La clase media aparece en el Perú
Por Daniel Córdova
El Comercio, Lima
El pasado fin de semana tuve la oportunidad de ir de compras a una tienda por departamentos especializada en artículos para el hogar, recientemente inaugurada en Lima. Bajamos hacia la inmensa superficie plagada de consumidores desde un estacionamiento copado de automóviles de toda marca y antigüedad imaginable. Íbamos transportados por un inmenso ascensor lleno de familias de origen variado, venido en gran proporción de barrios ajenos al tradicional eje residencial San Isidro-Miraflores-Monterrico-La Molina. Gente unida por un mismo objetivo: comprar algo para casa y así mejorar la calidad de su vida cotidiana.
Pudimos así constatar de un vistazo lo que indicadores y encuestas de opinión económica vienen mostrando: empieza a aparecer una clase media en el Perú, un grupo de familias cuyo nivel de ingreso le permite ir más allá de lo esencial y puede acceder a créditos para la compra de bienes de uso duradero, tales como automóvil, lavadora de ropa, vestimenta y muebles de calidad adecuada, además de cierto nivel de diversión y esparcimiento que los grandes centros comerciales suelen ofrecer. Para el caso de Lima, estamos hablando por lo menos de un 50% de las familias, aquellas con ingresos superiores a los US$500 e inferiores a los US$3.500 mensuales.
Las connotaciones de la aparición de una clase media en el Perú, son esenciales para entender nuestro momento económico y político.
En primer lugar, la simple observación de las estadísticas de consumo nos indica que valió la pena insistir en un modelo económico de respeto al equilibrio fiscal, de independencia del manejo monetario, de límites a la actividad empresarial del Estado y de apertura a la economía mundial. En el Perú, a diferencia de otros países de América Latina, el resultado de las recetas del Consenso de Washington aplicadas a inicios de los años 90 ha sido, sin duda, positivo.
En segundo lugar, observar en carne y hueso el ‘boom’ del consumo, nos da una lección sobre la evolución del nivel de vida y su relación con la apertura económica que muchas veces las anteojeras ideológicas y académicas no nos permiten ver en toda su dimensión. En el Perú, la calidad del consumo popular ha mejorado notablemente en los últimos veinte años. Recordemos si no cómo vestíamos, qué comíamos y cómo nos transportábamos a fines de los 90. Recordemos entonces que ahora las importaciones son libres y que es gracias a ellas que la mayoría puede acceder a productos más baratos y de mejor calidad. Recordemos que el crecimiento de las importaciones ha sido superado por el de las exportaciones y que la industria en este contexto de apertura crece mucho más y mejor que cuando se le protegió para intentar desarrollarla.
Bienvenidas, pues, las importaciones baratas de China y del mundo entero que favorecen a los consumidores anónimos del Perú, como aquel grupo que observé comprar el fin de semana pasado. A dichas importaciones se oponen, aquí y en todo el mundo, solo pequeños grupos organizados que hacen presión política para favorecer sus negocios, apelando siempre al argumento de que generan empleo. ¿No vemos acaso cómo crece el empleo y, por ende, la clase media en un contexto de economía abierta al mundo?
Bienvenida también, por último, la inversión extranjera, incluida la de capitales chilenos en industrias y tiendas por departamentos, como la que visité el fin de semana pasado. Nada más absurdo y peligroso que pretender relacionar dicha inversión con una supuesta “invasión chilena similar a la de antes de la Guerra del Pacífico”, como lo hizo hace unos días un demagogo congresista ex alcalde de Lima a propósito de los problemas limítrofes con nuestro vecino del sur.
Existen sin duda miles de problemas que solucionar para seguir avanzando económicamente. Pero quizá el principal es el de la falta de conciencia de la clase política y de la población misma sobre la relación que existe entre la aparición de la clase media en el Perú y nuestra apertura a la globalización, entre el desarrollo de la empresa privada y la reducción de la pobreza.
Solo batallando arduamente en el campo de las ideas se evitará el riesgo de caer en manos de políticos como el citado ex alcalde que no dudan en exacerbar las bajas pasiones nacionalistas para ganar espacio político, poniendo en riesgo un modelo económico que beneficia a la mayoría de peruanos.
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