Los mercados emergentes acuden cada vez más a sí mismos para endeudarse
Por David Wessel
The Wall Street Journal
Hace una década, cuando la crisis financiera se esparció desde Tailandia a Indonesia y luego a Corea del Sur, Rusia y Brasil, el hilo conductor era que las economías de los países emergentes habían tomado mucho dinero prestado, en dólares. Las súbitas caídas en sus tasas de cambio incrementaron la carga de sus deudas, medidas en bahts, rupias, wons y reales. Esta situación se tradujo en dolorosos aumentos de impuestos, recortes en el gasto fiscal, tasas de interés más altas y compañías en bancarrota.
La incapacidad de los países emergentes de pedir prestado en los mercados internacionales en sus propias monedas es algo que los economistas Barry Eichengreen, Ricardo Hausmann y Urgo Panizza han denominado “el pecado original”.
Hay muchas cosas que no han cambiado en los últimos 10 años. Pero una cosa que sí lo ha hecho es que los gobiernos y las empresas de los países emergentes se están endeudando cada vez más en sus propias monedas, lo que debería hacer que sus economías sean más estables.
Cuando se desató la crisis de 1997, los gobiernos en los mercados emergentes tenían deudas pendientes por US$786.000 millones denominadas en monedas locales. El año pasado, esa cifra era de US$3,15 billones (un millón de millones), según el Banco Internacional de Pagos, el banco central de los banqueros centrales. En 1997, las empresas en esos países tenían una deuda de US$416.000 millones en moneda local. En 2006 era de US$1,38 billones.
Muchos de esos bonos están en manos de ciudadanos de esos países, que ahorran en la moneda con la cual le pagan sus salarios. Los datos revelan las monedas de la deuda y no la nacionalidad de los tenedores. Pero en los últimos dos años, los inversionistas extranjeros se han vuelto compradores activos de deuda denominada en moneda local. J.P. Morgan Chase ahora cuenta con índices de deuda de mercados emergentes emitida en moneda local. La capitalización de mercado de esa deuda disponible para los inversionistas extranjeros estaba en US$468.000 millones a inicios de este año. Y esa cifra no incluye a China, India ni otros países que tienen controles de capital u otros obstáculos para los compradores extranjeros.
¿Cambio estructural?
¿Por qué ha sucedido esto? ¿Es la redención del pecado original? ¿O sólo es un momento pasajero que se esfumará cuando cambie el ánimo de los mercados financieros?
El hecho de que Polonia y Brasil pueden pedir prestado miles de millones en zlotys y reales refleja una confluencia de fuerzas.
Históricamente, los inversionistas extranjeros temían que los deudores proclives a la inflación simplemente imprimirían más de su propia moneda si tenían problemas para pagar sus deudas. Por eso, los inversionistas insistían en ser pagados en dólares u otra moneda dura. Ese riesgo todavía existe, pero las bajas tasas de inflación alrededor del mundo contribuyen a aminorarlo. Las crisis de hiperinflación que solían provocar fuertes devaluaciones han desaparecido. Y las bajas tasas de interés en muchos países desarrollados han llevado a que los inversionistas globales asuman riesgos mayores con la esperanza de aumentar sus retornos; o de pedir prestado a bajas tasas en países como Japón, para invertir los fondos en países con tasas más altas, como los mercados emergentes.
Al mismo tiempo, los mercados financieros han evolucionado. “El crecimiento de los mercados de derivados y de los canjes de cesación de pagos significa hoy en día que uno se puede proteger mejor en el ámbito internacional contra los riesgos de la tasa de cambio y la cesación de pagos”, dice Vincent Truglia, director de las clasificaciones de riesgo soberano de Moody’s Investors Service.
Otro factor: las economías de los países emergentes son más sólidas. Sus presupuestos fiscales están más equilibrados. Muchos tienen un superávit comercial. Más países tienen tipos de cambio flexibles, lo que reduce su inclinación a crisis económicas. Desde Sudáfrica a Filipinas y México, muchos países emergentes han recomprado deuda denominada en dólares para reemplazarla con bonos en monedas locales. Además, sus empresas son cada vez más exitosas y tienen un mejor manejo de las finanzas globales.
Entre otras cosas, el auge de los fondos de pensiones, empresas aseguradoras y fondos mutuos en América Latina, Europa del Este y Asia ha creado un apetito por bonos en monedas locales. Esta creciente base de inversionistas locales impulsa la demanda y liquidez de esos mercados. Esto, a su vez, hace que los inversionistas extranjeros se sientan más confiados.
Tanto en Wall Street como en los círculos académicos no existe un consenso respecto de si todo esto refleja la bondad de las actuales condiciones económicas globales ni cuán duraderos serán los cambios. “Tal vez el mercado esté algo exuberante”, dice el economista Raghuram Rajan, de la Universidad de Chicago. “Pero hay fundamentos que han ayudado. Cuando el endeudamiento y el financiamiento son fáciles, esos países se ven muy saludables”.
- 18 de mayo, 2012
- 6 de junio, 2011
- 23 de junio, 2013
- 15 de agosto, 2022
Artículo de blog relacionados
Por Javier Monjas Dario de América Dada su actualidad y relevacncia, reproducimos la...
21 de mayo, 2008- 16 de julio, 2013
Ante la pregunta de un amigo, alumno de UCA, y genuinamente preocupado por...
4 de abril, 2013El Nuevo Herald La crisis griega es la expresión de un gravísimo problema...
12 de julio, 2015













