Uruguay – Teletrabajo: “un TLC con el mundo”
Por Hugo Carro
BBC Mundo
Montevideo – Planchas a carbón, piedras y hasta pingüinos embalsamados. Son algunos de los objetos vendidos en internet por uruguayos, que crecientemente están encontrando en la red un salvavidas ante el desempleo y un mercado sin límites.
Y es que gracias a la red, más y más uruguayos están descubriendo no sólo que ya no viven en un mercado de apenas tres millones de personas, sino que pueden encontrar compradores para objetos que en Uruguay pocos les comprarían.
Cada año ingresan a Uruguay US$190 millones por ventas o servicios por la red al exterior, más de lo recibe el país por exportación de software (US$ 120 millones), según un estudio de la consultora Radar, encargado por la empresa Netgate, que dicta talleres de teletrabajo.
El mismo estudio señala que en Uruguay hay más de 96.000 teletrabajadores, de los cuales 21.000 trabajan exclusivamente para el exterior. El ingreso promedio es de US$740 al mes.
Mandíbulas de tiburón
Manuel Pouso, de 33 años, es uno de los uruguayos que trabaja por internet. Hace tres años se quedó sin trabajo, como el 20% de los uruguayos. Pero a diferencia de otros, empezó a vender en la red.
“He vendido de todo. Hasta pingüinos embalsamados por U$S1.050 cada uno, por eBay.com y otros sitios”, dijo a la BBC Pouso, quien hoy vive exclusivamente de sus negocios en la red.
Sus productos, que incluyen también carpinchos, comadrejas embalsamadas y mandíbulas de tiburón, han ido a parar a más de 40 países, incluyendo Estados Unidos, países europeos, Singapur y Japón.
“Vivir acá y ganar allá”
Wilson Santurio, quien dicta los talleres de teletrabajo y acuñó el término ‘currículum digitae’, asegura que en este negocio “no hay barreras y el mercado es el mundo”.
Las posibilidades son ilimitadas: se estima que eBay, por ejemplo, tiene 115 millones de usuarios en el mundo, de los cuales más de 430.000 viven de sus ingresos en el sitio de subastas.
Santurio recordó que por el 2002 en Buenos Aires, luego de haberse desprendido de varias cosas de valor, hablaba de trabajo con un primo y, de pronto, la abuela de aquel de más de 80 años que los escuchaba trajo su plancha a carbón para que la vendieran.
La pusieron en venta en internet en unos 3 dólares, que de inmediato se hicieron 150 y la terminaron vendiendo en US$500.
Aquella venta no sólo hizo llorar a la abuela, sino que convenció a Santurio del potencial de un negocio redondo, que él define como “un TLC (Tratado de Libre Comercio) personal con el mundo”.
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