‘La migra’ llega al amanecer
Eduardo Stanley
La Opinión
FRESNO.— Los golpes en la puerta a las 6:00 de la mañana no son inusuales en casa de campesinos. A esa hora ya empezó el día. Por ejemplo, es cuando el “raitero” pasa a buscar a los trabajadores para llevarlos a los campos de trabajo. Por eso la niña abrió la puerta, pero de inmediato seis agentes irrumpieron preguntando por un nombre. La niña indicó el cuarto.
Dijeron ser agentes de Libertad Condicional (parole), pero algunos llevaban camisas con las siglas ICE (Immigration and Custom Enforcement, tradicionalmente conocida como “la migra”). Arrestaron de inmediato a aquel por quien preguntaron. Luego entraron a los demás cuartos y arrestaron a dos hombres más. Estos últimos fueron deportados a Tijuana. Ocurrió el martes 3 de abril en Madera, ciudad de 50 mil habitantes, ubicada a unos 30 kilómetros al norte de Fresno.
“Les dije que mi padre no tenía problemas con la ley, pero me respondieron que no importaba, y que me fuera a mi cuarto enseguida”, dijo Leticia Fernández, de 13 años. “Sólo uno de ellos hablaba español, pero conmigo lo hicieron en inglés”. Poco importa el idioma, porque los arrestados son de origen triqui, indígenas de Oaxaca, y apenas hablan un poco de español.
El operativo duró media hora. Afuera de la casa que comparten tres familias, otros carros oficiales bloqueaban la calle.
“Mi hermanito, de 2 años, se quedó viendo a papá esposado. Ahora, cuando ve algo así en la tele, dice ‘¡papi!’”. Leticia, que habla tres idiomas, nació en Oregon, adonde sus padres viajaban temporalmente por trabajo, siguiendo las cosechas. Tiene otra hermana y dos hermanos.
En la casa donde las familias comparten la renta quedaron tres esposas con sus hijos, trece niños en total que juegan y hablan alrededor de las mujeres, y ellas miran hacia la puerta con desconfianza. “Apenas la semana próxima iban a empezar a trabajar”, comenta Leticia, refiriéndose a los arrestados. “Mi madre dice que ya no tenemos dinero de reserva”, traduce.
Aquel mismo día, el ICE realizó otros operativos similares en la misma Madera. “Creemos que arrestaron a unos 25 hombres”, dijo Rosa López, residente de esa ciudad. En todos los casos, la técnica fue igual: preguntar por alguien que está en libertad condicional o con orden de arresto, para de paso llevarse y deportar a todos los hombres que comparten la casa, habitualmente familiares. Son los llamados “arrestos colaterales”.
De acuerdo con un reporte de la agencia de noticias Associated Press del 5 de abril, de los 18 mil indocumentados arrestados desde que se inició el operativo Return to Sender (Regresar al Remitente) en mayo de 2006, casi las dos terceras partes son “arrestos colaterales”.
No parece ser una casualidad. “Eso es más bien una excusa”, dice Salvador Fernández, de Madera, familiar de Leticia y quien ahora visita periódicamente la casa para hacerles compañía.
Durante una redada en la ciudad de Mendota, de nueve mil habitantes, 50 kilómetros al oeste de Fresno, el pasado 7 de febrero y que resultó en 200 arrestos, también fueron deportadas varias mujeres.
Los testimonios dramáticos sobre la separación de sus hijos, generaron un sentimiento general de rechazo a las redadas que resultó en la aprobación de una resolución de condena por parte de las autoridades municipales.
“Al principio [los agentes de migración] iban a los lugares de trabajo, como los frigoríficos, pero ahora van a las casas”, dijo Myrna Martínez Nateras, directora del Instituto Pan Valley, de Fresno. “Ellos saben que por razones económicas, muchas familias comparten casas”. El efecto es devastador para las familias, y no sólo por razones económicas. “Como el trabajo del campo apenas está empezando, las familias tienen poco o nada de dinero disponible. Además, las mujeres y los niños quedan traumatizados”, asegura López. Y agrega que ahora muchos no quieren salir a la calle.
“Me parece una extraña coincidencia que este operativo empezó después de las primeras marchas de 2006”, comenta Martínez Nateras. “Sin duda es por presiones políticas”. Pero la sorpresa es que a pesar del acalorado debate migratorio por parte de las organizaciones defensoras de los derechos de los inmigrantes, la respuesta ante las redadas ha sido casi nula. “Estas familias necesitan ayuda”, dice López.
Para Martínez Nateras, el Consulado General de México debería ser más enérgico y exigir al menos que los arrestados conozcan sus derechos y sean alojados en cárceles cerca de sus familias. “No, no pidieron papeles”, confirmó Leticia al narrar el arresto de su padre.
Un grupo de residentes se movilizó en apoyo a las familias. El jueves 5 de abril organizaron una reunión domiciliaria en Madera para explicar los derechos individuales y se contó con un traductor triqui. “Varios jóvenes repartieron volantes con esa información y estamos buscando ayudar con comida”, explicó López. “Me siento impotente, quisiera hacer más, quisiera que las organizaciones apoyen a las madres y a sus hijos que quedaron solos”.
Durante la reunión, las mujeres, nerviosas, hacían preguntas. Leticia miraba y miraba a su madre en silencio.
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