¿Tiempos de cambio en el Banco Mundial?
Por Greg Hitt
WSJ
A medida que Paul Wolfowitz se aferra a la presidencia del Banco Mundial, su caso ha reabierto una insistente pregunta: ¿Debe Estados Unidos seguir escogiendo al presidente del banco y darle el cargo a uno de sus ciudadanos?
Para los críticos, la accidentada gestión de Wolfowitz resalta la necesidad de un proceso de selección más abierto que refleje los grandes cambios ocurridos en el mundo desde la creación del banco, después del fin de la Segunda Guerra Mundial
“Ésta debería ser la gota que derrame el vaso de este sistema”, afirma Nancy Birdsall, presidenta del Centro para el Desarrollo Global, un influyente grupo antipobreza en Washington. Si Wolfowitz hubiera sido elegido a través de un proceso diseñado para escoger al mejor candidato, habría tenido el “gran beneficio de una mayor legitimidad y más apoyo”, dice Birdsall, quien está entre los que piden su renuncia.
Si el proceso de selección no cambia, la controversia suscitada por Wolfowitz obligará a un escrutinio de las credenciales y la personalidad de su sucesor, en caso de que se necesite uno pronto. “Si Bush no actúa rápidamente para reemplazar a Wolfowitz con un candidato mucho más confiable —quizás uno que no sea estadounidense— EE.UU. corre el riesgo de perder cualquier vestigio de control sobre el cargo”, opina Ken Rogoff de la Universidad de Harvard, quien fue economista jefe del Fondo Monetario Internacional, la institución hermana del Banco Mundial.
Por ahora, Wolfowitz insiste en que se queda. Ha prometido cambiar su estilo de gestión mientras se enfrenta a la junta del banco, la cual delibera sobre su participación en la asignación del salario de su novia. Esta semana, Wolfowitz rechazó una petición para comparecer ante un comité especial de la junta, argumentando que necesitaba más tiempo para prepararse. También se quejó de que el panel no permitiera que su abogado participe.
El presidente de EE.UU., George W. Bush, no ha mostrado señales de retirar su apoyo a Wolfowitz. Las críticas internacionales a Wolfowitz empezaron con su nominación debido a su cargo como vicesecretario de Defensa, a su papel como arquitecto de la invasión estadounidense a Irak y a su imagen como símbolo del unilateralismo estadounidense. Ahora, el escándalo sobre el salario de su novia se ha ampliado para incluir críticas a su estilo de gestión, a su credibilidad como un combatiente de la corrupción y al gobierno del banco que ha estado bajo su mando desde 2005.
Funcionarios actuales y antiguos del Banco Mundial están pidiendo su renuncia, al igual que el Parlamento Europeo.Técnicamente, el presidente del Banco Mundial es designado por una junta de 24 miembros que representa a los 185 países dueños del banco. EE.UU., con una participación de capital de 16%, tiene el mayor poder de voto y, por tradición, siempre ha seleccionado al principal ejecutivo de la entidad. El mismo acuerdo le da a los europeos el poder de elegir al director del FMI, lo cual da razones a Europa para dudar en brindar su apoyo a un cambio en la tradición del Banco Mundial. Aun así, la práctica ha creado resentimiento entre los países asiáticos que han ganado poder económico y entre los países pobres que reciben financiación.
Si Wolfowitz renuncia, voluntariamente o de otra forma, EE.UU. podría elegir a un estadounidense más popular en otros países. Esa persona podría ser Stanley Fischer, oriundo de Zambia pero nacionalizado estadounidense, que trabajó como economista jefe del Banco Mundial y que ahora está al frente del banco central de Israel.Otras posibilidades estadounidenses incluyen a los ex congresistas Jim Leach y Richard Lugar. El nombre de Bill Clinton se escucha de cuando en cuando, aunque es poco probable que Bush lo elija.
Si EE.UU. retiene el privilegio de nombrar al próximo presidente pero optar por uno que no sea estadounidense, podría elegir a Ashraf Ghani, a quien se le atribuye la reforma de la economía afgana, después de que EE.UU. derrocara al Talibán en 2001. Otra posibilidad sería Trevor Manuel, el ministro de Finanzas de Sudáfrica y ex presidente del Comité de Desarrollo del banco. El primer ministro inglés Tony Blair, quién está a punto de terminar su mandato, también ha sido mencionado.
El legado de Wolfowitz, si se retira antes de completar su mandato de cinco años, podría marcar el final de una tradición y abrir las puertas a un proceso de elección de candidatos más transparente, en el que no importe su nacionalidad. “Entre más se demore Wolfowitz en renunciar o ser despedido, será más probable que el resto del mundo obligue a EE.UU. a aceptar un método más sensible para elegir al próximo presidente del Banco Mundial”, escribió el economista de Harvard Dani Rodrik en su blog. Si eso sucede, Rodrik dice que “apoyará a Kemal Dervis”, el economista turco y ex funcionario del Banco Mundial que hoy dirige el programa de Desarrollo de la ONU.
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