¿Es tan difícil salir del atraso?
Por Guillermo Arosemena Arosemena
El Expreso de Guayaquil
Para fines de este siglo, la mayoría de los países asiáticos habrá dejado la pobreza, así como uno que otro africano y las naciones vanguardistas serán más poderosas. Pero la mayoría de los latinoamericanos seguirán viviendo en el atraso, y la esperanza de prosperidad, nunca se realiza. Esta tendencia se remonta a los mil setecientos, cuando nuestra región era una de las más ricas del mundo, muy por encima de Estados Unidos, pero por no acoger el modelo correcto de desarrollo fue perdiendo protagonismo económico en siglos posteriores.
Según los estudios de Angus Maddison, en el siglo XVIII, el producto interno bruto (PIB) de América Latina era 6.371 millones de dólares, mientras que el estadounidense, 527 millones; en 1820, las diferencias se habían acortado notablemente: 14.120 millones para la primera región y 12.548 millones para Estados Unidos. Para 1870, América Latina había quedado atrás, su PIB se ubicaba en 27.897 millones y el de Estados Unidos, 98.374 millones. Durante el siglo XX las diferencias se hicieron tan grandes, que al terminar los mil novecientos, la relación entre la renta por habitante era 9 a uno. En los primeros años del siglo XXI, la brecha continúa ampliándose. La razón es la tasa de crecimiento de las economías. Entre 1500 y 1820, la tasa anual de América Latina fue 0,21%, la estadounidense, 0,86 y entre 1820 y 1870 fue 1,37% y 4,20% respectivamente. Esta situación no se ha dado en los países asiáticos, donde las diferencias han disminuido notablemente y lo seguirán haciendo.
América Latina permanentemente está siendo estudiada en el Primer Mundo, por ser una región conflictiva, llena de contradicciones y estancada en el tiempo, por la inexplicable conducta de sus gobernantes, políticos, grupos de interés y sociedad en general. Hace pocos días, fue publicado un estudio de Sebastián Edwards, por NBER, uno de los institutos de economistas más famosos del mundo. Edwards es un sudamericano que ha ocupado altos cargos en su carrera; fue economista en jefe del Banco Mundial, es profesor de la Universidad de California, una de las 20 más famosas de Estados Unidos y miembro del Consejo de Asesores Económicos del gobernador de California. En su investigación, América Latina: crisis y crecimiento, Edwards analiza la gestión económica de los últimos 35 años: Entre 1970 y 2004, el ingreso por habitante creció 1,01%; entre 1982 y 2004, 0,51% y durante los primeros 5 años del siglo actual, 0,88%.
Estos porcentajes son inferiores al crecimiento poblacional. En los asiáticos, los resultados son los siguientes: 1970-2004, 2,95%; 1984-2004, 2,99% y 2000-2004, 2,78%. Para Edwards no es exageración sostener que la historia económica de América Latina es de crisis, crecimiento mínimo, pobreza y desigualdad. Los períodos de relativo progreso han sido muy cortos, nuestra región ha sido incapaz de mantener el crecimiento en el tiempo. Los gobiernos no han sabido manejar correctamente la política monetaria ni cambiaría, ni de mejorar las actividades productivas, ni desarrollar capacidades competitivas para exportar. De tener el 10% de las exportaciones mundiales, después de la Segunda Guerra Mundial, actualmente es 5%, a pesar de la apertura parcial de las economías. Durante los últimos 20 años, la relación inversión extranjera directa con el PIB no ha sido superior a 3,2%; en los países asiáticos es varias veces superior. En 1995, América Latina tenía el 8% del PIB mundial, Asia Pacífico, 13%. En el 2005, nuestra región se mantuvo en el mismo 8%, Asia Pacífico ha aumentado a 19%. Los efectos “contagio” han sido comunes, actualmente vivimos el más reciente, estamos contagiados por el socialismo del siglo XXI de Chávez.
Para Edwards, las debilidades más grandes en América Latina son: baja tasa de inversión, reducida acumulación del capital humano, pésima calidad de las instituciones, deficiente educación e ineficiente burocracia. Edwards comenta que en los concursos internacionales de matemáticas, los estudiantes de secundaria de nuestros países ocupan los últimos puestos, los estudiantes asiáticos están entre los primeros. En la lista de las 200 universidades más famosas del mundo, publicada por el Times de Londres, no aparece ninguna latinoamericana, en contraste con las de China e India, que sí se encuentran, especialmente las de ciencias e ingeniería.
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