Gracias a Jackie Robinson
Por Guillermo I. Martínez
Diario Las Americas
(Puede verse también Espíritus afines, héroes humildes: Branch Rickey y William Wilberforce)
Con la hermosa y emocionante celebración, efectuada el domingo pasado, del 60 aniversario de la irrupción de Jackie Robinson en las Grandes Ligas, rompiendo barreras raciales, espero que haya espacio para consignar el agradecimiento de los Cubanoamericanos al inmenso legado del legendario atleta.
El béisbol en Cuba, las Ligas Negras de Estados Unidos y las Grandes Ligas están entrelazados a través de la historia. La contribución de Robinson con sus gestas deportivas tuvieron un impacto entre muchos jugadores cubanos y latinoamericanos ayer y hoy.
Las ceremonias del domingo trajeron a mi memoria historias que solía contarme mi padre cuando yo era pequeño. Hablaba de peloteros negros -cubanos y norteamericanos- que él había visto en Cuba. Todas eran batallas épicas entre lanzadores legendarios y bateadores contundentes.
Fue entonces cuando oí que Babe Ruth había jugado en Cuba y que había sido superado por un lanzador cubano negro. También oí la historia de un jugador cubano, de raza negra, que le pegó tan fuerte a la bola que la esfera aún no ha regresado a la tierra.
Por supuesto que todas estas historias eran magnificadas por la imaginación febril de un chico que se sabía de memoria la alineación del equipo de Los Medias Rojas de Boston, en 1948. Con el devenir del tiempo, ese chiquillo descubrió que sus exageradas memorias estaban basadas en hechos reconocidos por las Grandes Ligas.
Los mismos documentos oficiales del “Salón de la Fama” de las Grandes Ligas confirman el aporte de estos atletas que jugaban cuando la segregación racial imperaba en el deporte.
El año pasado, fueron incorporados al “Salón de la Fama” doce jugadores y cinco dirigentes de las Ligas Negras. Tres de ellos, eran cubanos.
Cristóbal Torriente, según la biografía que reposa en el “Salón de la Fama” fue un “bateador zurdo que alcanzó cotas de excelencia en Cuba y en las Ligas Negras……jugando para los Gigantes Americanos de Chicago desde 1918 hasta 1925, llevando al equipo a ganar tres títulos de la Liga Nacional. Posiblemente, el momento de gloria de Torriente ocurrió durante el invierno de 1920, cuando superó a Babe Ruth, integrante de los Gigantes de Nueva York, en una serie de nueve juegos en Cuba”.
José Mendez, conocido como “El Diamante Negro” “se destacó por esos lanzamientos relampagueantes y esas curvas imposibles de batear.”
Alex Pompez era dueño de los Cuban Stars de La Liga de Color del Este y, posteriormente, de los New York Cubans de La Liga Negra Nacional. Después de la integración racial en el baseball, ayudó a los Gigantes de San Francisco a firmar a jugadores de la talla de Orlando Cepeda, Juan Marichal y los hermanos Alou.
Con anterioridad ya otros 18 peloteros negros habían sido ya incorporados al Salón de la Fama. Uno de ellos, Martín Dihigo fue, probablemente el mejor jugador que vino de Cuba.
Su placa, en el “Salón de la Fama” dice: “Uno de las estrellas negras más versátiles. Jugó en verano e invierno la mayor parte de su carrera. Registró más de 260 victorias como lanzador. Cuando no estaba en el montículo, jugó como jardinero o en el cuadro, normalmente el promedio de .300 al bate”.
Todo esto ocurrió antes de que Jackie Robinson hiciera posible la integración racial en el béisbol.
Pero otro jugador cubano de raza negra, Orestes “Minnie” Miñoso, que jugó en las mismas épocas que Robinson en las Ligas Negras, fue uno de primeros peloteros negros latinoamericanos en seguir los pasos de Robinson en las Grandes Ligas.
Debutó en 1949, con los Indios de Cleveland, dos años después de que Robinson hiciera añicos las barreras raciales. Fue la sensación como novato del año, bateando .326 con 173 hits. Su biografía, en La Liga de Jugadores Negros dice: “En una cuestionable decisión, los cronistas deportivos otorgaron la distinción de Novato del Año al integrante de los Yankees Gil Mc Dougal, un hombre con estadísticas inferiores a Miñoso”. En su carrera en las Ligas Mayores, Minoso tuvo un promedio de bateo de .298 con 1.962 hits. Después de sus años en las Ligas Negras.
Hoy día, cuando el país rinde homenaje a Robinson por sus habilidades y su indómito carácter y nobleza para resistir con altura las ofensas y los insultos de una sociedad racista, se resalta el hecho de que los los jugadores Afroamericanos representan menos del diez por ciento en las Ligas Mayores.
Pero no cuentan a las docenas de jugadores Latinos de descendencia africana que siguieron los pasos de Robinson. Hoy ellos representan un buen porcentaje de los jugadores profesionales. Ellos también tienen
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