además del día del Trabajo se celebra el final de la segunda guerra mundial (el 8 de mayo), e igualmente es en este mes que se celebran (en diferentes fechas cada año) el día de la Ascensión y Pentecostés.
Tantos días feriados había en un corto período de 31 días que el gobierno de Chirac decretó; la fiesta de Pentecostés como laborable sin sueldo (el dinero va a los fondos de asistencia a la vejez), día conocido como el día de la Solidaridad. Fue en mayo de 1968 que los estudiantes franceses se rebelaron contra la represión gubernamental llevando al gobierno a una crisis a tal punto que el general de Gaulle disolvió; la Asamblea General y convocó; a elecciones parlamentarias anticipadas
Fue en mayo de 2005 que los franceses, para sorpresa del mundo, dijeron NO al proyecto de Constitución Europea propuesta por el ex presidente Valéry Giscard d’Estaing, lo que ha bloqueado el proceso de la Unión Europea desde entonces.
Finalmente, es en el mes de mayo que, tradicionalmente, se lleva a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales
El domingo 6 de mayo de 2007 los franceses elegirán al sexto presidente de su Quinta República, y esta elección, como lo mencioné en un artículo anterior, es inaudita en muchos aspectos.
Los dos candidatos que se enfrentarán serán dos nuevas caras de la política gala : Ségolène Royal, presidenta de la Región Poitou-Charentes y ex ministra de la Familia del antiguo Primer Ministro socialista Lionel Jospin, defenderá; el modelo de sociedad propuesto por el Partido Socialista, mientras que Nicolás Sarkozy, ex ministro de Finanzas y del Interior del saliente gobierno de Jacques Chirac, lo hará; por parte del partido UMP (Unión por un Movimiento Popular
“Outsiders”
Royal y Nicolás Sarkozy comparten varias circunstancias en sus vidas políticas que los hacen aparecer, cada uno en su terreno, como verdaderas renovaciones del cuadro político francés. Ambos son “outsiders en sus propios campos de acción. La señora Royal no lideraba (ni lidera) ninguna corriente dentro del partido, no era un rostro visible entre los presidenciables hace dos años y su nombre no sonaba en ninguna lista de precandidatos hasta muy recientemente. El periodista Alain Duhamel publicó- hace más de un año- un estudio sobre las posibles caras de los candidatos a la presidencia y Ségolène Royal no aparecía por ningún lado. Interrogado al respecto, se limitó; a decir que no consideraba seria ninguna posibilidad de Royal para aspirar a la presidencia. El tiempo se encargó; de sacarlo de su error.
Ségolène Royal derrotó en las elecciones regionales en la porción del país que hoy preside (Poitou-Charentes) al entonces Primer Ministro de Jacques Chirac, Jean-Pierre Raffarin, y a partir de ese momento comenzó; un ascenso vertiginoso “por los lados”, al punto de desplazar a los aspirantes “naturales” a la candidatura presidencial, nada menos que el antiguo Primer Ministro Lionel Jospin, sacado de la primera vuelta en 2002 por el ultraderechista nacionalista Jean-Marie Le Pen, a Laurent Fabius, también antiguo Primer Ministro, a Dominique Straus-Kahn, líder de la corriente socialdemócrata dentro del Partido socialista y probablemente uno de los hombres mejor preparados en términos de hombre de Estado dentro del PS, y, finalmente, el candidato más natural en el mundo político francés, el Secretario General del partido Socialista, François Hollande, a la sazón su propio compañero de vida marital.
Ségolène Royal, luego de una campaña interna, que fue pública (debates televisados con sus compañeros de partido incluidos), se hizo con la candidatura presidencial con un respaldo masivo de los militantes (más del 65% de votos en las elecciones internas
Por su parte, Nicolás Sarkozy, quien en 1995, guiado por los sondeos favorables dentro de su partido de entonces, RPR, decidió; apoyar en la lucha interna a Edouard Balladur, en detrimento de Jacques Chirac, vio su estrella languidecer cuando fue Chirac quien ganó; la presidencia. Chirac nunca le Perdonaría tal “traición”. Pero desde que fue nombrado ministro del Interior en 2002 la figuración mediática del pequeño Nicolás no ha cesado de crecer. Luego de una pasantía como Ministro de Finanzas, Sarkozy volvió; al ministerio del Interior (“el ministerio policía”) y fue desde esa posición;- que le tocó- enfrentar los motines de los suburbios franceses a finales de 2005 por haber dicho públicamente que limpiará las zonas peligrosas de la “escoria” que los asolaba, expresión que el mismo Chirac se encargó; de poner en su sitio: “Ese no es el lenguaje de la República”, dijo, en abierta oposición a su propio ministro. Pero, contra los presidenciables naturales de su lado, como el actual Primer Ministro Dominique de Villepin, Nicolás Sarkozy se impuso dentro del propio partido gobernante, UMP, para ocupar hoy día la presidencia e alcanzar sin problemas la posición de candidato del mismo.
El apoyo de Chirac fue mínimo (“Yo creé la “UMP”, la UMP decidió escoger a Nicolás Sarkozy como candidato a la presidencia, por tanto mi apoyo va para el señor Sarkozy”). Punto final.
Cualquiera, pues, que sea el resultado de las elecciones del venidero 6 de mayo, una nueva generación política inaugurará el siglo XXI en Francia. Dos visiones de lo que debe ser el futuro se han enfrentado en estas dos semanas, dos personalidades se han dado a conocer a los votantes para que estos decidan quién debe conducir el destino de esta nación por los próximos 5 años
Sin miedo y con respeto
El punto culminante de la contienda electoral antes de la segunda vuelta tuvo lugar este miércoles 2 de mayo, entre las 9 pm y las 11:40pm, hora local de Francia, tiempo en el cual Royal y Sarkozy protagonizaron, por primera vez en doce años, un encendido debate en el que quedaron plasmadas las profundas diferencias que los separan en sus concepciones de lo que debe ser el modo de conducir el país. En Francia, desde 1974, es tradición que los dos candidatos de la segunda vuelta se enfrenten en un debate televisado. Sólo hubo una excepción: -en el año 2002 Jacques Chirac se negó; a debatir con Jean-Marie Le Pen
En un decorado preparado especialmente para la ocasión, y transmitido por las televisoras privadas, estatales y cable, el debate tuvo una audiencia cerca a los 20 millones de espectadores (un auténtico récord). Bajo la mirada petrificada y la presencia casi inútil de los dos moderadores más célebres del mundo audiovisual francés (Patrick Poivre d’Arvor y Arlette Chabot), Ségolène Royal y Nicolás Sarkozy enfrentaron sus posiciones en diversos temas. Inicialmente estimado en una duración de dos horas, el combate se extendió” por cuarenta minutos”
Varios aspectos hay que destacar para los observadores que, como quien esto suscribe, son espectadores externos. El debate dio paso, bien pronto, de la amabilidad y la cortesía a la tensión y al ataque. Un hecho que sorprende a quienes hemos seguido de cerca la campaña presidencial fue la toma de posición de los candidatos “completamente opuesta a la imagen que se tenía de cada uno de ellos”.
Así, mientras Ségolène Royal fue criticada por mucho tiempo como blandengue y poco incisiva en relación a su contendiente principal, esa noche mostró; una agresividad inesperada, tan intensa al punto de que Nicolás Sarkozy, conocido (y odiado por un vasto sector de la población) por sus discursos explosivos, sin cortapisas, directos y fogosos, apareció en pantalla esa noche como un escolar regañado por la maestra. El lenguaje corporal fue revelador: mientras Ségolène Royal se mostró erguida, con un movimiento severo de las manos (al punto de señalar con el dedo a su oponente varias veces), y con una mirada fija en su contrincante, Nicolás Sarkozy se vio disminuido, y, lo que es signo de inseguridad, volteó varias veces hacia los moderadores, como si estuviese buscando apoyo.
¿Montaje teatral?
Es posible. Ségolène Royal necesitaba demostrar (especialmente a sus seguidores) que no es una personalidad blandengue, y que es capaz de ser firme frente a una personalidad agresiva y explosiva como la de Nicolás Sarkozy. “Yo no le tengo miedo, señor Sarkozy” parecía decirle. El momento cumbre se alcanzó cuando, a un comentario del candidato UMP sobre la educación de los niños minusválidos, la candidata socialista lo calificó de ” inmoral”
“Yo no he perdido la calma, pero estoy encolerizada” le dijo a Sarkozy ante el intento de éste de comentar su pérdida de sangre fría,;” algo que no debe hacer un presidente de la República”
Por su parte, Nicolás Sarkozy tenía un juego difícil. Enfrentar a una mujer, con el lenguaje duro y agresivo que acostumbra utilizar, era completamente desaconsejable por las consecuencias negativas de cara a la audiencia. “No agarrarla contra una mujer” fue una de las consignas recibidas de sus asesores de imagen. A diferencia de la candidata socialista quien destacó en todo momento sus diferencias de enfoque sobre cada punto abordado, Sarkozy trató de mostrarse conciliador y receptivo, “estoy de acuerdo con Madame Royal en…”), quizá; para exorcizar su imagen de provocador de conflictos, y trató, en todo momento de ser respetuoso de las formas, al extremo, para algunos, de aparecer como hombre débil y apabullado frente a la impetuosidad y pugnacidad de su interlocutora
Ambos demostraron que son capaces de actuar en papeles diferentes a los que los medios les habían endosado. Por otra parte, es natural que el candidato de la oposición sea más agresivo e incisivo que el candidato del gobierno , el cual, a pesar de todo, carga consigo el fardo de los errores cometidos por la gestión saliente. No obstante, creo que Ségolène Royal logró, desde el punto de vista efectivo, dominar el debate desde el principio: la agenda propuesta por los moderadores fue, sencillamente, dejada de lado y no sería retomada que brevemente hacia el final cuando los temas eran ya insulsos y tantos los espectadores como los debatientes estaban cansados.
Un punto de decepción
A título personal quiero destacar: el debate se concentró; durante la mayor parte del tiempo en temas nacionales de Francia y, a mi modo de ver, en aspectos secundarios que no son la competencia directa del presidente de la República (aunque, por supuesto, permitían percibir la visión global de cada uno de los debatientes).
La política internacional brilló por su ausencia (un error de la señora Royal, a mi modo de ver, porque Sarkozy es considerado muy pro-norteamericano y es emblemática la cultura anti EEUU de los franceses), la lucha contra el terrorismo no apareció por ninguna parte, y mucho menos la relación que tomará Francia con el mundo, especialmente con sus ex colonias de África. Parecía que ambos contendores vivieran en una Francia que no tiene papel ni importancia en el resto del mundo (como le corresponde a un país desarrollado Ideales y pragmatismo
Indudablemente quedaron en evidencia profundas diferencias entre las concepciones del poder y de la conducción del país. Más allá de las medidas concretas para problemas específicos (detalles que no vienen al caso y que no voy a dar acá) el combate por la presidencia es un enfrentamiento de personalidades y de visiones. Ambos demostraron tener la estatura para ejercer la presidencia de la República y mostraron igualmente que no se les puede encerrar en esquemas preconcebidos. La candidata socialista no es la incompetente madre protectora que la oposición quiere endilgarle como imagen, y el candidato UMP no es el dictador en potencia, especie de reedición del pequeño (de estatura) emperador Napoleón, que la extrema izquierda quiere hacer ver. Al idealismo de una, se opone el pragmatismo realista del otro
El programa de Ségolène Royal consiste en una serie de compromisos de gasto público (subvenciones, ayudas, subsidios), junto con promesas de aumento de los salarios y pensiones. Sin atreverse a dar detalles del cómo lo va a hacer (su punto débil en la campaña y en el debate), aparte de generalidades como “eliminar el desperdicio de dinero en la administración pública” o “reorganizar la burocracia estatal redistribuyendo a los funcionarios públicos”, el despegue de la estancada economía francesa es una promesa que genera muchas ilusiones, sin que sea claro el mecanismo que utilizará para ello. Su visión, especialmente del mundo del trabajo y de la economía, es una en la que el Estado juega un papel determinante como brazo y motor, y también como paraguas protector
Nicolás Sarkozy, por su parte, aboga por una mayor libertad de trabajo “quién quiere ganar mas que trabaje más”, un ataque directo al límite de 35 horas semanales impuesto durante el gobierno socialista), mayor importancia a la meritocracia y a la libertad de elección. Mientras Ségolène hace de la solidaridad un valor no negociable y el papel del Estado en la asistencia a las personas en dificultad piedra angular de su propuesta, Sarkozy alerta sobre las consecuencias ruinosas de un asistencialismo permanente que, lejos de ayudar a las personas a salir de su situación, las conmina a permanecer en un estado de receptores eternos de la caridad pública. Tales divergencias tienen consecuencias directas en la fiscalidad, la visión de la educación y la inmigración. De cierta manera, encontramos nuevamente la gran oposición clásica entre la felicidad de todos (izquierda) y la felicidad de cada uno (derecha).
En términos concretos, prefiero el programa de Nicolás Sarkozy por una razón sencilla: está cifrado, concreto, es medible (según el IFOP es el único de los doce candidatos que genera crecimiento en la economía), y va de acuerdo con los modelos de crecimiento del mundo moderno: mayor liberalismo y menos Estado. Mientras Ségolène Royal acostumbra mencionar los modelos de otros países, especialmente los del norte de Europa, mucho más performantes en términos reales, su programa concreto niega, en la práctica, la creencia que predica. Durante el debate, en torno a muchos temas, se limitó a expresar su deseo de abrir debates y discusiones en temas álgidos. Mi visión es que tal modelo no funciona. Los ensayos recientes de cambios en la sociedad francesa demuestran que ningún cambio se hace de manera gradual en los temas que más nos duelen. No negaré, sin embargo, los temores que en la población, especialmente la de origen extranjero, genera las posiciones sarkozistas sobre la inmigración selectiva que propone y el reforzamiento de los valores naciones de la identidad francesa
El viernes 5 a medianoche la campaña electoral expiraba. Hoy sábado 5 comienzan los franceses del continente americano con el proceso de votación en sus consulados. El domingo 6 de mayo, aparentemente por un margen estrecho, uno de los dos será el (la) nuevo(a) presidente(a). Luego del debate del miércoles, el prestigioso diario LE MONDE publicaba que, según los sondeos de opinión, el electorado se inclinaba en mayor medida por Nicolás Sarkozy. De ser así la estrategia socialista de moverse hacia el centro (para atraer el 18% que obtuvo el candidato UDF, François Bayrou, quien afirmó; que no votaría Sarkozy) habría fracasado. En todo caso, cualquiera que gane no lo hará por un gran margen de diferencia, y deberá comprender que la mitad de la población votó contra el (ella). Eso no deberá olvidarlo la persona elegida.
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