El peligro de oir sólo lo que nos gusta escuchar
Por Jonathan Clements
The Wall Stree Journal
Dígame si tengo razón.
Como inversionistas, enfrentamos un mundo de incertidumbre, incluyendo fluctuaciones en la tasa de inflación, los vaivenes de los mercados y modificaciones a la ley tributaria. Para empeorar las cosas, podríamos vernos obligados a vender nuestras inversiones rápidamente si perdemos nuestro empleo o afrontamos gastos imprevistos.
No es placentero vivir así. Entonces, ¿qué hacemos? Buscamos evidencia que confirme nuestras creencias, especialmente en años turbulentos para los mercados, como el actual. Sin embargo, está búsqueda nos puede llevar por el mal camino.
Evidencia abrumadora
En juego está un fenómeno de comportamiento conocido como prejuicio de confirmación (confirmation bias). Nos gusta considerarnos observadores racionales del mundo, capaces de sopesar los datos y alcanzar conclusiones bien razonadas.
Sin embargo, todos tenemos nuestras propias creencias y nos aferramos a información parcial para sustentarlas, al tiempo que nos negamos a reconocer la evidencia que nos contradice. “El prejuicio de confirmación es tan dominante que afecta a la gente sin que se dé cuenta”, señala Meir Statman, profesor de finanzas de la Universidad de Santa Clara, en California.
¿Cree que es inmune a este mal? Yo, por ejemplo, creo que a través de esta columna ofrezco ideas financieras brillantes escritas en una prosa sin igual, pero no soy Warren Buffett ni Charles Dickens. Promuevo una gama limitada de ideas prosaicas. Peor aún, regreso a ellas con demasiada frecuencia.
Entonces, ¿por qué alguien lee columnas de finanzas personales? No lo hace simplemente porque abren sus ojos al mundo financiero, sino porque confirman lo que el lector ya cree. No hay nada de malo en eso, siempre y cuando la verdad esté de nuestro lado. ¿Pero qué pasa si nos equivocamos?
Es difícil imaginarse que puede haber algo de malo en ahorrar diligentemente, mantener los costos de la inversión bajos y apostar a acciones de largo plazo. Sin embargo, tal vez estemos dependiendo de supuestos que resultarán errados.
Supongamos que la historia termine siendo un pésima guía del futuro, por lo que los retornos bursátiles estarán muy lejos de satisfacer nuestras expectativas. Esta probabilidad no es del todo descabellada.
Las bolsas estadounidense registran un historial de retornos impresionantes. Pero es una historia contada por los ganadores. Las bolsas de otros países no han tenido un desempeño tan estelar en el último siglo y algunas se cerraron por largos períodos debido a guerras o crisis políticas.
Tampoco es seguro que las acciones estadounidenses vayan a repetir su desempeño histórico. No estoy insinuando que deba deshacerse de las acciones que cotizan en EE.UU. Al contrario, creo que debemos aceptar que existe una gran incertidumbre y que nuestra mejor defensa es evitar las grandes apuestas. En su lugar, deberíamos repartir nuestro dinero en una amplia variedad de mercados de renta variable y renta fija.
Las grandes apuestas pueden dañar seriamente nuestras finanzas, y es ahí donde el prejuicio de confirmación es más peligroso.
Imaginemos que se convence de que se avecinan tiempos difíciles para el mercado bursátil y vende todas sus acciones. Luego comete un error aún mayor, que es contárselo a alguien. Ahora no sólo su dinero está en juego sino también su ego, y no hay vuelta atrás.
Profundo desconocimiento
Por otra parte, invertir un poco de su ego no es tan mala idea. Si va mantener su portafolio inalterable durante las turbulencias bursátiles, deberá asumir un compromiso inquebrantable. Mi consejo es que desarrolle un sentido de convicción acerca de su profundo desconocimiento.
He cubierto finanzas personales por dos décadas y nunca ha dejado de asombrarme lo poco que conozco. Soy incapaz de predecir, con algún grado de certeza, la dirección de los precios de las acciones o las tasas de interés en el próximo año o incluso en los próximos cinco años.
No creo que otros puedan hacerlo mucho mejor. Predecir la dirección de los mercados es imposible, en parte porque cosas extraordinarias pasan con una frecuencia alarmante. Basta con echar un vistazo a los últimos 20 años.
El Promedio Industrial Dow Jones se derrumbó un 22,6% en un sólo día en 1987. El comunismo colapsó. Estados Unidos entró en guerra con Saddam Hussein, no una, sino dos veces. Terroristas destruyeron las Torres Gemelas. El índice Standard & Poor’s 500 subió más de 20% en cinco años consecutivos a finales de la década de los 90, para luego sufrir tres años de pérdidas devastadoras.
Enfrentados con este tipo de incertidumbre y nuestro propio desconocimiento, tiene sentido concentrarse en controlar las cosas que en verdad podemos manejar. Mantenga los costos de inversión bajos. Diversifique su portafolio para reducir el riesgo. Minimice sus impuestos. Ahorre lo que más pueda.
Puede que esto no suene muy emocionante, aunque podría ser significativamente rentable.
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